José Manuel Cortés alerta sobre la falta de relevo generacional, con una caída de 2.000 PACs, y critica la burocracia, así como la inestabilidad de los mercados internacionales.
José Manuel Cortés ha certificado recientemente su reelección como presidente de COAG Salamanca, cargo que ostentará durante un nuevo mandato de seis años. Tras confirmar su continuidad al frente de la organización profesional agraria, Cortés ha visitado las instalaciones de SALAMANCA AL DÍA para desgranar las líneas maestras de esta nueva etapa y analizar la compleja realidad que atraviesa el sector primario en la provincia.
Durante la entrevista, el dirigente agrario no ha eludido ningún tema: desde la crisis de precios en el cereal y las amenazas sanitarias en la ganadería, hasta la crítica situación geopolítica o la falta de vocación en el liderazgo sindical. Cortés dibuja un escenario marcado por la "incertidumbre", pero reivindica la calidad de vida del profesional del campo frente a las nuevas dinámicas laborales.
Empiezas un nuevo mandato. ¿Te sientes obligado o motivado?
Obligado no, pero sí tengo una sensación rara de no verle el final a esto, de no sentir que detrás pueda tener un relevo. La organización es muy importante y tiene mucho peso a nivel político y organizativo por el servicio que se da a la afiliación. A veces tienes esa sensación de verte solo y pensar: "¿Estos agricultores y ganaderos no ven que esto es una labor importantísima, que es una herramienta más de su oficio?". Al final, decides continuar porque hay mucho trabajo detrás y por delante, y sientes que si lo dejas, esto se va a perder.
¿Por qué hay pocos profesionales interesados en asumir estas responsabilidades si es en beneficio de todos?
Es vocacional. Hay una parte que se podría suplir con dinero, pero en esta casa la parte económica es muy residual. Aquí vas a una reunión y pierdes el día; no hay un sueldo o una retribución para alguien que le dedica casi 300 días al año, algo que en cualquier otro sitio sería un trabajo remunerado. Lo que te mueve es la pasión, ver que consigues cosas y el reconocimiento de la gente. COAG Salamanca tiene peso en las administraciones y cuando vamos a una reunión se tiene en cuenta nuestra opinión. Ese amor propio y ese reconocimiento es lo que te da la motivación para estar aquí.
¿Cuál es la radiografía que haces del campo salmantino en la actualidad, con las movilizaciones y los acuerdos internacionales de fondo?
Desde que llevo en el cargo siempre tengo una palabra en la boca sobre la situación del campo: incertidumbre. La tenemos en casi todos los sectores. En el regadío, aunque este año se ha quitado la incertidumbre del agua, tienen la de los precios. En el ganado, que está con precios razonables, tenemos la amenaza constante de las enfermedades: la hemorrágica, la lengua azul, la tuberculosis...
En el cereal de secano la situación es complicada. Las explotaciones se descapitalizan. Llevamos tres años en los que se paga muy poco. Si no eres capaz de renovar tu parque de maquinaria o de sembrar todo lo que tendrías que sembrar porque los costes están disparados, estás perdiendo capital.
El contexto internacional parece no ayudar...
El momento geopolítico es complicadísimo. Estamos pagando la guerra de Ucrania porque entra su cereal sin control ni freno, lo que presiona los precios a la baja. Luego tenemos a Donald Trump con sus vaivenes y aranceles. Y sorprendentemente, Mercosur. Pensábamos que con el Gobierno actual se iba a enterrar, pero lo han impulsado con el consentimiento del Partido Popular.
Tampoco me fío de los extremos. Creo que es engañoso un partido de extrema derecha cuya bandera es el liberalismo y el libre comercio a toda costa; si no eres capaz de producir barato, allá te las entiendas.
Sin embargo, tienen muchos apoyos en el ámbito rural.
Tienen muchos apoyos porque, al no gobernar, no tienen el desgaste. Aunque creo que en Castilla y León hay una parte de desengaño. Cuando gestionaron aquí, nos aplicaron el 155 sanitario, se cerraron los mercados de ganado y tuvieron que recular poniendo excusas. Hay protocolos que no se pueden romper unilateralmente por agradar a tu parroquia. Las cosas a las bravas no valen, aunque creas tener razón.
¿Cuál es el papel de COAG en relación con las instituciones? ¿Vais siempre de la mano con las otras organizaciones?
En el día a día cada uno tiene su funcionamiento. En las mesas de negociación del Ministerio estábamos Asaja, UPA y COAG, aunque ahora el ministro ha metido a Unión de Uniones con la intención clara de dividir. Cuando las tres organizaciones coinciden en que el problema lo genera el Ministerio y no se nos hace caso, hay unidad de acción. En problemas globales como Mercosur, la PAC o los aranceles, es difícil diferenciarnos.
¿Se están consiguiendo avances después de tantas movilizaciones?
Siempre que hay una movilización se consiguen cosas. El agricultor quiere resultados inmediatos, pero hay logros. El 18 de diciembre fuimos a Bruselas y conseguimos que no se firmara el acuerdo de Mercosur al día siguiente. Se ha conseguido que el TJUE lo revise. En la sequía logramos ayudas para fertilizantes, gasoil y rebajas en el IRPF. Si no sales a protestar, no se consiguen cosas. Al final, es dinero.
¿Cuál es el perfil del profesional en Salamanca? ¿Preocupa el relevo generacional?
Es un problema grave, el sector está envejecido. Nosotros incorporamos entre 30 y 50 jóvenes al año, lo que suple las bajas, pero el número global de PACs ha bajado de unas 7.000 a 5.000. Las explotaciones se reagrupan en menos personas.
¿Merece la pena este trabajo diario con tantas complicaciones?
Sí, merece la pena. Esta tarde me iré a las tierras, engancharé el tractor y eso es la felicidad absoluta. No tengo un jefe que me diga qué hacer ni horarios fijos. Si me llaman unos amigos para ir a la bodega, dejo el tractor y voy. Eso es calidad de vida y libertad que no paga el dinero.
Pero el trabajo es duro...
Es duro, pero estamos en una sociedad que se ha acostumbrado a no esforzarse. Hay mucha gente, inmigrantes que veo con sus patinetes y su mochila, que están deseando trabajar y para quienes esto no es tan duro. A veces parece que queremos que nos lleven el dinero a casa. Mi abuelo decía que los sueldos no son altos ni bajos, depende de lo que gastes. Ahora somos muy quejicas. Si no tenemos relevo es porque no viene nadie, y estamos luchando contra fondos de inversión que sí ven la rentabilidad que nosotros negamos.
¿La falta de relevo es una cuestión cultural de las nuevas generaciones?
Antes querían cerrar el viernes a mediodía y volver el lunes a las diez. Aquí es 24 horas, 7 días a la semana, los 365 días del año.
A lo que se suma la burocracia.
El papeleo es un calvario, lleva muchísimo tiempo y es tedioso. Además, siempre estás con la amenaza de que si no lo haces bien te va a costar dinero, ya sea Hacienda, la Seguridad Social o la PAC.
¿Qué objetivos te marcas para estos seis años?
El objetivo es mantenernos, no perder activos y seguir dando servicios y reivindicando. La función de COAG es reivindicar. No solo una PAC justa, sino también servicios en el medio rural: médicos de calidad, carreteras, internet, bancos en los pueblos que traigan efectivo, e incluso al cura. Necesitamos los servicios religiosos y también los bares y comercios. Si te callas y no dices nada, eres invisible. No es el fin del mundo, pero tenemos problemas y tenemos que decirlos.

Fotos de Vanesa Martins