, 22 de marzo de 2026
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¿No quieres tensiones? ¡Entonces créate buenos hábitos!
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¿No quieres tensiones? ¡Entonces créate buenos hábitos!

Publicado 08/03/2026 10:07

Nuestra foto de portada la he creado buscando dos personas, en este caso dos mujeres, que una, la de la derecha, se ha tomado un tiempo de descanso saliendo de la oficina y dedicándole un rato o a sus redes sociales, o quizás, haciendo una nueva agenda para el resto del día en función de las novedades que ha tenido que atender durante la mañana; la de la izquierda, seguramente aprovechando un día en la que hace trabajo remoto y aprovecha a hacer un poco de footing en un parque cercano a su domicilio.

Ambas situaciones son desestresantes y ayudan a que cuando ellas retomen sus tareas lo hagan con otra actitud: lo que llamamos mente positiva.

Sin duda los buenos hábitos son un “desatascador” de tensiones ya que, la manera de cómo “arrancamos” cada día nos define un poco cómo somos.

Esta es la parte superficial de nuestra personalidad que manifestamos, aunque es evidente que, si queremos conocerla a fondo, sí interesa ser conscientes de cuál es la forma en que reaccionamos frente a un problema.

Hay personas que por las mañanas practican footing antes de dirigirse a sus actividades; otras cultivan la oración y la meditación; la gran mayoría tiene algún hábito que les es imprescindible ejercer antes de iniciar su jornada: leer el periódico, aunque sea someramente frente a una tasa de café, escuchar una tertulia de radio, etc. Pero lleven o no los niños al colegio, hay cosas que su mente hace (mejor dicho, se entrena) antes de “ponerla a prueba” un día más en el ejercicio de sus tareas y responsabilidades.

Se puede creer que determinados hábitos que uno tiene en realidad no son rituales. Esto es discutible, ya que, por ejemplo, hace unos años una investigación científica de la British Psychological Society Researh Digest ya afirmaba que “algunos rituales pueden ayudarle incluso a los que no creen en ello, a gestionar (eliminar) la negatividad”

Peter Bregman en su libro “18 minutes: find your focus, master distraction, and get the right things done” (18 minutos, encuentre en qué focalizar, distráigase y haga bien lo que tenga que hacer) recomienda un simple hábito que puedes añadir a tu día para mejorar la focalización (elegir bien las prioridades) tanto de tu vida personal como del trabajo.

Este hábito puede ser perfectamente cualquiera que empleemos a fin de buscar una forma más eficaz de hacer las cosas o, simplemente, de hacernos sentir bien con nosotros mismos. Algo así, como que ese hábito nos da cierta seguridad y algunas personas (deberíamos decir la gran mayoría), cuando lo omiten un determinado día, ya les preocupa el devenir de esa jornada.

¡Cuidado! Una cosa es sentirse cómodo con ese hábito que ejercitas diariamente y que te está preparando para la “lucha” diaria y otra cosa muy distinta es, que te obsesiones con su práctica creyendo que si no lo haces las cosas te van a salir mal. Esta derivada entra en el terreno de la superstición, lo que no es para nada bueno para tu “higiene mental”. Mejor es creer en causalidades y no en casualidades.

Bregman explica qué es lo que debes hacer por la mañana (previo a toda tu actividad), pero resulta de interés práctico la observación que hace en cómo debes gestionar tu tiempo, porque cuando una tarea o determinada cuestión aparece en tu lista durante tres días, es preciso darle nueva agenda o sencillamente quitarla.

Pero creemos que mejor que elaborar una lista - materialmente hablando, coger papel y tomar nota- es hacer un buen ejercicio de reflexión, por ejemplo, mientras caminas y ejercitas la respiración profunda poniendo en orden las ideas. Todas las que te van saliendo de tu mente referidas tanto al día que tienes por delante, como a otras cuestiones que no puedes quitar de tus pensamientos (que con frecuencia te agobian), tales como eventos o proyectos en los que estás trabajando, o simplemente una preocupación personal derivado de la educación de tus hijos, etc. Digamos, que tu cerebro está priorizando y elaborando tu agenda.

Bregman cree que a este “proceso ritual” de las mañanas debes dedicarle cinco minutos. Cuestión con la cual no estamos para nada de acuerdo, porque esto dependerá de cada persona, circunstancias, etc. Para algunas cinco minutos puede ser suficiente y para otras no ayudarle en nada. Creemos (convencimiento absoluto) que lo que una persona debe hacer es sencillamente tomarse un respiro, comentar en silencio consigo mismo lo que le depara el día (una reunión complicada, un problema con un proveedor, etc.) y puede ser detrás de una taza de café o haciendo marcha forzada. No hay ni cinco minutos ni ningún otro valor que pueda encajar y ajustarse bien a la forma de ser y momento que atraviesa cada persona.

Bregman afirma que a media mañana puede hacer un chequeo de cómo estás llevando a cabo tu lista, viendo qué cosas han sido realizadas, cuáles están aún pendientes y sorprende con la sencillez que lo propone: como que hagas sonar tu despertador del reloj cada hora para ver la evolución de tu trabajo. Para esta actividad que vas a ir haciendo reiteradamente, en total Bregman dice que debes dedicarle ocho minutos.

Realmente para personal de base con tareas absolutamente repetitivas y sometidas a un efecto de fatiga física y mental, probablemente la “receta” de Bregman sea adecuada porque esos ocho minutos repartidos en distintos momentos de la mañana y parte de la tarde, en definitiva, también pueden significar un descanso. Pero cuando se trata de mandos intermedios con personal a cargo, lo mejor que puedes hacer si es tu caso, es “robarte” de tu tiempo esos ocho minutos (así fueran doce o quince) para irte a tomar un café fuera de la oficina, caminar un rato (dar una vuelta manzana o en tu caso sentarte en un banco del parque que tienes enfrente o próximo a tu lugar de trabajo).

Mentalmente irás haciendo esa composición de lugar sobre cómo crees que se te está dando el día. Además, verificando la manera más o menos efectiva en la que has cumplido con tu lista de prioridades que la estás visualizando, incluso con los ojos cerrados.

Finalmente, al cierre de tu jornada de trabajo, Bregman dice que debes dedicarle otros cinco minutos a hacerte determinadas preguntas:

- ¿Cómo ha ido el día y qué cosas he experimentado, así como a qué desafíos me he enfrentado?

- ¿Qué es lo que aprendí hoy de mí mismo y de otras personas? ¿Qué voy a planificar de manera diferente para mañana?

- ¿Con qué persona/s interactué?

- ¿Hay alguien a que tenga que agradecer?

- ¿Puedo extraer un feed-back positivo?

Toda acción humana que ejerzamos en solitario a modo de reflexión es altamente positiva para eliminar el estrés destructivo que enferma a la gente; estos hábitos son esencialmente un “desatascador” de tensiones derivadas de exceso de tareas, responsabilidades, mala gestión del tiempo, etc. y nos ayudarán no solamente a ser más eficaces, sino a sentirnos mejor y transmitir a nuestro alrededor ese sentimiento de satisfacción y felicidad.

No debes olvidar nunca que en las empresas no hay cargos sino personas. Y son éstas las que conforman una organización, no en sentido inverso.

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