Hablamos de bandas latinas como los Latin Kings surgida en Estados Unidos, Ñetas original de Puerto Rico, Dominican Don´t Play (DDP) o Trinitarios también de origen dominicano.
Normalmente captan a los jóvenes con procesos de acercamiento gradual, en el instituto, en el barrio, en parques o en redes sociales. Ofrecen pertenencia a un grupo, algo que puede atraer a jóvenes que se siente solos o poco valorados.
Sienten protección, seguridad o respeto. Usan símbolos, colores, nombres, saludos o gestos. Crean una identidad fuerte. A veces ponen pruebas o “ritos de iniciación”, aguantar golpes, encargos de peleas que incluso pueden llegar a asesinatos como el que cometió un niño de Valladolid con trece años. Después que sus padres innumerables veces hubieran pedido ayuda a las administraciones.
A la Casa Escuela Santiago Uno llegan por medidas judiciales . Durante la medida consiguen hábitos de estudio, una formación profesional que como mínimo les da la ESO, viajan, hacen deporte , participan de la escuela de circo y cine, …
Pretendemos que sustituyan una tribu afectiva y protectora por otra. También usamos símbolos y redefinimos los sueños. Incluso se podría decir que pretendemos redefinir los tatuajes. Mediar en las peleas emocionales. Un proyecto integral ecosocial a su servicio.
El problema es que acaban la medida judicial y a veces no han acabado estudios. Vuelven al mismo barrio, con la misma familia vulnerable. Quizá vuelvan a necesitar la protección de la banda, incluso para pagar un alquiler familiar.
Cuando cumplen la mayoría de edad los acogemos en un piso de emancipación donde les pagamos el alquiler y les acompañamos en la búsqueda de trabajo, incluso les contratamos en nuestra empresa de inserción. Pero hay más demanda que oferta, por eso nos planteamos buscar recursos en la responsabilidad social de grandes empresas, intentar conseguir donaciones.
Siguen necesitando acompañamiento para reinventarse, recuperar autoestima y una cierta estabilidad emocional. La sociedad y las empresas pueden conseguir buenos trabajadores, cambiamos problemas por soluciones.
Es habitual sensibilizarse con niños con cáncer . Ver las sillas de ruedas invisibles de estos jóvenes con trastorno por estrés postraumático está al alcance de unos pocos privilegiados como los educadores.
Para disminuir el recurso a la violencia en estos grupos hace falta mucho más que eslóganes políticos o moralistas. Tenemos que traspasar lo obvio y acompañarlos.
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