Tras la lectura de "Niebla" de D. Miguel de Unamuno, observamos la revelación de que todos podemos ser entes de ficción. Aunque no todos valemos para ficcionar o documentar. Últimamente, sobre la vida y muerte de D. Miguel, se están disparatando vetustos y noveles escribientes o escribidores, imitando serlo. Pero eso es otra historia e histeria: tener que soportar tales patrañas y el vil desprecio, ridiculizando, a todo lo unamuniano.
A un relato de ficción, lo mínimo que se le puede pedir es que esté bien escrito. Y algunos de ellos sobre Unamuno no hay por donde cogerlos. Ha comenzado una especie de torneo literario, muy local, estrambóticamente ficcionado sobre D. Miguel. ¡Y eso va a más, desgraciadamente! Auspicio un mal futuro a estas prácticas novelescas…, que suelen concluir en pésimas noveluchas.
Sí, el autor de dos de ellas, Luigig Verines, se las inventa y/o las distorsiona, a su criterio, vamos, a su bola, en los casos detectivescos de Unamuno. Sí, ficciona muchas cosas, pero no siempre lo hace a partir de un riguroso conocimiento histórico y con el objetivo de rellenar los huecos que la historia oficial dejó vacíos. Estas novelas, o cuentos, son una calculada mezcla de ficción histórica y novela negra con intensidad narrativa tramposa. O sea, pone en marcha una sarta de "habladurías", con distorsión de la realidad y de la documentación. O sea, eso de "…me dijo una vez cuando era niña, la amiga de la vecina del piso de arriba, que se lo confirmó años después su nieta que a la vez…". Como vemos, todo muy alejado de las nivolas, escuetas, austeras y existencialistas de D. Miguel.
Pero este afamado escribiente y profesor no puede estar en misa y repicando a la vez… No se puede (o no se debe) estar en una comisión de investigación como un GTC de la USAL, seria, académica, y a la vez novelar con lo averiguado, adulterando la realidad investigada o buscando una ficción espectacular para ganar "pasta gansa" sobre las extrañas circunstancias de la muerte de D. Miguel.
En fin, Luigig Verines nos cuenta patochadas, ficciones increíbles o plagios, etc. Y es que novelar cansa, y más aún, trabajar e investigar y deducir correctamente.
Demasiadas películas, teleseries, culebrones y novelas (por no decir noveluchas) de suspense y detectives se nos echan encima para aclarar la vida y muerte del pensador
vasco-salmantino. Casi todo es un asqueroso hackeo y/o plagio de numerosos autores y biógrafos, sin que sepamos si es de cosecha propia o no de Luigig Verines, que no lo es. Y regodeándose en la narrativa de la ridiculización y de la deshumanización de la figura de Unamuno, con el objetivo de extraer de ello buenos réditos económicos y sociales.
El certamen local de las elucubraciones sobre Unamuno, detective, y sobre su muerte, ha comenzado. La invención de una nueva imagen o figura icónica sobre Unamuno ha resurgido con fuerza y descaro. Destaquemos a los más combativos autores, tales como el citado Luigig Verines, o Federico Albo, o Mr. Potato Severus, o "Castrorojo", y más.
Y según estos narradores fantásticos o fanáticos, novelescos, antes citados entre otros, son varios los sujetos/as que desfilaron la tarde del 31 de diciembre, año viejo, cuando murió D. Miguel en extrañas circunstancias. Desde las 4 de la tarde a las 5, una hora, pasaron más de 4 personajes por la casa de Unamuno. Y sin enterarse nadie, subieron y bajaron. No se percataron ni los guardias vigilantes del portal ni los vecinos, ni Aurelia, la asistenta, ni la niña del comercio de al lado, Filomena (no la de la borrasca), ni los camareros del pub Santa Bárbara, que ya estaban abriendo para preparar la fiesta de las 12, las uvas…
Quizás míster Potato Severus sí pudo darse cuenta de algo porque acompañó hasta el portal, dice él, al espía ruso Kim Philby. ¿Algo oiría o vería?
O sea, merodearon por la casa de Unamuno en la calle Bordadores, 4, esa tarde de año viejo, en la que falleció o le hicieron fallecer: B. Aragón, el falangista, el agente ruso Philby, Martin Veloz, el cacique, Delfina, la amante despechada, y cómo no, el famoso tercer hombre, sargento García Giner (agente secreto militar). Y alguno más que se nos escapa… ¿También la otra amante y anarquista, por razones x, secretísimas, Teresa M?
¿Quién de ellos/as asesinó a D. Miguel? ¿Con inyección de aguja en cuello, con cicuta dulce, o con sal de frutas, o con un torniquete a lo garrote vil?
¿Quién de ellos/as atizó el brasero de cisco para que se le quemaran las zapatillas, y D. Miguel se asfixiara debido a los gases del brasero?
¿A ver si el Unamuno detective a lo Sherlock Holmes, el quijotesco sin pipa, fue el que asesinó al Unamuno real, de carne y hueso?… ¿Y andamos dando vueltas como tontos en busca de un siniestro tercer hombre?
En la farsa teatral de Luigig Verines mueren casi todos asesinados, hasta el apuntador: Unamuno, el abogado y profesor jurídico Daniel Carbajo y su mujer Eloísa Cifuentes,
Teresa Maragall, la periodista, anarquista y "eterno amor" de Unamuno, y alguno más… como el tercer hombre, agente militar García Giner.
Solo queda vivo el abogado penalista Manuel Rivera Jambrina, familiar de Luigig Verines, seudodetective… de muertos y entes de ficción, nada reales.
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