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Pandemia de soledades
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Al cabo de la calle

Pandemia de soledades

Publicado 28/02/2026 09:10

El 20 % de los adultos, equivalente a una de cada cinco personas, se sienten solos. Una soledad que aún está más extendida entre los jóvenes, colectivo donde el aislamiento alcanza al 34,6 %. Así lo pone de manifiesto un estudio de las fundaciones ONCE y AXA, realizado en el marco del Observatorio Soledades y presentado recientemente como el Barómetro sobre la soledad no deseada en España 2024.

A veces, la soledad es voluntaria, se puede elegir y, en ese caso, podría significar algo reconfortante para el individuo. Pero la soledad, cuando es forzosa, no se puede elegir, te viene dada y ese es el momento en el que aparece el sufrimiento, especialmente si buscas compañía y no la encuentras. Y esto ocurre porque la persona es un ser social, somos tribu por naturaleza y necesitamos de la comunidad, de la solidaridad. Se nos puede llamar pobres, pero duele mucho más si nos dicen o nos consideran “solo”, en el sentido de abandonado. Ese es el momento en el que la soledad debería tener alas, para elevarse y desaparecer.

En estas líneas nos referiremos a la soledad desde la perspectiva singular y plural (soledad, soledades) porque el fenómeno es tanto individual como plural. Lo haremos tratando de visualizar la multiplicidad de circunstancias, contextos y momentos vitales en que puede darse, desde las transiciones por edad, las diferentes capacidades o la orientación sexual, entre otras variedades. Nadie estamos exentos de vivir la soledad, porque se trata de un fenómeno social, diverso, provocado por múltiples causas, que determina nuestra calidad de vida por su incidencia en la salud, la participación social y el bienestar.

La ausencia de compañía es, además, un problema persistente. La soledad se inicia entre jóvenes, de 18 a 24 años. Decrece progresivamente en la medida en que avanza la edad, aunque sin llegar a desaparecer, y vuelve a repuntar en las personas mayores de 75 años. La persistencia y agudización del aislamiento es motivo de preocupación, porque siete de cada diez personas han convivido con la soledad no deseada en algún momento de su vida y porque el 67,7 % de quienes sufren soledad pasa en esta situación más de dos años. En el caso de España, el 20 % de la población se siente sola sin quererlo, vive una soledad no deseada, y, dos tercios de ella, el 13,5 %, padecen soledad crónica, con una ausencia total de vida social constante.

Los datos que nos facilita el citado estudio vienen a confirmar nuestra tesis, nuestra idea ya expresada en alguna ocasión, de que la soledad es uno de los grandes males que invade a la sociedad contemporánea y la más extendida de las pandemias a escala mundial. Una pandemia creciente que es motivo de atención por parte de los organismos internacionales y una cuestión de Estado para los países.

En ese sentido de preocupación y de ocupación, bienvenido sea el Marco Estratégico Estatal de Soledades (2026-2030) recientemente aprobado en España. Una estrategia pionera que permite establecer un marco común para abordar la prevención de la soledad no desea de manera transversal en todas las etapas de la vida, situando la pertenencia y la cohesión social como pilares del estado del bienestar. Estrategia que facilita un instrumento orientado a detectar y actuar frente a los distintos tipos de soledad, desde una perspectiva estructural, comunitaria y centrada en las personas, sin discriminación alguna.

Para que este Marco Estratégico pueda llevarse a cabo, también se ha aprobado la creación de una Mesa Interinstitucional de Soledades, al objeto de reforzar la coordinación y la participación en el seno de la Administración General del Estado, así como facilitar la articulación con el Tercer Sector al que pertenecen las organizaciones de carácter privado e iniciativa ciudadana o social, bajo diferentes modalidades, que responden a criterios de solidaridad, con fines de interés general y sin ánimo de lucro, como son las ONG, fundaciones y asociaciones, que buscan el bienestar social e impulsan el reconocimiento y el ejercicio de los derechos humanos o sociales.

Esta visión de la soledad como pandemia, pone de manifiesto que la soledad no es solo un problema individual, aunque individualmente cada uno viva la suya. Es una realidad determinada por condiciones sociales, territoriales, el sistema de relacionales y de actitud frente a aquella. Sin ninguna intención de estigmatizar a quien la padece, podemos decir que afirmaciones o pensamientos tales como: “Más vale solo que mal acompañado” (porque se cree que tener al enemigo cerca o en casa es peligroso) “Para no estar solo me bastan mis pensamientos”, “La mala compañía es peor que la soledad, porque aquella trae otros aspectos negativos”, o el ver enemigos por todas partes, conducen el aislamiento y la paranoia.

La lucha contra las soledades requiere de respuestas públicas ambiciosas y sostenidas en el tiempo, por parte de los tres niveles de la Administración Pública: Nacional, Autonómica y Local, pero también por parte de la población y de actitudes positivas individuales, especialmente en cuanto a cuidar e incrementar las relaciones sociales. Una de las razones por las que la soledad se incrementa a partir de los 75 años es porque las personas se van quedando sin relaciones y conexiones sociales.

No podíamos terminar este capítulo sin una reflexión y atención especial el mundo digital en el que vivimos, por su ambivalencia en el ámbito de la soledad. De una parte y según el estudio citado, el uso frecuente de redes sociales tiene una vinculación significativa con la soledad. El porcentaje de personas solas que se relacionan con su familia a través de Internet es del 45,1 %, frente al 24,8 % de los ciudadanos que se sienten acompañados. Esta relación digital no es una alternativa a la presencial, sino la única opción para muchas personas que se sienten solas, no por elección sino por obligación. Hemos de tener en cuenta que la comunicación digital facilita la conexión, parece tender puentes para las relaciones, pero destruye la cercanía y los entornos de proximidad, tan necesarios para no sentirse solo.

Las buenas relaciones en la lucha contra la soledad requieren de más conversaciones cara a cara y menos redes sociodigitales. Estamos ante una pandemia de soledades a la que hay que vencer, con la actitud positiva individual de cada uno y las aportaciones de todos.

Escuchemos a Laura Pausini - La Soledad:

https://www.youtube.com/watch?v=K2e9w3zC7kY

Aguadero@acta.es

© Francisco Aguadero Fernández, 27 de febrero de 2026

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