Acerca la ciencia a la sociedad con su octavo libro en el que explica la influencia de los microorganismos en el comportamiento humano. Además, reflexiona sobre la necesidad del pensamiento crítico frente a la Inteligencia Artificial.
Raúl Rivas es una de las voces más autorizadas y reconocibles de la ciencia en Salamanca. Catedrático de Microbiología, director del Servicio de Producción e Innovación Digital y responsable de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de la Universidad de Salamanca (USAL). Además, compagina su labor docente e investigadora con una intensa actividad divulgadora.
Con motivo de la publicación de su nuevo libro, 'Microorganismos, cerebro y control mental', el investigador reflexiona sobre la necesidad de transferir el conocimiento fuera de las aulas, alerta sobre la pérdida del estatus de "país libre de sarampión" en España y aborda el desafío que supone la tecnología para el pensamiento crítico de las nuevas generaciones.
¿Dónde nace esa inquietud por hacer llegar la ciencia al público general, teniendo en cuenta la carga de trabajo que ya implican la docencia y la investigación?
Porque estoy convencido de que es una herramienta que mejora la capacidad que tenemos como individuos y como sociedad para tomar mejores decisiones, decisiones informadas. Dentro de nuestra labor habitual, lo que más repercusión tiene es la docencia y la investigación, pero hay un tercer pilar, que es la transferencia. En las grandes instituciones a nivel mundial es un factor determinante. Parte de esa labor es transferir el conocimiento hacia personas que no tienen por qué tener la formación que exigen determinados temas abstractos. Nuestro papel es transformar el lenguaje para que las personas sin formación entiendan cuestiones de ciencia concretas que son relevantes para su bienestar y su día a día. Ahí la divulgación científica es una herramienta extraordinaria.
¿Podríamos ahorrarnos problemas de salud como sociedad si hubiera una mejor formación para el público?
Yo creo que sí. Contar las cosas de manera adecuada, desde referentes que saben de lo que están hablando, o personas instruidas, pero sin utilizar tecnicismos, sin hacer un discurso dirigido a un ambiente académico o investigador. No es un congreso, no es una clase universitaria, sino que son personas de nuestro entorno, muchas veces familiares, que necesitan saber de una forma adecuada qué es lo que estamos intentando transmitirles. Por ejemplo, ahora mismo, estamos ante un punto de inflexión en muchos países importantísimo: el tema de las vacunas del sarampión. El problema que puede venir, dado que el índice de vacunación es bajo en muchos países, algunos del entorno, con un número creciente de casos aquí en España, hemos perdido el estatus de país libre de sarampión. Es una aberración. El sarampión mata. El sarampión no es una enfermedad benigna. El sarampión, cada año en el mundo, mata a más de 100.000 personas, la mayoría niños de 9 de 5 años. Tenemos una vacuna que es segura, que es eficaz, que es barata, tan barata que aquí es gratuita. Tenemos que contar cómo son las cosas, tenemos que contar qué consecuencias puede haber. La divulgación nos ayuda a eso.

En tu último libro 'Microorganismos, cerebro y control mental' habla de seres invisibles que pueden modificar nuestro comportamiento. ¿Podría darnos algunos ejemplos?
hay un parásito que se llama toxoplasma, que en algunos animales, como por ejemplo en los lobos, parece que influye, que está vinculado a la capacidad de liderazgo, a la capacidad que tienen los ejemplares para ser los machos o las hembras alfa de la manada, capacidad de liderar esas manadas, de ser más atrevidos. Pero es que traduciéndolo a los humanos, toxoplasma que infecta a las personas, y es especialmente peligroso en mujeres embarazadas, porque puede ocasionar abortos, pero también se ha vinculado a capacidades de emprendimiento, también a la toma de malas decisiones. Y esa toma de malas decisiones en personas infectadas, se ha relacionado con un mayor número de accidentes de tráfico.
Cuesta creer que una bacteria pueda casi "mover los hilos" de nuestro cerebro.
Eso pasa en el mundo animal y también en los seres humanos. El fin último de la bacteria, del virus o del parásito es transmitirse y permanecer. Utilizan estrategias que nos incluyen a nosotros como vehículo para sus fines. A veces somos intermediarios o vectores y el parásito necesita manipularnos para que pensemos que estamos tomando decisiones por nuestra propia cuenta, cuando están influidas por la presencia de un patógeno.
Esto recuerda a la figura de los zombis, humanos que no obran por su propia voluntad. ¿Es una comparación exagerada?
El personaje de los zombis, en realidad, está inspirado en infecciones víricas, muchas de ellas relacionadas con el virus de la rabia. La rabia ha sido fuente de inspiración desde la creación de los hombres lobo hasta los zombis. Este virus provoca en el ser humano alucinaciones y comportamientos de agresividad, y todo ello facilita que el virus se pueda transmitir mejor.
