El escritor zamorano ha recuperado la existencia de los niños salvajes para escribir una novela espléndida sobre la tierra y el apego.
Pertenece David Muñoz Mateos a la generación sobrecualificada que afrontó una crisis sin precedentes y tuvo de salir de una España sin trabajo. Zamorano, vivió en Estados Unidos, en Irlanda y, deseoso de raíces, acabó recorriendo la Sierra de la Culebra trabajando en su desarrollo a lo largo de cinco intensos años en los que imaginó esta novela. Escritor de la residencia de jóvenes creadores de Antonio Gala y autor de una obra que sorprendió a la crítica en el 2016 titulada “Felipón”, David Muñoz Mateos vive ahora en Paris, donde traduce a autores como Rebecca Solnit y Andreas Malm y regresa ahora a la Salamanca en la que estudió Filología para presentar esta edición exquisita de su última novela publicada por Muñeca infinita. “Entre las hojas escondido”, un título que alude al protagonista, el niño salvaje que siempre se refugia en la sierra, y que ha sacado de una égloga de Garcilaso, aunque verdaderamente, Muñoz Mateos no idealice el espacio natural, que tan bien conoce y describe, el de la Raya entre la tierra más desconocida de Zamora y Portugal.
Es esta novela un prodigio de escritura. En ella el narrador busca al protagonista, en la más ilustrada tradición de los niños ferales o criados en la naturaleza, como el Mowgli de Kipling o el francés Victor de l´Aveyron, que habita un pueblo medio abandonado llamado Santa Cruz de los Cuèrragos. Samuel, dejado atrás por una comuna en la que murió su madre, se ha criado en la sierra y pese a los intentos “civilizadores” de una pareja de ganaderos y de los padres docentes del propio narrador que le cuidan en su periplo escolar, no ha conseguido integrarse del todo en la sociedad.
Habla una forma de lenguaje que el autor ha conseguido con la reiteración de ese “así” que puntea su discurso, con el uso del presente o el reflexivo, un lenguaje que ahonda en su carácter extraño, ajeno, que el narrador quiere reflejar en un libro. Samuel pertenece a esos “niños ferales” muy bien estudiados y que le dio a Truffaut materia para una de sus mejores películas, pero además, este pequeño buen salvaje es para el autor una forma de mostrar nuestra propia naturaleza, y esta vida que ahora quiere regresar al vínculo con la tierra.
¿Recordamos las excelentes “Cordillera” o “Las leyes de la caza” de Marta del Riego Anta o Pilar Fraile? La generación del joven autor nacido en 1988 es la de quienes desean volver a la raíz, quienes sienten “que la naturaleza nos integra”, no en vano él pasó cinco años luchando por el territorio, aprendiéndolo de memoria, tratando a sus gentes de tremendas luces y sombras y gestando esta historia nada complaciente que tuvo que escribir ya en París, lejos de este paisaje que desaparecería después con los terribles incendios del 2022 que han convertido esta novela en una elegía de lo perdido.
Supo pronto Muñoz Mateos que debía contar esta historia del hombre desubicado. Y que debía hacerlo desde su propia experiencia como alumno de un colegio experimental donde convivían niños con problemas de comportamiento y niños “normales”. Una utopía que se une a la comuna en la que nace Samuel y que le deja en cierto modo atrás hasta que la sociedad rescata al niño perdido quizás para perderle después. Y ante la orfandad, el deseo de cuidado, el intento a veces impotente de los amorosos secundarios. Samuel tiene un hogar y hasta una función en las mascaradas de su pueblo que nos remiten a los antiguos ritos de iniciación del año de Riofrío de Aliste, pero se resiste.
Nada funciona, y todos parecen usar a un Samuel que se recluya: quienes le quieren y los cazadores que le sitúan en el camino del lobo que es uno con su persona. El protagonista nunca deja de ser el otro, el que ni puede ni quiere integrarse, un ser al borde del paisaje con el que se aúna. Y ni el narrador, que le conoce desde niño, ni la muchacha con la que ha compartido años y hasta una compleja convivencia, pueden seguir su camino. Un camino propio, un camino que sirve para enseñarnos qué es lo que nos hace humanos, un camino que ha querido recorrer el autor por el paisaje que ama, que tan bien conoce y donde parece haber encontrado a un personaje inolvidable.
Pocas veces la casualidad nos pone sobre la pista de una novela verdaderamente sorprendente. De las que calan, de las que dejan poso, de las que crean un personaje al que seguimos viendo y oyendo cuando hemos cerrado el libro. De las que hay que leer y nos esperan, confiemos en que no escondida, entre las hojas.

Charo Alonso.
Fotografías: Librería Letras Corsarias.