Uno de los principales desafíos en la recuperación urbana es el de contribuir a dar adecuadas e imaginativas respuestas a las nuevas demandas funcionales y sociales. El patrimonio, ciertamente, es un recurso y debe utilizarse responsablemente como factor y motor de desarrollo, siendo el turismo una de las actividades que permite visualizar su dimensión económica. La intervención arquitectónica y urbanística debe estar al servicio de un proyecto de ciudad con futuro, construido alrededor de los valores e identidades de su paisaje urbano. Esto no debe impedir la modernización de las normas técnicas, las infraestructuras y los servicios pues, en suma, se trata de integrar responsablemente la ciudad del pasado en la del presente. En el caso de conjuntos históricos afectados por catástrofes naturales, tales son los casos de Lorca, L’Aquila, etcétera, se brinda la oportunidad de afrontar la recuperación en el marco de las claves arriba señaladas.
Preservar el patrimonio, mejorar la calidad de vida de las ciudades históricas, adaptar los usos y funciones sin poner en peligro los valores requieren de concertación y alianzas entre los diversos agentes implicados, tanto públicos como privados. Esta concertación para ser operativa requiere contar con instrumentos de planificación y gestión, ágiles y eficaces que, adaptados a los distintos contextos y realidades, estén lidera- dos por la administración municipal y cuenten con implicación empresarial y participación social.
La adecuada contextualización de la recuperación del patrimonio urbano histórico requiere que en el proceso de planificación se elaboren estudios que evalúen los efectos, no solo culturales y visuales sino también funcionales, paisajísticos y sociales de las intervenciones. La integración de los principios, aprobados por la UNESCO, de la Declaración de Viena sobre la conservación de paisajes urbanos históricos (Memorando de Viena, 2005) en las políticas de conservación del patrimonio, al igual que ocurre con el Convenio Europeo del Paisaje, permitirá enriquecerlas y cualificarlas. Sin embargo, hay que ser conscientes que la integración del concepto del paisaje urbano histórico en los instrumentos de planificación y de gestión, al implicar dimensiones objetivas y subjetivas, es un desafío complejo que requerirá de la elaboración de directrices específicas.
Imagen . Santiago Bayón Vera
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