Las ciudades y los conjuntos históricos se enfrentan a profundos cambios funcionales y sociales, al configurarse como realidades urbanas donde conviven en tensión permanente, la tensión del cambio, viejas y nuevas funciones. La conservación y la gestión de las ciudades históricas manifiesta dificultades para integrar las arquitecturas contemporáneas y también para adaptar los paisajes del pasado a las nuevas funcionalidades. En la ciudad histórica, entendida como realidad viva y dinámica, las políticas de protección y recuperación, para ser eficaces, tienen que dotarse de instrumentos capaces de regular la tensión existente entre unas estructuras físicas más o menos rígidas y unas realidades socioeconómicas y culturales cambiantes.
La recuperación y gestión integradas tienen dificultades para consolidarse debido, entre otras causas, a un cierto descuido de las dimensiones sociales y funcionales. Por ello, antes de adentrarse en las cuestiones relacionadas con la recuperación urbana y de profundizar en el papel que el patrimonio y el turismo puedan tener en este proceso, hay que clarificar una cuestión central: ¿cuál debe ser el papel de los conjuntos históricos y del patrimonio en las estructuras urbanas y territoriales del siglo XXI?
Los ámbitos patrimoniales, además de referentes simbólicos y culturales, son piezas de una realidad territorial diversa y compleja. El debate sobre la recuperación no debería disociarse, por tanto, de los cambios funcionales y sociales . La recuperación y reutilización productiva del patrimonio cultural, en el marco del reforzamiento de las centralidades turísticas, simbólicas y culturales, requiere, por tanto, superar los meros enfoques de recuperación física, más aún en el caso de ámbitos patrimoniales, como es el caso de Lorca, donde el seísmo del 11 de mayo de 2011, por un lado, ha provocado importantes daños patrimoniales y, por otro, ha evidenciado las debilidades y limitaciones de las políticas urbanas hasta ahora desarrolladas. Ahora, de forma excepcional, se plantea la oportunidad de afrontar la recuperación urbana desde nuevas perspectivas, una oportunidad que, si bien surge de una necesidad, que no se puede desaprovechar.
Las ciudades y los paisajes urbanos históricos tienen que y prepararse para integrar funcionalidades emergentes, sean turísticas o culturales, siendo necesario evaluar el impacto de iniciativas y proyectos de naturaleza diversa. Su recuperación activa requiere establecer estrechas conexiones entre las dimensiones arquitectónicas, las urbanísticas, las funcionales y las sociales. Una estrategia verdaderamente innovadora de la recuperación urbana debe tener muy presentes los aspectos funcionales pues el buen uso del patrimonio es la mejor garantía para su recuperación y conservación. La revalorización cultural y simbólica de las ciudades históricas les ha convertido en unos casos, y puede hacerlo en otros, en focos de atracción turística y su patrimonio, impulsado por el turismo, trasciende la dimensión cultural y se transforma en un importante recurso productivo. El turismo, en cualquier caso, genera cambios funcionales y sociales que es necesario contemplar-
Imagen Santiago Buyón Vera
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