Los derechos de nuestros menores y jóvenes con discapacidades intelectuales en España: educar en la era del “scroll” con apoyos. Así lo explica en este artículo M. Pilar Samaniego, Presidenta de la fundación FUNDANEED y abogada
En nuestra fundación FUNDANEED defendemos una idea sencilla y exigente: cada menor con discapacidad intelectual tiene derecho a aprender, participar y progresar en igualdad, con los apoyos que necesite. No es “un favor”, ni una “adaptación extra”: es un mandato de derechos humanos y de nuestra propia legislación educativa.
Según la estadística oficial del Ministerio de Educación (curso 2023-2024), 1.131.816 estudiantes recibieron apoyo educativo (el 14,0% del total). De ellos, 292.897 lo recibieron por necesidades educativas especiales asociadas a discapacidad o trastornos graves.
Y dentro de esas necesidades educativas especiales, el Ministerio señala que las categorías más frecuentes incluyen el TEA y la discapacidad intelectual: 66.266 alumnos asociados a discapacidad intelectual en ese curso. Además, el 85,2% del alumnado con necesidades educativas especiales está escolarizado en enseñanzas ordinarias, lo que exige apoyos bien engranados para que la inclusión sea real, no solo estadística.
La Convención de la ONU sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad consagra el derecho a una educación inclusiva y a los apoyos necesarios para hacerla posible (art. 24). En España, la ley educativa vigente (LOMLOE) refuerza el deber de asegurar ajustes razonables y el apoyo necesario para que todo el alumnado acceda a una educación inclusiva en igualdad de condiciones. Y el marco general de derechos de las personas con discapacidad se asienta en el Texto Refundido de la Ley General de Discapacidad.
Pero una cosa es la ley y otra la vida real del aula. Y hoy, además, hay un factor que lo complica todo: la era de la adicción digital y la irrupción de la inteligencia artificial.
La evidencia oficial es clara: en 2023, un 20,5% de estudiantes de 14 a 18 años presenta uso problemático de internet. Y en Europa, la OMS alertó del aumento del uso problemático de redes sociales en adolescentes (del 7% en 2018 al 11% en 2022).
En menores con discapacidad intelectual, el riesgo no es solo “tiempo de pantalla”. Es también:
Si la escuela no entrena habilidades, la pantalla enseña impulsos. Además, la alianza con la familia es crucial, no funciona si el aula va por un lado y el hogar por otro.
El desembarco de la inteligencia artificial en educación, puede ser una aliada (adaptar textos, simplificar instrucciones, apoyar comunicación), con grave riesgo de convertirse en un problema si no cuidamos tres pilares: privacidad, veracidad (la IA puede “inventar”) y autonomía (que el apoyo no sustituya el aprendizaje).
Ese apoyo con conducta positiva, para nuestos hijos con discapacidades intelectuales es vital: no se trata de “corregir” al alumno, sino de comprender y apoyar con un enfoque integral y proactivo para comprender y responder a conductas que preocupan, basado en derechos, autodeterminación, dignidad y calidad de vida: el cambio de conducta llega como consecuencia de mejorar la vida, no como castigo o control.
Un buen apoyo empieza por el entorno: espacios comprensibles, rutinas claras, accesibilidad cognitiva y emocional. Además, un ambiente emocionalmente seguro facilita cognición y aprendizaje.
La prevención antes que la reacción. Menos “llegar tarde” a la crisis y más anticipación: señales tempranas de malestar, reducir prácticas restrictivas de decidir, actuar o moverse.
Trabajo en equipo, con la persona en el centro que promueve confianza y transparencia, y cuidado del círculo de apoyo, evitando retraumatizar.
Todo esto no es “privilegio”: es igualdad efectiva. Para muchas familias de jóvenes con discapacidad intelectual, el horizonte educativo se estrecha demasiado pronto. Por eso es tan valioso contar con centros socio-sanitarios como FUNDANEED.
M. Pilar Samaniego
Presidenta de la fundación FUNDANEED y abogada
