Es toda una rara avis en el mundo del fútbol, puesto que en Salamanca es una de las dos mujeres que dirigen algún club de la provincia
Pilar Corral es la presidente del Ribert y toda una rara avis en el mundo del fútbol, puesto que en Salamanca es una de las dos mujeres que dirigen algún club de la provincia.
Pregunta. Para poner en contexto a los lectores, ¿cómo has llegado a ser presidenta del Ribert?
Respuesta. Empecé en lo que era antes el equipo del Zurguén, echando una mano porque era un equipo de barrio. Mi marido era entrenador y yo ayudaba en lo que mejor se me daba, que era la parte administrativa. Comencé así y, cuando se hizo la fusión, me quedé con ellos. Me dijeron que necesitaban una figura como la mía para llevar todo lo administrativo, ya que me desenvolvía bien en ese ámbito. Durante unos años Pedro fue el presidente, pero cuando nos planteamos reelegir a alguien, él mismo me propuso a mí. Me relaciono mucho con la seguridad, con la liga, con el equipo de base, con la Federación y con el Ayuntamiento, así que pensaron que podía encajar. Además, tengo tiempo y puedo ayudar.
P. En un ámbito donde hay más presidentes hombres que mujeres, ¿cómo es ser presidenta?
R. En la relación con otros presidentes es igual, nos movemos en el mismo ámbito. Donde quizá noto más diferencia es al hablar de temas puramente futbolísticos. Sé por dónde van los asuntos, pero no puedo implicarme a nivel técnico porque no sé dirigir futbolísticamente. Me centro en lo administrativo, en la normativa y en las circulares. En nuestro club tenemos muchas mujeres y nos relacionamos muy bien. Con los jugadores también, salvo el regional femenino que compite en su Liga, el resto de equipos son mixtos. Los padres se portan bien conmigo y valoran nuestro trabajo. Todos trabajamos por amor al arte, sin contraprestación económica, y eso también se reconoce.
P. ¿Qué es lo más complicado del día a día como presidenta?
R. Estar pendiente constantemente de todo. Te llama el Ayuntamiento, la Federación, hay que gestionar subvenciones… No tienes un horario fijo. Cuando surge algo, tienes que atenderlo. Ser presidenta no es trabajar de una hora a otra, es estar implicada todo el día, y eso es lo más complicado porque tienes más responsabilidades en tu vida además del club.
P. ¿Cómo es un día normal en tu caso?
R. Enciendo el ordenador nada más levantarme y lo tengo siempre conectado por lo que pueda surgir. Si llama la prensa, hay que atenderla. Si surgen fichas que hay que tramitar con rapidez, hay que ponerse en contacto con la Federación, ya sea la de Castilla y León o la Española. También gestionamos las mutualidades de los juveniles hacia arriba, lo que implica explicarles bien todo el proceso. Estoy muy pendiente de las subvenciones, porque somos un club que va justo para sobrevivir temporada a temporada. Hay que leer todas las ayudas que puedan salir y también las circulares de la Federación, que son constantes. Si un entrenador está haciendo prácticas, hay que seguir su evolución. Tenemos un grupo de entrenadores y, si surge algún problema, me pongo en contacto con el coordinador, con el entrenador o con algún padre y organizamos reuniones si hace falta. Muchas veces llega la tarde y no he podido pasar por el campo. No tenemos oficina allí; la oficina está en mi casa, y es desde donde trabajo. Me gustaría tener más tiempo para estar en el campo, pero las gestiones ocupan la mayor parte del día.
P. ¿Qué se puede hacer para que haya más mujeres en puestos importantes dentro del fútbol?
R. Primero tiene que gustarte el fútbol, luego ayudar y tener tiempo. También implica dejar de lado muchas cosas personales. Igual que le pasa a un hombre, dedicarte a un club supone implicarte y restar tiempo a otras facetas de tu vida. No creo que haya miedo a que entren mujeres en esto; lo que se quiere es que cada uno haga su trabajo y resuelva problemas. Incorporarse al fútbol es como incorporarse a cualquier asociación que requiere tiempo y compromiso.
P. Recientemente participaste con el Ribert en una reunión sobre la violencia en el fútbol base. Desde tu punto de vista, ¿qué se puede hacer para rebajar la tensión?
R. Nosotros llevamos tiempo aplicando medidas. Cuando llega una sanción de la Federación, imponemos esa sanción más el doble a nivel interno. Si es económica y procede de padres, pedimos que nos digan quién ha sido el culpable; como casi nunca se quiere señalar a nadie, lo asume el grupo. Si es alguien del público que no corresponde ni al grupo, lo asume el club. El gran problema es que no podemos cerrar nuestras instalaciones porque estamos en la calle. Cualquier vecino puede pararse a ver el partido. Cerrar implicaría permisos del Ayuntamiento y la Policía Local, y es imposible con el campo que tenemos. Estamos muy limitados. Lo que hacemos es insistir en reuniones con los niños en que disfruten, que no se trata solo de ganar, que lo importante es ser buenas personas. Pero a veces se cruzan los cables, como les pasa también a los adultos, y la afición está muy cerca del campo. Se oyen todos los comentarios de padres, entrenadores y árbitros, y eso genera tensiones y malas interpretaciones. Con las instalaciones que tenemos, poco más podemos hacer que dar buenos consejos y seguir trabajando en la educación y el respeto.