¿Es una cura de humildad para el ser humano darse cuenta de que no está solo en la cima de la pirámide?
Los microbios estaban en el planeta muchísimo antes de que llegásemos nosotros como especie. Tienen estrategias de adaptación alucinantes y muy complejas. Probablemente, esas estrategias les hagan estar presentes en el planeta incluso si nosotros desaparecemos. Es normal que a lo largo de la historia hayan influido en muchos aspectos de nuestra vida, incluida esa toma de decisiones inconscientes.
En libros anteriores, relacionabas estudios de este tipo con acontecimientos o personajes históricos, sin embargo, en este y en el anterior, no es ese el enfoque, ¿por qué?
Mis paradigmas dan para mucho. Me apetecía ir profundizando en otros temas, sin olvidar que volverán esos relacionados con la historia, porque creo que son curiosos, son entretenidos. Antes comentabas que la divulgación es entretenida, yo creo que la divulgación tiene que mover sentimientos. Una de ellas puede ser el entretenimiento, puede ser la diversión, pero también de repulsión, incluso, aquí algunos capítulos pueden dar un poco esa sensación e incluso miedo. Es importante crear esos sentimientos, porque eso ayuda a fijar la la información. No podemos desligar la ciencia, en general, del resto de cosas que pasan en ese momento histórico, no la podemos desligar lo de las artes, la pintura, de la literatura, de la política, del deporte. Por eso, a mí me gusta contar las cosas en su contexto, y destacar factores que a veces no se han tenido en cuenta, en el derrocamiento de reyes o en la caída de imperios, que tiene que ver a veces con la presencia de epidemias, de brotes infecciosos, de microorganismos, de parásitos...

Y esta actividad la combinas con la de investigador científico, ¿en qué estás trabajando en ese ámbito? Porque creo que tienes abiertos muchos frentes abiertos.
Las líneas de investigación que desarrollamos en nuestro grupo son diversas, y tienen que ver con los microorganismos, lógicamente, por ejemplo, tenemos ahora proyectos activos para buscar microorganismos de los cuales se puedan obtener nuevas sustancias de interés farmacológico, de interés sanitario. Tenemos también proyectos abiertos de mejora de la producción agrícola mediante el uso de microorganismos, y otros que tienen que ver con la identificación de microorganismos en diferentes ambientes, con la biodiversidad. La verdad es que son varias las líneas que tenemos ahora mismo abiertas, que ya tienen un recorrido desde hace años y que ocupan gran parte de nuestra labor investigadora, principalmente con bacterias, aunque también con hongos, y a veces con virus.
Al hilo de la relación de la ciencia con el campo salmantino, como científico, qué opinión tienes de lo que está pasando con los agricultores y ganaderos españoles, que no entienden que la Unión Europea les ponga normativas muy exigentes y, al mismo tiempo, haga acuerdos con otros productores de distintos continentes, que no tienen esos controles, y que podrán vender sus productos aquí. Al margen de las cuestiones políticas que haya en ese tipo de asuntos, desde el punto de vista científico, ¿no no es un poco aberrante que se consiga una calidad determinada de producto por las normativas modernas, y que al mismo tiempo se abra la puerta a que no que no han pasado esas pruebas?
Entiendo el malestar de los agricultores y de los ganaderos, porque parece que en el mismo juego se utilizan reglas diferentes. En mi opinión, hay que explicar muy bien, desde la administración, desde el entorno político, cuáles pueden ser los beneficios a largo plazo, si es que los tienen, cuál es la visión más amplia, porque si no, no se entiende lo que deciden. Y esa evolución que se está teniendo en Europa hacia productos más saludables, con cada vez más sustancias restringidas, tanto biopesticidas como fertilizantes, ha abierto nuevas líneas de investigación en las que nosotros trabajamos para utilizar microorganismos, que mantengan esa producción o que mejoren la calidad de los productos, porque contengan un mayor contenido en antioxidantes, por ejemplo. Nosotros trabajamos en eso. Y este tipo de acuerdos, si no se explican muy bien, la verdad es que crean controversia, y entiendo la posición de los profesionales del campo.
Como profesor, ¿percibes un mayor interés de las nuevas generaciones por la ciencia?
Sí, hay más demanda de las carreras de ciencias, sobre todo las del ámbito biosanitario, donde la nota de corte ha subido mucho. Vivimos en una época en la que está presente la relevancia de la ciencia en el bienestar. Por otro lado, el alumnado es diferente, no sé si mejor o peor, pero tenemos que adaptarnos a la forma de trabajar que tienen o a la que están acostumbrados. Es importante, y eso no se valora, que tengan un conocimiento general de muchas de las cuestiones que hoy parecen no ser importantes, porque no todo está en Wikipedia, no todo está en la red.
