Los trabajos de hermanamiento de los astados con los bueyes se desarrollan de forma intensiva pese a las dificultades sanitarias y meteorológicas
La irrupción de la Dermatosis Nodular Contagiosa alteró el calendario previsto y obligó a retrasar hasta los primeros días de febrero la llegada a la finca de Casasola de los toros de la ganadería de don Antonio López Gibaja, procedentes de la localidad cacereña de Oliva de Plasencia. Este contratiempo sanitario ha comprimido los plazos y ha impuesto un ritmo acelerado a los trabajos de "encabestrado" con los bueyes de Lidiarte Charro, una labor paciente y minuciosa que ahora se ejecuta con intensidad diaria.
A la premura se suma un invierno poco complaciente. Las jornadas de lluvia dificultan las faenas de campo, imprescindibles para que los toros se familiaricen con los mansos, los caballos y los jinetes que los acompañarán en su traslado. El encabestrado no es solo una técnica ganadera: es un proceso de aprendizaje mutuo, de repetición y confianza, en el que el tiempo suele ser el mejor aliado. Esta vez, sin embargo, el tiempo apremia.
Pese a todo, el balance es esperanzador. Juan Luis Perita, jefe del equipo de colaboradores que protagonizará el encierro el domingo 15 de febrero, subraya el buen carácter de los animales y la disposición con la que se está trabajando. “Solo me falta dormir con ellos”, comenta con media sonrisa, consciente de que la frase encierra una verdad esencial: la cercanía constante es clave en estos días decisivos. “Son animales que obedecen y con los que se trabaja bien, y eso facilitará mucho el traslado desde la finca hasta la Plaza Mayor el domingo de Carnaval”.
Perita no ignora, sin embargo, la naturaleza imprevisible del encierro. El campo ofrece una calma que desaparecerá cuando los toros se enfrenten al bullicio, al ruido y a la multitud. “Allí puede cambiar la cosa”, admite. Pero confía en el hermanamiento con los cabestros: lo natural, recuerda, es que los toros sigan a los mansos incluso en un entorno hostil. El trabajo ha sido breve en tiempo, pero extremo en intensidad: movimientos diarios, en ocasiones hasta dos veces al día. “No había otra forma de hacerlo. Ha sido poco tiempo, pero muy, muy intenso. Esperemos que todo salga bien”.
A seis días del evento, las incógnitas permanecen abiertas. La Agencia Estatal de Meteorología anuncia lluvias para el domingo, un factor que podría condicionar el desarrollo del encierro. Como ocurre con el comportamiento de los propios toros, nada puede predecirse con absoluta certeza. En esa incertidumbre, donde se cruzan la técnica, la experiencia y el azar, se juega buena parte del pulso de una tradición que vuelve a ponerse a prueba.