
Esta semana el pérfido gobierno progresista de coalición (quizás ya no bolivariano) ha decidido hacer caso de aquella manera a una iniciativa popular, presentada hace unos meses, y poner en marcha una regularización de inmigrantes en situación ilegal. Consecuencia de un acuerdo con Podemos, nada de aprovechar la tramitación de esa iniciativa no sea que se le reconozca a la sociedad capacidad de incidir directamente en política. Por supuesto toda la católica derecha ha saltado como un resorte a oponerse, incluso quienes habían opinado positivamente sobre esa iniciativa.

Evolución de la población por Comunidades Autónomas. Fuente INE.
Entre los dislates escuchados me ha llamado la atención el del franciscano arzobispo de Oviedo, discorde con su Conferencia Episcopal. “Los inmigrantes tienen ntra agradecida acogida. Pero ¿cuántos podemos asumir? Todos no caben y hay q establecer medidas sensatas, no populistas ni demagógicas, para acoger a los posibles descartando a cuantos extrañamente se nos cuelan.” Parece restringir la caridad cristiana, no sé cómo se vincula esto a la imagen del fundador de su Orden. Si bien mirando las estadísticas, se inferiría que Asturias lleva años dejando sitio donde caber.

La diferente fortuna de los diversos territorios de España, siempre me ha gustado más lo de las Españas, indudablemente provoca un impacto diverso en la notable llegada de inmigrantes. Lógicamente se concentran en zonas más venturosas, aunque incluso ayudan a Castilla y León a paliar su negativa deriva despobladora inducida hace décadas. En la práctica corrigen la evolución demográfica de todo el país, con notable descenso de la natalidad y saldo negativo si no fuera por ellos. Tampoco estaría seguro el gozo de nuestra actual prosperidad económica, otra cosa es a cuantos alcanza.

Volviendo a lo señalado la pasada semana sobre desigualdad territorial, la inmigración agudiza esas diferencias. Se concentra en las zonas más dinámicas, básicamente el arco Mediterráneo además de la meseteña macrocefalia madrileña. Por supuesto se debería discutir qué las ha llevado a eso, donde la mano del Estado nunca ha sido inocente. Como síntoma, en un país nada centralista según su historia, construyen un costoso ferrocarril uniendo la agraciada capital del Estado con la costa. Obviando el territorio intermedio, e incluso la interconexión de sus extremos.

Madrid es un grave accidente necesariamente corregible si su vasto entorno quiere volver a ser algo. Ahí sí estaría bien un proceso de despoblación, deteniendo la continua acumulación de personas y recursos, beneficios de la capitalidad. Por poner un ejemplo ferroviario, las estaciones de Chamartín y sobre todo Atocha se han remodelado varias veces con altos presupuestos, mientras La Sagrera en Barcelona va camino de su segunda década en obras. Si a eso le unimos el desastre llamado Rodalies, no es raro el cabreo catalán. Si obviamos pasados beneficios del poder.

Volviendo al tema, un vistazo a la densidad de población hace difícil encontrar el punto para calcular cuantos caben. Comparando la mitad este con la oeste, no digamos con el resto de la Unión Europea, no es difícil concluir que todavía algunas decenas de millones. Con su mundo rural en abandono y ciudades no precisamente grandes metrópolis. Económicamente es débil, a pesar de contar con interesantes recursos como la energía, y mucho campo para hacer cosas. Mejor no relacionados con la mierda en forma de granjas u otros derivados, o con el derroche de agua, por poner algún ejemplo.

Extranjeros, sin papeles e imprescindibles: Una fotografía de la inmigración irregular en España. Informe elaborado por la Fundación porCausa, 2020.
En palabras del responsable del Secretariado de Pastoral de Migraciones y Movilidad Humana de la misma diócesis mencionada, “supone un acto de dignidad humana y social, dando unos derechos a unas personas que ya están entre nosotros. No personas que van a venir, sino que ya están y están trabajando, ganándose la vida pero obligados a hacerlo en condiciones indignas y, en algunos casos, inhumanas”. Por cierto, el 90% llegaron en avión y con visado (de turista habitualmente). Quizás debatir serenamente sobre qué y cómo queremos ser en este país, que dice ser cristiano, sea más útil que estériles diatribas sobre invasiones, inseguridades o robos.

NOTA. Todos los mapas de España se han obtenido en el Atlas Digital de las Áreas Urbanas, al igual que la primera figura. El de Europa en Eurostat, Anuario Regional 2025.
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