Se rindió homenaje a los matanceros de honor de este año, distinción que recayó en Julián Molinero e Inés Bernal, en reconocimiento a su vinculación y compromiso con esta tradición
El tiempo quiso aliarse este sábado con Saelices el Chico y concedió una tregua propicia para que el municipio celebrara una de sus citas más arraigadas: la Matanza Tradicional. La jornada, marcada por la convivencia y la evocación de los rituales de antaño, estuvo auspiciada por la Diputación de Salamanca en colaboración con los ayuntamientos de la provincia y contó, en esta ocasión, con el respaldo activo del consistorio local y de la Asociación Cultural Caño Viejo.
Desde primeras horas de la mañana, el entorno ofrecía una estampa difícil de olvidar. El puente medieval y el río Grande, crecido y generoso en agua —elemento indispensable en las labores matanceras—, sirvieron de escenario natural a una celebración que reunió a vecinos y visitantes en torno a la memoria compartida de la vida rural.
Al son de la gaita y el tamboril de Diego González, de Monsagro, hombres y mujeres ataviados con ropa de faena y trajes tradicionales animaban el ambiente entre bailes improvisados, el calor de la lumbre y el aroma inconfundible de las chichas recién separadas tras un meticuloso despiece del cerdo. La música, constante a lo largo del día, actuó como hilo conductor de una ceremonia que fue, al mismo tiempo, demostración práctica y acto festivo.
El público pudo seguir de cerca cada una de las fases del proceso. A las diez de la mañana comenzó el chamuscado y raspado del cerdo, paso previo al despiece, que despertó especial interés entre los asistentes. Más tarde llegaron el picado y el adobo de las carnes, una de las labores más características y simbólicas de la matanza tradicional, en la que se concentra buena parte del saber transmitido de generación en generación.
Para reponer fuerzas, a las once y media se sirvió un almuerzo matancero acompañado de vino caliente. Ya a las tres de la tarde tuvo lugar la comida popular, protagonizada por unas contundentes patatas meneás, para cuya degustación se estableció una colaboración de diez euros. La sobremesa se prolongó con una animada rifa y la subasta de varios lotes del cerdo, uno de los momentos más esperados de la jornada.
Fue entonces cuando se rindió homenaje a los matanceros de honor de este año, distinción que recayó en Julián Molinero e Inés Bernal, en reconocimiento a su vinculación y compromiso con esta tradición. El acto contó con la presencia de representantes institucionales que quisieron acompañar al alcalde socialista de la localidad, entre ellos el cabeza de lista del PSOE a las Cortes de Castilla y León, Fran Díez, y el diputado provincial Carlos Fernández Chanca.
La actividad continuó por la tarde con la elaboración del embutido, que incluyó un taller especialmente pensado para los más pequeños, con el objetivo de acercarles, de forma didáctica, los oficios y costumbres del mundo rural. La música volvió a ser protagonista, nuevamente de la mano del tamborilero Diego González, antes de dar paso a la actuación de Pablo Plaza, que puso el broche final a la jornada con una animada sesión de tardeo.
Como complemento, el público pudo recorrer una exposición de aperos tradicionales relacionados con la matanza, dispuesta en el entorno del escenario, que invitaba a detenerse y contemplar herramientas hoy casi en desuso, pero fundamentales en la economía doméstica de otros tiempos.
Saelices el Chico volvió así a demostrar que la tradición, cuando se vive y se comparte, no es una reliquia del pasado, sino una celebración viva que sigue dando sentido a la identidad colectiva del presente.