Porque no pude detenerme ante la Muerte. Emily Dickinson (traducción de Andrés Rendón)
Porque no pude detenerme ante la Muerte —
Él se detuvo amablemente ante mí —
El Carruaje solo nos contenía a Nosotros —
Y a la Inmortalidad.
Avanzábamos despacio — Él no conocía la prisa
Y yo había dejado atrás
mi labor y también mi ocio,
por Su Cortesía —
Pasamos la Escuela, donde los Niños luchaban
en el Recreo — en el Corro —
Pasamos los Campos de Trigo Contemplativo —
Pasamos el Sol Poniente —
O más bien — Él nos pasó a Nosotros —
El Rocío cayó trémulo y Helado —
pues solo Gasa, mi Vestido —
Mi Chal — solo Tul —
Nos detuvimos ante una Casa que parecía
una Hinchazón del Suelo —
El Techo apenas era visible —
La Cornisa — en el Suelo —
Desde entonces — han pasado Siglos — y sin embargo
parece más corto que el Día
en que intuí por vez primera que las Cabezas de los Caballos
se dirigían hacia la Eternidad —