Los tres toros de la finca de Alvarillo ofrecieron un juego sobresaliente en la capea vespertina del martes
La ganadería de Sánchez Herrero, cuyos toros pastan en los campos que circundan El Bodón, puso el broche final a su participación en el Carnaval del Toro 2026 con una jornada marcada por la intensidad tanto en las calles como en la Plaza Mayor de Ciudad Rodrigo, transformada una vez más en coso efímero y corazón palpitante de la celebración.
Desde el encierro matinal, los astados dejaron constancia de su seriedad. No fueron toros de paso complaciente: exigieron atención, midieron distancias y generaron momentos de auténtica tensión durante el recorrido, un carácter que se prolongaría después en la plaza y también en el desencierro, como si cada aparición respondiera a una lógica interna de poder y territorio.
La capea de la tarde alcanzó su punto más alto con la salida de los tres toros presentados por el ganadero: animales de presencia imponente, bien armados y con una bravura franca que obligaba a quienes se situaban frente a ellos a un ejercicio constante de cálculo y decisión. Recortadores y maletillas, conscientes del prestigio implícito en cada lance logrado, disputaban el terreno con una mezcla de arrojo y técnica, buscando arrancar los mejores momentos a unos astados que respondían con rapidez, arrancándose con determinación en cuanto percibían un gesto, un cite o una mínima provocación.
A medida que avanzaba la jornada y la noche se instalaba sobre la plaza, el ambiente adquirió un tono casi elegíaco. Los tablaos permanecían llenos, no solo por la calidad del espectáculo, sino por una sensación compartida de inminente despedida. Había en el aire una nostalgia anticipada, como si el público supiera que levantarse del asiento equivalía a aceptar el final del ciclo, a iniciar ese largo intervalo que no se cerrará hasta el Carnaval del Toro de 2027.
El desenlace llegó con la sobriedad propia de los ritos que se repiten desde hace generaciones: toros y cabestros abandonaron el recinto por la calle Madrid, y tras ellos se fue apagando el eco de una tarde intensa, dejando en la memoria colectiva la huella de una ganadería que, una vez más, hizo honor a la palabra esencial de la fiesta: respeto.