Más de 60 vecinos se reunieron en el pósito municipal para agradecer su labor profesional y humana con obsequios simbólicos y un aperitivo de despedida
Hay profesiones que, en la intimidad de los pueblos, trascienden el mero cumplimiento del deber para convertirse en un pilar fundamental de la vida cotidiana. Ocurre cuando la bata blanca deja de ser un uniforme para ser un refugio donde crece la amistad. Así lo ha sentido Valderrodrigo este sábado, cuando el pósito municipal ha abierto sus puertas para escribir el último capítulo de una etapa que ha durado 13 años: la despedida a Carmen Diez Vacas, una enfermera comprometida con una profesión difícil en la que siempre ha antepuesto su vocación de cuidado a los demás al resto de las cosas, como ha demostrado allá donde haya ejercido, bien vacunando en el frontón de Vitigudino en los años del covid, o haciendo lo propio o realizando curas en las consultas de los pueblos y en el Centro de Salud.
Este no ha sido un adiós administrativo para Carmen, ha sido un homenaje cosido con la gratitud de más de 60 vecinos que han querido detener el tiempo por un instante para devolver, en forma de cariño, todo el cuidado recibido. Porque en Valderrodrigo, Carmen no solo ha dispensado medicinas y curado heridas, puesto vacunas.ertc.; Carmen ha dispensado también consuelo y humanidad.
La emoción ha sido la nota en un acto donde las palabras se han quedado cortas para definir la huella que deja Carmen. Los asistentes han coincidido en una verdad compartida: el pueblo ha tenido "la fortuna" de contar con una profesional que ha sabido ser, al mismo tiempo, "una excelente enfermera, psicóloga, persona y amiga". Esa calidad humana, destacada por todos los presentes, ha sido el faro que ha guiado a los vecinos en esos instantes de incertidumbre, "en todos los momentos en los que la salud no nos ha querido acompañar", tal y como recordaban con emoción los vecinos de Valderrodrigo.
La gratitud se ha materializado en obsequios cargados de simbolismo. Entre un bolso y diversas postales con dedicatorias personales, ha destacado una pieza que resume el sentir colectivo: un corazón realizado con la técnica de pirograbado. En la madera, como en la memoria del pueblo, ha quedado inscrita una promesa y una certeza:
"Hasta pronto. Para que nunca subestimes la diferencia que has marcado y todo lo que has aportado a las personas que has tenido cerca. Te echaremos de menos".
En este tránsito hacia nuevos horizontes, Carmen no ha estado sola. Ha vivido el homenaje arropada por los pilares de su propia vida: su madre y su hermana, testigos orgullosas del cariño que la enfermera ha sembrado en esta localidad.
La jornada también ha servido para el reencuentro profesional y la complicidad entre compañeras de vocación. Nieves García, quien compartiera guardias y desvelos con Carmen en el centro médico de Vitigudino hasta su jubilación hace algo más de dos años, ha querido estar presente, cerrando un círculo de compañerismo que perdura más allá de la vida laboral activa.
El acto ha concluido con un aperitivo compartido, un último brindis por la amistad que pone el broche de oro a más de una década de servicio. Carmen Diez se marcha de Valderrodrigo, pero la diferencia que ha marcado, como bien rezaba en el corazón de madera, se queda para siempre entre sus vecinos.