La final de este domingo en vez de los 5 novillos anunciados sólo han podido lidiarse 4 con lo que han sido 8, en vez de 10, los aspirantes clasificados.
Pese a los negros nubarrones que amenazaban esta 70ª edición del Bolsín Taurino Mirobrigense, borrascas interminables, problemas sanitarios y exigencias administrativas, las cosas han podido desarrollarse, casi, según lo previsto. Y digo casi porque algunos cambios si que han tenido que realizarse. La semifinal del sábado tuvo que celebrarse en un ambiente de tapia, frio y barro en la propia finca de los ganaderos Sánchez Herrero que siempre están ahí para cuándo y lo que se necesite. A estos sí que debería hacérsele un monumento ahí mismo donde se ha instalado la insulsa, anodina y nada identitaria estatua de toro y corredor que lo mismo vale para esta como para cualquier otra ciudad.
En la semifinal y en unas condiciones dantescas se las vieron 12 aspirantes con un encierro de 6 vacas serias, bravas y exigentes y en el lodazal en que se había convertido el piso de la plaza de tientas se volvió a constatar la realidad de esta edición; y es que quizá no ha habido un novillero que haya arrasado desde el primer momento convirtiéndose en indiscutible favorito pero si que ha habido un puñado de chicos con unas buenas condiciones para no desmerecer al que es el primer y mejor Bolsín Taurino de cuantos se celebran.
Otro de los contratiempos acaecidos ha sido que para la final de este domingo en vez de los 5 novillos anunciados sólo han podido lidiarse 4 con lo que han sido 8, en vez de 10, los aspirantes clasificados.
Es indiscutible que celebrar la final con novillos le otorga al acontecimiento la importancia y la seriedad que la ocasión requiere. Es un salto de calidad que vuelve a poner tierra de por medio entre este y otros certámenes. Más si tenemos en cuenta que los ganaderos se lo toman como un reto más que un compromiso y como ha venido sucediendo, en líneas generales, envían a la placita de tientas del Hotel Conde Rodrigo unos ejemplares más que aceptablemente presentados.
Abrió la final un precioso novillo jabonero de la ganadería de Valdeflores que además de acudir tres veces alegre al caballo desarrolló nobleza y templadas embestidas, con el mérito de ir a más, de sacar el fondo de su bravura hasta el final.
No podían faltar tampoco en esta ocasión los Sánchez Herrero con un novillo burraco muy bravo, humillador y encastado que tuvo el defecto de aburrirse a mitad de su prueba y no terminar de demostrar las excelentes condiciones que apuntó hasta ese momento.
Al castaño listón lidiado en tercer lugar, el más terciadito del encierro, le sucedió que siendo bravo, pronto y repetidor no acabó de embestir con la entrega y clase que apuntaban sus bonitas hechuras.
El último novillo, es de los que no se le van a olvidar fácilmente a los dos chicos que tuvieron que vérselas con él. A uno porque quizá lo ha quitado y a otro porque lo ha puesto.
Casualmente sacaron los dos primeros números los alumnos de la escuela taurina de Salamanca. Iñigo Rebaque después salir despedido por los aires se vino arriba y logró un par de tandas lucidas al natural. El venezolano Yeferson Fernando Vanegas le cogió muy bien el sitio y la distancia al de Valdeflores y en una faena de raza demostró que está para más cosas.
De la afamada y prolífica escuela taurina de Badajoz llegaba Francisco Rodríguez Perera. Tan dispuesto como siempre su labor no acabó de coger la altura acorde con la condición del animal. Tampoco el guipuzcoano Ekaitz Moreno consiguió realizar la faena que el mismo hubiese pretendido, pero es que la experiencia es un factor importante.
Fiel a su costumbre el de Guadalajara Jaime Torija, comenzó la faena rodillas en suelo y en lo que parecía ser la promesa de algo importante no pasó de ser una labor voluntariosa sin el lucimiento del que tiene tantas condiciones para haber presentado su candidatura al triunfo final.
Pedro Caminero, a ese mismo novillo, le corrió suave y templado la mano izquierda. No fue lo mismo por el otro lado, pero deja este chico la sensación de solvencia y seguridad que le van a allanar el camino.
Con el incierto, peligroso y encastado novillo cuarto le había tocado en suerte al cauriense (Coria- Cáceres) Manuel León. Fino y distinguido novillero de la escuela de Badajoz que entre detalle y detalle de su calidad se llevó dos feos ‘volteretones’. No se dieron las cosas como a él y a muchos nos hubiese gustado. Pero la tarde deparó la agradable sorpresa de que el aspirante francés, Clovis Germain le cogió la distancia y el pulso al novillo y en una vibrante y comprometida actuación logró poner de acuerdo, a su favor, a los allí presentes.
Uno que no es ningún Mesías, nada más terminar el tentadero se fue a la cafetería del Hotel para pulsar y poner oídos en la opinión de los aficionados que en corrillos comentaban que lo mejor había sido el primero (el novillo) y el último (el novillero). Pues eso. J.CID