Si algo le caracterizaba al genial John Lennon era su manera directa y sin tapujos para decir las cosas, tal cuando afirmó que “la vida es lo que sucede cuando estás ocupado haciendo otros planes".
A mis lectores/as de hoy puede ocurrir que le conocieran en vida o no, pero lo que sí es seguro que no pasa desapercibido para nadie, haya o no sido su vida concomitante con la del líder del cuarteto de Liverpool.
La experiencia de todo lo que conozco y de todas las personas con las que he ido cruzándome en la vida, me permite a priori concluir, que no nos detenemos mucho a reflexionar sobre qué es la existencia para cada uno de nosotros, ya que simplemente la vivimos. Lo cual no digo que esté mal esta forma de vivir.
Nos lanzamos a ello, a tener una experiencia vital más cada día, porque el solo hecho de subsistir (no estoy exagerando ni es una visión exclusivamente escéptica…más bien realista), nos exige un esfuerzo físico y mental para adaptarnos a este tiempo obscenamente cambiante. Que no nos da respiro. Que nos vive sorprendiendo el cambio y llegamos siempre tarde a él, y con suerte que al menos nos acoplemos y no nos quedemos en la estación esperando el tren que nunca llegará. ¿Cuántos errores se habrán cometido por estar esperando este tren? A todos nos ha pasado.
Por ello es que el pensamiento de un genio musical y líder de la revolución contracultural de los años 60 del siglo pasado como fue John Lennon, no podía defraudarme. No defrauda a nadie. A medida que transcurren esas pequeñas cosas que vamos haciendo cada día, parece una tautología lo que voy a decir: pero la vida transcurre y va sucediendo sin que nos percatemos. Pero como Lennon nos indica, ni nos damos cuenta, porque estamos haciendo otros planes. Porque creemos, más bien estamos convencidos que vamos por el camino correcto. ¡Y cuántas son las veces que a lo largo de nuestro trayecto existencial deberíamos haber cambiado el rumbo! Estoy seguro que tú también perteneces, como yo, a esta gran mayoría.
Planificamos cosas que nunca llegarán, quizás en un mínimo porcentaje después van a ir sucediendo, pero la realidad es la que va ocurriendo cada jornada, con más o menos aciertos, más o menos alegrías, y por supuesto, con más o menos decepciones. A pesar de nuestras emociones y sentimientos, sigue fluyendo la vida como el agua en nuestras manos. Y si hay algo que aprendemos al ir cumpliendo años, es que no solo fluye, sino que tenemos esa sensación que lo hace más rápido que en épocas pasadas.
Al respecto, no menos incisivo es Stephen King, cuando afirma que “Get busy living or get busy dying” (Ocúpate de vivir o, ocúpate de morir) como alertándonos que la elección es solo nuestra. Pero desde ya que hay momentos que no tenemos elección posible, que esos planes que todos hacemos siguiendo el pensamiento de Lennon, pasan por otro meridiano, como si fuera en un universo paralelo de nuestro destino. Pero ten en cuenta que lo negativo, la decepción, el sentirnos defraudados, siempre están presentes y nos impactan en este mismo lugar en el que nos encontramos. No van a ningún espacio virtual, sino al real, al que vivimos en el día a día. Y el solo hecho de ser conscientes de estos sentimientos, también nos hace estar vivos, o sea, transcurre nuestra existencia y algo de ella nos contentamos con poder controlar.
Thomas Alva Edison (1847-1931) que fue un inventor, científico y empresario estadounidense, tenía como premisa básica de sus actuaciones un pensamiento que seguramente lo habrás leído alguna vez: “muchos ???de los fracasos de la vida son de personas que no se dieron cuenta de lo cerca que estaban del éxito cuando se dieron por vencidos." O sea, renunciar a algo en el peor momento. Pero no debemos martirizarnos, porque el sentido de oportunidad no es una de las virtudes más abundantes en el género humano.
Y si lo apuntamos este pensamiento de Edison a nuestro día normalito, para ver si somos capaces de darnos cuenta que hemos elegido el sendero correcto, o por contrario, nos produce gran decepción pensar que en la empresa actual y con el equipo con el que trabajamos, poco o más bien, nulas posibilidades de crecimiento vamos a tener en el futuro. También es cierto, que una mayoría de personas advierten esta situación, pero al tener responsabilidades familiares no se animan a dar el gran paso. Hacer el cambio.
Ese punto en el que vemos el horizonte que siempre soñamos, pero que, en un momento somos conscientes que hemos fallado en las prioridades, le hemos dado la vida a una cosa (o a una persona) que, en realidad, ni terminó representando todo lo que en ella nos habíamos fijado y entusiasmado. Y darnos cuenta de esto nos deprime y nos provoca desesperanza.
Una y otra vez, lo miremos como lo miremos, volvemos a las cosas que suceden mientras nos entretenemos y soñamos con planes que no llegan.
Del mismo modo que cuando circulamos con el coche y debemos detenernos ante una señal de STOP que tenemos delante para poder ver con seguridad que podemos seguir circulando, esta precaución bien empleada en nuestra vida para todos nuestros actos, que nos haga ser cautos, pero no demasiado temerosos, generalmente nos hace acertar.
Por ello, lo que tenemos que lograr es que nuestras acciones sean prudentes al mismo tiempo que decididas. Que hay que avanzar, pero tener claro hacia dónde vamos. Que vamos en la dirección correcta y que tenemos la compañía de la cual estamos seguros que es la adecuada, sea en el plano personal o laboral.
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