Salamanca y Ciudad Rodrigo mantienen 137 misioneros desplegados principalmente en América, liderando la presencia española en el exterior pese al descenso vocacional. El director de Misiones, José Miguel González, destaca el "fenómeno inverso" por el que sacerdotes extranjeros llegan ahora para atender la España vaciada.
La provincia de Salamanca mantiene una huella internacional profunda y solidaria que trasciende fronteras, sostenida por una red humana que conecta la meseta castellana con los rincones más necesitados del planeta. Actualmente, un total de 137 misioneros pertenecientes a las diócesis de Salamanca y Ciudad Rodrigo se encuentran repartidos por todo el mundo, llevando a cabo labores de evangelización, pero también de desarrollo social, educativo y sanitario. Aunque las cifras reflejan un descenso paulatino acorde a la crisis vocacional general, la provincia sigue siendo un referente en el número de misioneros.
Para comprender la magnitud y la realidad humana detrás de estas cifras, el sacerdote salmantino y además director del Servicio Diocesano de Misiones, José Miguel González, ha ofrecido una radiografía detallada de la situación actual. Natural de Paradinas de San Juan, conoce de primera mano lo que significa "salir de la tierra". Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma y con una experiencia de 20 años como misionero en La Habana (Cuba), José Miguel pone rostro y voz a un colectivo que trabaja a menudo en silencio.
Según explica, España continúa ostentando el liderazgo mundial en este ámbito: "España es el país que más misioneros tiene en el extranjero, fuera de sus fronteras. Por eso es normal que, aunque el número vaya disminuyendo, todavía exista una gran presencia de salmantinos en el mundo".
La distribución geográfica de estos 137 representantes responde a lógicas históricas, culturales y lingüísticas. La inmensa mayoría, un total de 92 misioneros, se encuentra desplegada en el continente americano. El resto se reparte entre Europa (19), África (14) y Asia (12).
"Por razones del idioma y de la historia, América es el continente al que van más misioneros españoles, especialmente a los países hispanoamericanos", detalla José Miguel. Estas cifras engloban tanto a los pertenecientes a la Diócesis de Salamanca como a la de Ciudad Rodrigo, ambas bajo el pastoreo del obispo José Luis Retana, sumando fuerzas para mantener esta presencia global.

Aunque teológicamente la Iglesia considera que todo bautizado es misionero, José Miguel González matiza que el hecho de desplazarse a otros países responde a una llamada muy específica, conocida como vocación misionera ad gentes. "Es una expresión latina que significa 'hacia las gentes', hacia las personas que no han conocido todavía a Dios o el Evangelio", aclara el director.
No se trata de una decisión que pueda tomarse a la ligera. José Miguel insiste en que el proceso requiere un discernimiento serio acompañado por superiores o personas preparadas. "Hay que pensar bien si es una auténtica vocación, porque a veces puede ser solamente un gusto, un capricho, una idealización de la vida o incluso una huida de tus circunstancias presentes", advierte. Una vez confirmada la vocación, es necesaria una preparación rigurosa que abarca desde el aprendizaje de idiomas hasta la inmersión cultural, dejándose guiar por quienes ya están en el terreno.
La elección del destino no siempre depende de la voluntad exclusiva del misionero. En el caso del propio José Miguel, fue su obispo en la Diócesis de Plasencia —a la que pertenecía antes de incardinarse en Salamanca— quien le orientó hacia Cuba debido a la escasez de sacerdotes y la necesidad de profesores de Teología en La Habana. "Nadie vamos obligados donde no queremos, se supone que hay una aceptación voluntaria, aunque te cueste, del lugar que te proponen", asegura.
La labor de los misioneros salmantinos es tan variada como los países que los acogen. Lejos de imponer soluciones desde España, la clave del éxito reside en la escucha activa y la adaptación. José Miguel subraya un principio fundamental: "No puedes llegar con un proyecto ya prefabricado desde el lugar de origen para desarrollarlo allí. Tienes que llegar, insertarte en la iglesia local y descubrir las necesidades reales".
Las tareas abarcan múltiples dimensiones según las urgencias de cada zona:
"Hay misioneros que se dedican a construir pozos o escuelas, otros están en la sanidad... Depende de los lugares", explica José Miguel, quien recuerda ejemplos de compañeros en Ecuador dedicados a la ingeniería civil básica para mejorar la vida de las comunidades indígenas.

La figura del misionero ha evolucionado significativamente. Si antiguamente se restringía casi exclusivamente a religiosos y sacerdotes, hoy en día "misioneros podemos ser todos", incluyendo a los laicos, solteros o casados. Sin embargo, esta apertura conlleva desafíos específicos, especialmente en el momento del regreso a España.
Mientras que los religiosos y sacerdotes cuentan con el respaldo institucional de sus congregaciones o diócesis al volver —recibiendo un nuevo destino pastoral o una comunidad que los acoge—, los laicos se enfrentan a una realidad más dura. "Los laicos lo tienen más crudo porque, normalmente, se han desvinculado profesionalmente de su lugar de origen. Volver a rehacer la vida personal, laboral y familiar cuesta mucho", lamenta el director del servicio diocesano. Muchos se encuentran con el desempleo y la necesidad de buscar vivienda tras años de servicio altruista.
Para paliar estas situaciones y apoyar a quienes regresan temporalmente de vacaciones, el Servicio Diocesano de Misiones ofrece un acompañamiento cercano. Además de mantener una base de datos actualizada para no perder el contacto, proporcionan una pequeña ayuda económica inmediata.
"Si tenemos algún fondo de donantes, les damos lo que llamamos el estipendio misionero, que son 200 euros cada vez que vienen para que tengan algo de dinero para sus gastos personales, para reponer unos zapatos o algo de ropa", revela José Miguel con cercanía.
En cuanto a la financiación de grandes proyectos (hospitales, comedores, escuelas), el Servicio ayuda a gestionar proyectos para conseguir fondos provenientes tanto de donativos particulares como de instituciones civiles, citando ejemplos de colaboración con la Diputación de Salamanca o ayuntamientos de la provincia. En este punto, José Miguel es tajante: la premisa es la "transparencia total" para garantizar que cada euro llegue a su destino y se justifique legalmente.
Mirando hacia el futuro, José Miguel es realista. La demografía y la crisis de vocaciones son innegables y los números bajan año tras año. "Hace cinco años, solo en América había más de 150 misioneros, y ahora el total global es de 137", admite. Sin embargo, esta situación ha dado lugar a lo que él denomina el "fenómeno inverso".
Las diócesis de Salamanca y Ciudad Rodrigo, marcadas por la despoblación y el envejecimiento rural, están empezando a recibir ayuda de los lugares que antes evangelizaron. "Estamos recibiendo sacerdotes y religiosos de países a los cuales fueron nuestros misioneros: de África, de Asia y de Latinoamérica", explica con satisfacción.
Este flujo de llegada está siendo fundamental para sostener la actividad pastoral en la provincia. Sacerdotes latinoamericanos, africanos y asiáticos trabajan ya en las parroquias salmantinas, cerrando un círculo de solidaridad que enriquece cultural y espiritualmente a la "España vaciada". "Es bonito ver cómo la semilla que sembraron nuestros misioneros en décadas pasadas ahora revierte en beneficio de nuestras iglesias, que están empobrecidas", concluye José Miguel.

FOTOS: David Sañudo