O en la IA, que ahora todos estamos pendientes de ella.
Tienen que tener un conocimiento para poder relacionar las cosas, para poder crear un pensamiento crítico, que es importantísimo, para saber discernir entre lo que es correcto, lo que es un bulo, lo que puede ser una medio verdad, lo que es una noticia contrastada, lo que está basado en datos científicos y lo que no. Un blog no es una fuente de información, al igual que no lo es TikTok y otras muchas fuentes que estamos viendo actualmente. Con eso tenemos que luchar. El mundo ha cambiado en los últimos años, también en cuanto a la educación, hay que adaptarse, desde mi punto de vista, sin perder el rigor, estamos ahí para para enseñarles, para que aprendan, no simplemente para leer diapositivas, para darles unos apuntes. Una de nuestras labores es ayudarles a aprender a pensar, con un pensamiento crítico y que tengan información contrastada, que no todo está en lA.
Has abierto un melón importantísimo, porque muchos estamos preocupados por lo que llega para nuestros hijos a través de las nuevas tecnologías, con contenidos rápidos, y nada que ver con lo que significa el estudio en el ámbito universitario, pero también en el instituto, con el fin de entender las distintas asignaturas para saber qué les gusta y qué no.
No solo eso, hay un componente biológico. Están en unas edades en las que se está completando o se está formando su intelecto, su red neuronal. Para eso, a veces es necesario memorizar. Esto es como cuando tú vas al gimnasio para estar en forma físicamente, por eso tienes que hacer diferentes diferentes ejercicios, tienes que hacer cardio, tienes que hacer elasticidad, tienes que hacer fuerza, un poquito de todo. Pues también el cerebro hay que entrenarlo, porque si no, se atrofia. ¿Y cómo hay que entrenarlo? Pues con ejercicios como memorizar que sirve para crear ese componente biológico que vamos a necesitar en el futuro para poder pensar, para leer con pausa, para meditar.
En investigaciones es importantísimo meditar, pensar todos los resultados que estás teniendo, qué conclusiones hay que sacar, y para eso necesitas reposo, y necesitas tiempo. Y esa celeridad de la que hablas, que hoy en día es innegable entre los más jóvenes, a través de contenido rápido, cada vez más corto, no se traduce bien con una respuesta a largo plazo positiva, en cuanto capacidad de reflexión, capacidad de concentración, el intelecto, meditación sobre sobre los resultados, capacidad para sentarte y escribir un texto, un texto largo para leer, para leer una una novela y comprender todo lo que está pasando. Todo eso es un problema al que nos enfrentamos ya en la actualidad.

Además de tu labor docente, ocupas cargos de responsabilidad en la USAL relacionados con la innovación. ¿En qué consiste ese trabajo?
Soy el director del Servicio de Producción e Innovación Digital y de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación. Nuestra labor es utilizar diferentes estrategias, como el MediaLab (un laboratorio de innovación ciudadana para conectar la universidad con los problemas reales de la sociedad) o el FabLab (laboratorios de diseño e impresión 3D). Intentamos hacer partícipe a la ciudad de Salamanca con una oferta cultural diversa y gratuita a través de conferencias, talleres y jornadas.
Recuerdo, por ejemplo, el encuentro este que se hizo en la Plaza del Oeste, con motivo de la Noche Europea de los Investigadores, o algunas actividades similares que están enfocadas a los a los más pequeños, ¿cómo responden? Danos un mensaje de esperanza para compensar la preocupación por las reflexiones anteriores.
Los más pequeños responden muy bien, hay mucho interés por la ciencia, por los experimentos, por el laboratorio, nosotros tenemos diferente tipo de público objetivo, y según las actividades, algunas son familiares, otras van dirigidas a un público senior, otras a los más pequeños de la casa, también a educación secundaria, primaria o incluso infantil, y siempre responden bien. La docencia les encanta, les encanta cacharrear, hacer experimentos, hablar con investigadoras, con investigadores. No quiero trasladar un mensaje pesimista, pero sí realista, de lo que nos encontramos, y hay que empezar a poner remedio o solución a diferentes cuestiones que pueden acarrear problemas relativamente graves en el futuro.
¿Y el futuro por dónde pasa? Me interesa mucho tu opinión, porque estás en una edad ideal, porque no eres un veterano, pero tampoco un joven, estás en el punto medio y puedes mirar a derecha e izquierda, y ver lo que hay a tu alrededor. Durante muchos años se ha hablado de de que España no apostaba lo suficiente por la ciencia, y que muchos de nuestros científicos más brillantes iban a Estados Unidos o a China o a Oriente Medio o a otros lugares. ¿Qué impresión tienes tú en ese sentido? ¿Se ha se ha avanzado algo, se están mejorando las condiciones para que nuestro propio país avance en ese camino?
