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¡Viva Venezuela!
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Festival domingo Carnaval | La Crónica de Paco Cañamero

¡Viva Venezuela!

Publicado 16/02/2026 00:59

Entre tanta multitud y caras conocidas, estaba presente por la vieja Miróbriga casi toda la torería andante de Salamanca, además de otra de las dos Castillas —sumada a la llegada de diferentes contornos—, pudiendo ver a Manrique, Luguillano, Pedrito de Portugal, El Tato, Julio Aparicio, Joselillo, Andrés Sánchez, Robleño… porque el Carnaval es Tauromaquia, en la mejor fiesta del mundo alrededor del toro.

Una de las muchas grandezas que encierra el Carnaval del Toro es la llegada de gentes de los más recónditos lugares; aunque los reyes siguen siendo los vecinos portugueses —los del país irmão—, que tradicionalmente dominaban el martes, ahora, con las nuevas modas, frecuentan más el fin de semana para compartir esas calles junto a muchos franceses aficionados al festejo popular, de Las Landas la mayoría. Sin olvidar que en los últimos años cada vez proliferan más sudamericanos, con numerosos colombianos, mexicanos, venezolanos, peruanos… residentes en España y que acuden para disfrutar de las mejores fiestas entre la hospitalidad de la población farinata.

Ayer, como además toreaba un venezolano y en ese país se han vuelto a abrir las puertas de la ilusión, era una dicha verlos —muchos con la bandera de su patria sujetada a la cintura— y, desde que comenzó el festejo, clavar la mirada en Vanegas, que ha venido a España a intentar sentarse en la silla de Curro Girón, de César Girón —por cierto, los Girón fueron muy queridos en Ciudad Rodrigo por su vinculación con la familia ganadera Rodríguez Pacheco—, o de Morenito de Maracay.

Además, como se alzó triunfador, hasta se escuchó algún ¡Viva Venezuela! mientras daba la vuelta al cuadrángulo, que era un grito de esperanza a una nación hermana que acaba de salir del terror de una dictadura.

Iniciaron el tradicional paseíllo los miembros del Bolsín Taurino y casi sin darnos cuenta ya estaba el primer eral en la arena, del que gustó la capa albahía para mostrar enseguida su buena condición desde que Íñigo Norte se abriera de capa para lancearlo con buen aire. Fue el preámbulo de una faena intermitente, templando con decoro las largas embestidas, mejor aún por la diestra, sin acabar de verlo con la zocata y donde no faltó la rúbrica de las manoletinas finales.

En la faena dejó detalles de su buen concepto, pero jugó muy en su contra abrir plaza y no estar la gente aún acomodada, junto al puntillero, que tardó en dar muerte a la res, por lo que su premio quedó reducido a unas palmas, corto a todas luces para este torero dinástico.

También de capa albahía era el segundo, frente al que estuvo un bullidor Vanegas, muy en el estilo de la escuela venezolana, con variedad capotera y espectacularidad en el tercio de banderillas. Después, con la muleta, siempre queriendo ir a más, sin dejarse nada para atrás y llegando a la gente, que ya se había calentado. Todo gracias a ese otro Orive de enorme clase y que embestía con alegría sobre los dos pitones. Como anduvo fácil y suelto con la espada, cortó dos orejas.

Para Francisco Rodríguez Perera, de Badajoz, fue el tercero, ya de capa negra, con el que se lució en el saludo de capa, ante otro Orive de gran clase, con humillación y sin cansarse. En la faena de muleta se plantó con seguridad el muchacho de Badajoz —otra veta más de esa inagotable cantera torera— para cuajarlo por ambos pitones en un trasteo asentado en el mismo centro del ruedo.

El chaval, que había estado bien, comenzó a buscar adornos y ahí ya anduvo más perdido que un taxista en la selva, mientras alargaba la faena, rubricada en un intento de manoletinas, de las que salió volteado, y ya no encontró las notas de la buena sinfonía ante un novillete que quería más. También salió arrollado en la suerte suprema y cortó una oreja; mientras el arrastre, que era merecedor de mayor premio, fue ovacionado.

Con la tarde embalada salió el cuarto, que fue el de menos condición del magnífico encierro enviado por Alberto García Orive desde los campos de Villares de Yeltes y que fue a las manos del palentino Pedro Caminero, nieto del empresario taurino y ganadero Simón Caminero, quien varios años en esa misma fecha organizó el encierro a caballo.

El chaval, del que enseguida se aprecia facilidad, no se acopló con el capote, punteándole el percal. No por eso se arredró; es más, firmó un buen inicio de faena doblándose bien por abajo y con actitud en su planteamiento, hasta la medianía, cuando insiste por el pitón izquierdo y es arrollado dos veces, para volver a plantarse por ese mismo lado ante un eral que no tuvo la clase de los precedentes y él también alargó hasta el punto de escuchar un aviso.

Y ya de postre, por segundo año, volvía el rejoneador Víctor Herrero, de la vecina villa del Bodón, quien también anduvo decoroso, sin pesarle la plaza y resolviendo con oficio cuando se le rajó su novillo. Espoleado por muchos amigos y paisanos, se alzó triunfador sobre sus briosos corceles al cortar dos orejas y dejar un buen ambiente.

Y con ello, mientras las cuadrillas marchaban, con el frío adueñándose del ambiente, mucha gente desfiló en busca de un caldito caliente, porque el Carnaval entra en su ecuador y lo mejor está por venir, mientras los venezolanos celebraban el triunfo de Vanegas, que era también el triunfo de la ilusión de un pueblo tan necesitado de alegría.

FICHA DEL FESTEJO

Ganadería: Se lidiaron cuatro reses de Orive, de muy buena presentación. Excelente segundo y tercero; enclasado el primero y el de peor condición, el cuarto. El segundo fue premiado con la vuelta al ruedo. En quinto lugar se lidió uno del Canario para rejones, bien presentado, aunque rajado al final.

Íñigo Norte: Palmas.

Fernando Vanegas: Dos orejas.

Francisco Rodríguez Perera: Oreja.

Pedro Caminero: Silencio tras aviso.

Víctor Herrero: Dos orejas.

Ambiente: Lleno total en tarde nublada y muy fresca al final.

HOJA DE RUTA

Ciudad Rodrigo era una fiesta, parafraseando al genio de Ernest Hemingway en la magnífica novela que escribió para loar a San Fermín. Aunque el día amaneció algo gris —en los ánimos estaba muy presente el dolor aún vivo por la muerte de Taquio—, lo cierto es que durante la mañana no cabía un alma y fueron muchos los forasteros que debieron aparcar bastante lejos de las murallas para ir desde allí hasta la magia del Carnaval en el día más grande del año farinato, el domingo gordo, el del encierro a caballo, que es el acto de la programación que más gente atrae; o el del Bolsín, que en esta fecha hace el tradicional paseíllo desde el Árbol Gordo hasta la Plaza Mayor para presentar a sus triunfadores.

Mi reconocimiento a cuantos forman parte de esta institución taurina que alcanza sus 70 años con su bandera ondeando a los vientos del prestigio.

Eso sí, entre tanta multitud y caras conocidas, estaba presente por la vieja Miróbriga casi toda la torería andante de Salamanca, además de otra de las dos Castillas —sumada a la llegada de diferentes contornos—, pudiendo ver a Manrique, Luguillano, Pedrito de Portugal, El Tato, Julio Aparicio, Joselillo, Andrés Sánchez, Robleño… porque el Carnaval es Tauromaquia, en la mejor fiesta del mundo alrededor del toro.