El museo Carmus custodia una valiosa colección de piezas históricas de la canonización de Santa Teresa de Jesús celebrada el 12 de marzo de 1622.
El 12 de marzo de 1622 marcó un hito en la historia eclesiástica con la celebración de la conocida como quíntuple canonización. Durante aquella jornada, el Vaticano elevó a los altares a Santa Teresa de Jesús, San Isidro Labrador, San Francisco Javier y San Ignacio de Loyola, junto al italiano San Felipe Neri.
El proceso se había iniciado décadas atrás, cuando en 1563 España solicitó formalmente el reconocimiento de Isidro Labrador, patrón de la recién designada capital del reino. A esta petición original, el sumo pontífice decidió sumar cuatro beatos adicionales, incorporando así nuevos nombres ilustres al catálogo de los santos españoles.
En la actualidad, el museo Carmus, situado en el monasterio de la Anunciación de Alba de Tormes, actúa como custodio de este importante legado. Las instalaciones conservan las piezas más representativas de aquel momento histórico, permitiendo a los visitantes acercarse a los detalles de la ceremonia romana.
Una de las obras centrales de la exposición es una pintura que retrata a los principales impulsores del proceso. El protagonismo visual recae sobre el papa Gregorio XV y su sobrino, el cardenal y arzobispo de Bolonia Ludovico Ludovisi, quien ejerció como procurador de las causas y maestro de ceremonias.
El pontífice aparece representado bajo un dosel en lo alto de una grada, ataviado con la tiara pontificia y capa pluvial, mientras sostiene el pergamino oficial. A sus pies se sitúa Ludovisi, rodeado por miembros de la curia vaticana y la nobleza española, junto a los Padres Carmelitas Descalzos que portan el estandarte de la nueva santa.

El recinto museístico alberga la denominada "casulla de la canonización", también conocida como "del calzón del duque". Esta vestimenta litúrgica fue confeccionada por las propias Carmelitas Descalzas de Alba de Tormes utilizando el tejido del traje que vistió don Antonio Álvarez de Toledo, quinto duque de Alba, durante la ceremonia en Roma.
Junto a esta pieza destaca el estandarte original que estuvo presente en el Vaticano y que, durante siglos, colgó del primer arco toral de la iglesia albense. Se trata de una obra bifaz cuya cara principal muestra a Santa Teresa en actitud de oración, inspirada en el famoso retrato de Fray Juan de la Miseria.
La tela presenta a la religiosa con una capa y un velo cubiertos de estrellas doradas. En su base conserva los escudos del Carmelo Calzado y de doña María de Mendoza, esposa del duque de Alba, mientras que en el reverso se añadió posteriormente el blasón de la casa ducal.
El reconocimiento oficial respondió a una demanda histórica, ya que en febrero de 1596 el Reino de Castilla había escrito al pontífice solicitando que se sirviese "de la colocar en el número de los gloriosos santos".
El investigador Julián Urquiza destacó en sus estudios que este evento fue "un acontecimiento excepcional, cuya memoria perduraría durante siglos". El experto subrayó que "Teresa se nos presenta como esos santos y esas santas que han sido siempre fuente y origen de renovación en las circunstancias más difíciles de la historia de la Iglesia".
El documento definitivo, la bula de canonización de 1622, también forma parte de la muestra. El texto oficial proclama que "a honra y gloria de Dios y de la individua Trinidad", se determina que la religiosa "se debe poner, asentar y numerar en el catálogo y número de las santas vírgenes".