José Luis Martín y Rocío Colmenero acertaron la porra al adivinar el peso exacto del animal: 208 kilos en vivo
La localidad salmantina de Martín de Yeltes volvió a vivir una de sus jornadas más singulares con la celebración de la tradicional fiesta de "La Marrana", una cita popular que hunde sus raíces en los primeros años noventa del pasado siglo y que, tras varios lustros de interrupción, ha sido recuperada por los jóvenes del municipio desde 2024.
Se trata de una matanza tradicional del cerdo que conserva un rasgo particular: el animal sacrificado debe ser una hembra. Nadie en el pueblo parece tener certeza del origen de esta singularidad, pero el detalle se ha transmitido de generación en generación como parte inseparable del ritual festivo.
La organización corre íntegramente a cargo de los jóvenes del pueblo, que mantienen viva esta tradición al margen de las matanzas populares que promueve la Diputación de Salamanca en distintos municipios de la provincia. Son ellos quienes asumen los gastos y el trabajo que exige una jornada de estas características, reafirmando así el carácter comunitario de la celebración.
Alrededor de 110 personas participaron en la comida popular, mientras que algo menos de la mitad se implicó directamente en las labores propias de la matanza. Desde primeras horas de la mañana comenzaron los trabajos de sacrificio, despiece y embutido, siguiendo los métodos tradicionales que durante generaciones han formado parte de la cultura rural castellana.
Uno de los momentos más esperados fue la porra sobre el peso del animal. En esta ocasión, la fortuna —y la precisión— sonrieron a José Luis Martín y Rocío Colmenero, que acertaron exactamente los 208 kilos en vivo de la marrana. La apuesta, simbólica pero animada, consistía en un euro por participante; con 24 personas en juego, cada uno de los ganadores recibió 21 euros, más como motivo de celebración colectiva que como premio económico.
La jornada comenzó con el sonido de la gaita y el tamboril, acompañado de aguardiente y perrunillas, una combinación que ayudó a templar el frío de la mañana mientras arrancaban las primeras tareas. A medida que avanzaba el día fueron llegando más vecinos y visitantes, atraídos por el ambiente festivo que caracteriza esta cita.
Una jornada de tradición y convivencia
El programa comenzó a las 9:00 horas con el recibimiento de la marrana. En ese momento se ofrecieron a los asistentes aguardiente, perrunillas y la tradicional porra para ir entrando en ambiente.
Media hora más tarde, a las 9:30, tuvo lugar el pesaje del animal en la plaza del pueblo, uno de los actos más concurridos de la mañana.
A las 10:00 horas comenzó el despiece, una labor que se prolongó durante buena parte de la mañana y que estuvo acompañada por una degustación del embutido elaborado con la marrana del año anterior, correspondiente a 2025.
La actividad gastronómica continuó con distintas degustaciones populares:
12:00 h: degustación de hígado encebollado.
13:00 h: picado y adobo de las chichas que más tarde formarían parte de la cena.
El momento central del día llegó a las 15:00 horas, con la comida de hermandad, que reunió a decenas de vecinos y visitantes en torno a un menú de marcado sabor tradicional: patatas meneadas y carne de la matanza.
La celebración continuó durante la tarde con animación musical a cargo de DJ Teo, con sesiones en el Bar Yeltes, que prolongaron el ambiente festivo más allá de la sobremesa.
La jornada concluyó con una cena popular de chichas con huevos para los inscritos. A partir de las 23:00 horas, la música regresó nuevamente al Bar Yeltes con una nueva sesión de DJ Teo, poniendo el broche final a un día de convivencia que confirma la buena salud de esta tradición recuperada.
La fiesta de "La Marrana" demuestra así que, incluso en los pueblos más pequeños, las tradiciones pueden renacer cuando una nueva generación decide asumirlas como propias y convertirlas, una vez más, en motivo de encuentro.