La situación es manifiestamente mejorable. Y es verdad que hay gente que tiene que ir a otros países a trabajar, pero también es cierto que es imposible dar sitio a todo el mundo, que termina por hacer una tesis doctoral. También estamos en un escenario en el que el sector privado y público tienen que trabajar en conjunto. En todos los en todos los centros punteros del mundo hay financiación pública, que así tiene que ser, porque la financiación para la investigación básica es fundamental, pero también hay financiación privada. Hay que ir de la mano, desde mi punto de vista, y es bueno ver las necesidades de uno y de otro. Yo siempre apuesto por lo público, pero pero no todo puede ser financiado a través de lo público. Y también el sector privado necesita apostar por la investigación y por la gente que se forma en el país, porque es muy buena, y habrá profesionales que puedan ir a universidades, a centros de investigación, y habrá otros, como así ocurre también aquí en Salamanca, que vayan a a las empresas privadas, a los diferentes departamentos de I + D + I que tienen, cada vez más potentes. La situación ha mejorado en cuanto a condiciones laborales de los más jóvenes que entran en este proceso, trayectoria, recorrido largo, que es la ciencia, pero la inversión en ciencia en España, desde mi punto de vista, sigue teniendo carestías.
Y y luego hay contradicciones, por por ejemplo, en el caso de los médicos, que aquí se les forma muchos años, se les exigen muchos requisitos para poder trabajar, y resulta que cuando hace falta médicos, se deja que vengan los que no han tenido esa formación, y los nuestros se van al extranjero, cuando el país ha estado invirtiendo en ellos un montón de años. No sé cómo lo veis vosotros desde dentro, porque me parece incongruente totalmente.
Bueno, el el ejemplo de los médicos, que ahora está de de de actualidad, es extrapolable a a todas las titulaciones en las cuales el estado invierte mucho dinero en cada persona, desde el inicio de su formación, desde que entra en infantil hasta que llega o termina prácticamente la universidad, porque puedes puedes estar financiado con becas, para después no utilizar nuestro recurso, nuestra materia prima. Vamos a utilizarla, a poner en unas buenas condiciones de trabajo y fomentar el emprendimiento. Yo entiendo que es complicado y que al final todo se traduce en una cuestión monetaria. Si hay dinero, es más fácil hacer las cosas, pero creo que estamos desperdiciando recursos. Eso no significa que todo el mundo tenga cabida, porque no estamos en la misma situación que hace 20 o que hace 40 años, el número de universitarios ha crecido muchísimo, y las titulaciones también. Por lo tanto, es es muy complicado que haya puestos en un sitio en concreto para todo el mundo. Es imposible que la Universidad de Salamanca, por ejemplo, absorba a todos los doctorandos que salen de la entidad cada año. Pero tiene que haber otras otras posibilidades, y hay que consolidarlas, hay que fomentarlas y hay que hacer ver a la gente que el camino no tiene por qué ser irte a otro a a otro país, aunque a veces, por desgracia, es así. A mi también me tocó, aunque luego retorné, tuve suerte de poder encontrar un sitio en España. No siempre es así.
La universidad, de todos modos, sí que parece que tiene cintura, porque los estudios superiores sí que se van adaptando a lo que necesita la sociedad. Tenéis que ir un poco por delante para para formar a los profesionales del futuro inmediato.
Eso es, sí. La autonomía universitaria permite que que se pueda ver un poquito más allá, qué es lo que va a necesitar la sociedad dentro de unos años, y formar, a veces, es más fácil, a través de másteres o de cursos de de especialización, pero también, desde luego, con nuevos grados que están apareciendo. También en la Universidad de Salamanca estamos un poco enfocados hacia esas necesidades que aparentemente va a tener la sociedad en el futuro.
Para finalizar, ¿cómo valoras la situación de la ciencia en España? ¿Se ha frenado la fuga de cerebros?
La situación es manifiestamente mejorable. Es verdad que las condiciones laborales de los más jóvenes han mejorado, pero la inversión en ciencia en España sigue teniendo carencias. Es imposible que la universidad absorba a todos los doctorandos, por lo que el sector privado y el público tienen que ir de la mano. En todos los centros punteros del mundo hay financiación pública, que es fundamental para la investigación básica, pero también privada. Necesitamos que el sector privado apueste por la gente que se forma en el país, que es muy buena, para no desperdiciar los recursos que el Estado ha invertido en su formación.