Estamos en precampaña electoral, bueno, esto es un decir, en campaña electoral o precampaña, que viene a ser lo mismo, estamos todos los meses del año, todas las semanas de los meses, todos los días de las semanas y todas las horas de los días, por eso, tanto los que aspiran a gobernarnos como los que aspiran a no dejar de hacerlo, llegan a las urnas con las tareas pendientes, pero ¿qué pasará en esta ocasión?
Pues si echamos una ojeada hacia atrás, seguramente encontramos la respuesta.
¡Ay Extremadura del alma, pero qué diantres habrás hecho para que los políticos te traten tan mal! El 21 de diciembre de 2025 se celebraron elecciones autonómicas.
La presidenta Guardiola, todavía en funciones y Dios sabe hasta cuando, no podía hacer con los señores de Vox todo lo que quería hacer por sus “queridos extremeños” y decidió adelantarlas para gobernar con mayoría. Muy segura del éxito no debía estar cuando la víspera se fue a la Montaña de Cáceres para llevarle a la patrona de la ciudad un ramo de flores, pero el domingo por la noche, la Virgen de la Montaña, que así se llama, le dijo a través de las urnas que ella entendía de devotos, no de votos, y por no querer caldo, se tuvo que tomar tres tazas de un sorbo. Dicen los que saben más que yo de esto que perdieron todos: ella, los de Vox y los ciudadanos.
Pero para mí que los únicos que perdieron fueron los ciudadanos, porque son ellos los que tuvieron que pagar los no sé cuántos millones de euros que costaron las elecciones, y los que tendrán que volver a pagarlos en el caso de que haya que repetirlas que está dentro de lo posible.
Aragón decidió seguir los pasos de Extremadura. Los políticos, sean de un lado o sean del otro, cuando son incapaces de resolver los problemas y los problemas saltan a la vista, recurren a convocar elecciones, toque o no toque.
No sé si será para justificar el sueldo que cobran, no sé si será para responsabilizar a los ciudadanos de lo que tienen que responsabilizarse ellos, lo único palmario es que lo hacen porque no tienen que poner dinero de su bolsillo. Confieso que empecé a seguir la campaña como de costumbre, no porque a mí me interesen los políticos, sino porque yo, como ciudadana, sí le intereso a ellos, pero una concejala valenciana del PP aprovechó un mitin en Teruel para llamar a pleno pulmón “hijo de puta” a Pedro Sánchez y dejé de hacerlo.
Cuando se me pasó el enfado repasé la prensa y parece que la “educadísima” concejala pidió perdón a su partido, pero el señor Feijóo se lo ha agradecido diciéndole que siga tranquila, que no pasa absolutamente nada, que estaba expresando su opinión. Normal.
Para este señor que sigue empeñado en gobernarnos lo más importante es que los suyos sepan insultar firme, alto y claro, y cuanto más graves sean los insultos, más contento lo tendrán.
A lo que sí estuve atenta cuando se abrieron las urnas fue a los resultados: el PSOE perdió votos, el PP también pero fue el que más votos consiguió aunque no los suficientes para poder formar gobierno, y Vox, nos guste o no nos guste, los duplicó. Y ahora a ver qué jota pueden bailar con ellos para no tener que seguir los pasos de la Guardiola.
Y para no ser menos que Extremadura y Aragón, el quince de marzo nos toca a nosotros pasar por las urnas. ¿Qué pasará? Pues según el presidente Mañueco ganará las elecciones por mayoría y en menos que canta un gallo conseguirá que Castilla y León sea la primera autonomía de España.
No ha dicho en qué será la primera, pero se entiende que en materia de sanidad, en servicios sociales, en empleos de calidad, en educación, en cultura, en turismo, etc., porque una cosa debemos tener clara los votantes: a Vox, ni el pan, ni la sal, todo se lo negará por malos.
Pero como él propone y los votantes disponen, o los ciudadanos nos aplicamos lo de escarmentar en cabeza ajena, o pronto nos veremos en un lío como los de Extremadura y Aragón, porque cerrarle las puertas a Vox, se lo crea él o quiera que se lo creamos nosotros, no va a resultarle tan fácil como le resultó ser el primero en abrírselas.
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