El emblemático establecimiento de la Plaza Mayor de Alba de Tormes baja la trapa tras 68 años de actividad. Eduardo y Milagros González ponen fin a una etapa marcada por su cocina tradicional y su papel como centro social de la villa.
La Plaza Mayor de Alba de Tormes dice hoy adiós a uno de sus referentes más queridos. El bar La Terraza ha cerrado sus puertas definitivamente, poniendo fin a una trayectoria que abarca casi siete décadas de servicio ininterrumpido en el corazón de la villa ducal. Eduardo González y Milagros González y sus hijos se despiden así de una clientela que ha abarcado a varias generaciones de albenses y vecinos de la comarca.
La historia de este emblemático establecimiento se remonta a hace 68 años. Según rememora Milagros González, los orígenes del local se vinculan a su suegro, Adolfo González Sánchez. "Mi suegro cogió este local siendo ya un bar", situando el inicio de la actividad hostelera en una época donde el negocio fue impulsado inicialmente por Adolfo, su esposa y su hijo Pepe, sumándose posteriormente Adolfo hijo, conocido popularmente como 'Dolfi'.
El relevo generacional ha marcado las diferentes etapas de La Terraza. "Mi suegro se jubiló en el 83, cuando nos casamos nosotros", detalla Milagros. Desde ese momento, la gestión pasó a manos de la siguiente generación, consolidándose la estructura actual tras la jubilación de los otros familiares en 2008. "Y ya nosotros llevamos desde el 2008, nosotros solos", apunta Milagros sobre esta última etapa que ahora concluye.
Más que un simple bar, La Terraza ha ejercido como un verdadero centro neurálgico para la vida social de la zona. Su ubicación estratégica en la Plaza Mayor y su proximidad al antiguo juzgado lo convirtieron en un punto de encuentro ineludible. Eduardo González recuerda cómo "los juicios" atraían a multitud de personas al local, que funcionaba como "un bar de comarca" donde agricultores y vecinos de los pueblos aledaños acudían con asiduidad: "Al final, algún día de la semana, todos venían".
En el recuerdo de sus clientes quedará grabada su oferta gastronómica, especialmente sus tapas tradicionales. "Los sesos y el tocino era lo que era más se pedía y se vendía", señala Milagros, destacando que la receta de los sesos es una herencia directa de su suegra que han mantenido intacta "toda la vida". En tiempos más recientes, el establecimiento también se hizo popular por sus "croquetas", una especialidad que se convirtió en otro de los reclamos del local.

El edificio también guarda ecos de la evolución del ocio en la villa. La planta superior fue durante años un refugio para la juventud y las parejas, donde el padre de Eduardo instaló una televisión y se ponía música. Asimismo, el bar fue escenario de las tradicionales "corroblas", aquellas reuniones nocturnas protagonizadas por el vino y los cánticos que definieron una época.
En su despedida, Eduardo y Milagros han querido enviar un mensaje de profundo agradecimiento. "Voy a agradecer a toda la gente, porque al fin y al cabo has vivido con toda la gente, igual del pueblo que de la comarca", concluye Milagros emocionada, cerrando así un capítulo fundamental en la historia de la hostelería de Alba de Tormes.