El efímero coso taurino mirobrigense va tomando forma entre jornadas maratonianas y breves treguas del cielo
Ni la persistencia de la lluvia ha logrado frenar el pulso de la tradición. El coso taurino mirobrigense, arquitectura fugaz levantada a golpe de oficio y memoria, va cobrando forma en una carrera contra el tiempo y el mal tiempo. La construcción de los emblemáticos "tablaos" no solo no se detiene ante las inclemencias meteorológicas, sino que se acelera, adaptándose a cada respiro que concede el cielo.
Durante la tarde y la noche del viernes, numerosos constructores aprovecharon cada intervalo seco para dejar rematados —o muy avanzados— sus "tablaos", prolongando el esfuerzo hasta bien entrada la madrugada. La mañana del sábado ofreció una breve pero valiosa tregua: hasta las once, la lluvia respetó el trabajo febril de quienes sabían que cada minuto contaba antes de que el agua volviera a imponerse.
Cuando la lluvia regresó, ya con la faena iniciada, ni propietarios ni colaboradores abandonaron su empeño. Bajo el aguacero, extremando precauciones y ajustando los ritmos, se alternaron pausas obligadas con nuevas arrancadas, retomando la labor en cuanto el chaparrón aflojaba. La escena, repetida una y otra vez, hablaba menos de prisa que de compromiso.
La ilusión compartida y el compañerismo hicieron frente al mal tiempo. Lejos de deslucir una tarea ancestral —reconocida como Bien de Interés Cultural por la Junta de Castilla y León—, la lluvia subrayó su carácter colectivo y resistente. Así, en estos días decisivos que preceden a la llegada del Carnaval, el coso taurino continúa levantándose tabla a tabla, como cada año, fiel a una tradición que se construye con madera, esfuerzo y perseverancia.