Todavía suena el sonido de las campanas llamando a los católicos a misa. Un sonido que se escucha y que trae paz a una mañana de marzo. No somos musulmanes, ni judíos, ni judeocristianos somos católicos.
Este fin de semana algunos políticos y partidos han ido a parar al basurero de la historia de donde no tenían que haber salido. Otros siguen ahí defendiendo la corrupción, las fronteras abiertas, es descrédito internacional y el ataque a las libertades. Niños sin calle que viven de la política como un partido fútbol porque su futuro pasa por vivir de la política. Una tercera parte de los españoles parece que veranea o aspira a vivir en Sto. Domingo. Que alguien nos lo explique.
Llevar muchos años de inquilino en una vivienda no le convierten en propietario de dicha vivienda. El propietario tiene derecho a recuperarla y no es un malvado especulador por hacerlo. Debería estar claro para todos socialmente. Lo de la subida del petróleo y fertilizantes se va a quedar en un chiste al lado de la crisis de crédito que se avecina. Salarios paupérrimos hundidos además de por la invasión migratoria y unos gastos en las empresas disparados. El drama de España se va a disparar. Cuando la corrupción y el mal gobierno se tolera se convierte en una enfermedad colectiva.
El gobierno de la memoria distraída y la honestidad de vacaciones sigue recaudando y haciendo caja como la orquesta del Titanic. La situación es dramática en todas las parcelas de la economía, campo y transporte principalmente. Sufrimos subidas diarias de la cesta de la compra. El cuarenta por ciento en 6 años. La inflación de febrero sin la guerra ya subió un 2,3 por ciento.
Adiós a las sanciones al petróleo de Rusia en EEUU mientras que la UE ha demostrado que es la organización internacional más estúpida de la historia, cambiando de opinión un día sí y otro también. Lo solucionamos todo con decir “no a la guerra”. Tranquilos que en la UE con los tapones de las botellas y los platos y las pajitas de cartón estamos protegidos. Cuando vayamos a la gasolinera, a poner la calefacción y utilicemos la luz nos harán descuento porque somos ecológicos y sostenibles.
Europa ha asumido como hecho consumado su rendición moral, política y cultural. Somos la vergüenza de quién no se cree ejemplo de nada. La raíz de todo está en este multiculturalismo relativista de quien ha querido ver en la renuncia y el desarraigo una virtud de progreso. En el empeño de negar los valores universales, católicos en su más profunda etimología, nuestro continente se ha vaciado de la identidad que le otorgó la fuerza. Quién no sabe quién es, solo puede esperar que se lo impongan desde fuera. Esa renuncia voluntaria a ser el faro de la civilización ha dejado el camino libre a un servilismo político, militar, social y energético que nos conduce al abismo. Nos hemos convertido en un continente administrado por burócratas sin alma y custodios de un corrupto observatorio. Somos animales de una granja tributaria.
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