
La pasada semana comentábamos el estado de cierto abandono, al menos así lo parece, a su suerte húmeda de monumentos e insignes edificios salmantinos. Cuando menos se muestra desinterés sobre su estado y, desde luego, pereza en la toma de decisiones con las que corregir, y evitar, su deterioro. Las circunstancias lo hacen coincidir con un notable acto con presencia real y presidencial, italiana, en edificios universitarios. Alguno de los señalados entonces aparece de fondo en fotos de los ilustres visitantes con autoridades y doctores de la 8 veces centenaria Universidad.

Para remate pasean por alguna de nuestras más notables calles y plazas, la promoción turística de la ciudad es impagable. Pero el paso por la vía con más afluencia habitual de visitantes, la Rúa Mayor, evidencia otra vez la incuria urbanística de la misma. Desde hace décadas hay dos grandes edificios, en realidad uno es pura fachada, evidentemente abandonados. Aunque la nueva plaga de viviendas de uso turístico revertirá esa situación en el desaparecido Hotel Universal. El otro cercano a la Catedral, con yacimiento arqueológico incluido, seguirá manteniendo su enigma.

En estas, por fin el Ayuntamiento afronta la solución a una vieja demanda de conductores de autobuses urbanos, la dotación de baños en cabeceras de líneas. Realmente hace algún tiempo se instalaron los tres primeros y ahora van otros cinco, uno de ellos en la Plaza de San Julián. Desde luego esta ubicación es estratégica, cabecera de la Línea 2 y junto a ella discurren otras muchas. Una digresión aprovechando la mención a esa Línea 2, ¿por qué no se alarga hasta Los Alcaldes dotándole así del muy necesario acceso al centro?, algo también anhelado en Huerta Otea.

Volviendo al tema, el Consistorio (¿Y la Comisión de Patrimonio?) coloca el urinario privativo junto a la Casa de las Viejas, o Filmoteca Regional. Según el “Catálogo de edificios de interés y elementos protegidos” del vigente Plan General de Ordenación Urbana, es un edificio barroco del siglo XVII con Protección Integral. La plaza es magistral epítome del respeto salmantino por su herencia urbanística, en parte porticada antes de la Gran Vía. Su ficha anota en su Grado de interés urbano: “Contribuye a mantener algún carácter en un espacio histórico totalmente alterado”.

Desde luego, como hemos comentado más veces, sensibilidad al cuidar el patrimonio y el paisaje urbano no es una característica muy definitoria de nuestros longevos munícipes gobernantes. Ciertamente en esta plaza, fuera del edificio afectado y la cercana iglesia de raíz románica y dimensiones barrocas junto a algún otro breve edificio, es difícil encontrar sabor histórico. Su extraordinaria revitalización tras la peatonalización de su conexión con el entorno de la Plaza Mayor, Obispo Jarrín, lo vuelve más lamentable. Aunque quizás solo buscan rematarla.

Alterar espacios de gran valor es una querencia muy municipal. Existe algún otro desafortunado ejemplo permanente como la Plaza de Santa Eulalia. Transitoriamente, con tendencia a la habitualidad, es demasiado frecuente. La Plaza Mayor acumula un largo historial, no obstante todo apunta que la próxima Feria del Libro al menos omitirá el superfluo salón de actos provisional. La Plaza de Anaya es reciente objetivo de ese cariño por ocupar espacio público con instalaciones cuando menos inadecuadas. Alguna vez convendrán en resolver esto más adecuadamente.

Los contenedores de basura, incluidos los de quita y pon, tampoco suelen acertar al posicionarse en calles del centro histórico. Entiendo la dificultad en muchos casos. Pero su provisionalidad acostumbra a coincidir bastantes veces con vías llenas de gente y terrazas a rebosar (otro elemento discutible para muchos). Indudablemente el catálogo puede ser largo, y a veces complicado de corregir. Pero sería deseable un mayor esfuerzo, evitando situaciones tan groseras como las comentadas. Claro que no recuerdo encontrar debates de este tipo en campañas electorales.

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