En las últimas semanas, todas las tormentas, las atmosféricas y las políticas, nacionales e internacionales, se han precipitado sobre España. Incluso cortos tifones nos han dejado a muchos habitantes del sur, del este, del oeste, del norte, sin respiración, temerosos de la siempre sorprendente naturaleza, que solo con gran dificultad pueden predecir los servicios meteorológicos.
La naturaleza humana es, según la etapa histórica en la que intentemos comprenderla, aún más impredecible que la Naturaleza. Ningún politólogo ha podido predecir que cinco años después del 2020, el año del Covid19, una numerosa parte de la comunidad internacional de naciones estuviera “patas arriba”, algunas sufriendo experiencias bélicas y casi todas con tensiones internas, como viviendo al filo de graves conflictos. Desde el final de la II Guerra Mundial, las naciones de Occidente y del Medio Oriente nunca han estado tan divididas, tan tensas internamente, y la naturaleza humana jamás se ha mostrado tan autodestructiva.
Incluso naciones con resultados muy positivos, que admitirían una visión optimista sobre el futuro, en los campos económicos, educativos, laborales, etc., como España, viven un presente como si estuviéramos al borde de una situación social catastrófica. La Oposición al gobierno de la Nación parece no creer que pronto habrá unas elecciones legislativas y su radicalidad diaria y febril contra el actual Gobierno y su Presidente, parece solo explicarse por una incredulidad de que dentro de un año hay muchas posibilidades de que las derechas ganen las elecciones y puedan gobernar.
¿Qué es lo que impide a los españoles actuales disfrutar de una estabilidad general, que actualmente existe en su territorio, unida a los múltiples problemas que toda sociedad compleja tiene continuamente? ¿El sentimiento de masoquismo heredado de décadas y siglos precedentes? ¿Una deficiente educación social o una ausencia de esperanza impropia de una población educada en el cristianismo? ¿El miedo a invasores invisibles que se apoderarían de nuestras pertenencias y riquezas? ¿Es la población de inmigrantes los terribles invasores temidos, como el actual inestable presidente norteamericano afirma cada día, refiriéndose a su propio país?
Hay dos obviedades en la contradictoria naturaleza humana: la capacidad del ser humano de crear y de resolver inteligentemente problemas y necesidades, y su capacidad de destruir tanto el entorno en el que vivimos como a la propia especie. Diagnosticar correctamente cuál es el problema global que crea la tensión y los problemas particulares de cada nación, sería el inicio de la solución de la inestabilidad y tensión que sufrimos.
Mientras tanto, intentemos individualmente identificar los deseos y los miedos que nos habitan, sabiendo que quizás no sean los mismos que los del vecino, que repite discursos ajenos como si fueran suyos.
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