La Policía Local mantiene cerrado, por precaución, el entorno del aparcamiento de la pesquera ante el aumento del caudal y peligro por el viento
Las sucesivas borrascas que vienen atravesando la comarca mirobrigense, acompañadas de abundantes lluvias y nevadas en El Rebollar y los Campos de Robledo, han elevado de forma notable el aporte hídrico al río Águeda. Sin embargo, a su paso por Miróbriga, el cauce discurre con un caudal contenido y sin riesgo para las viviendas situadas en sus márgenes.
La única incidencia reseñable se limita a una leve pero vistosa anegación de las zonas tradicionalmente inundables, espacios que permanecen secos en condiciones ordinarias. El agua ha alcanzado el aparcamiento de la pesquera y el área de mesas próxima al río, una situación que, aun entrando dentro de la normalidad hidrológica, ha despertado la curiosidad de numerosos paseantes que se acercan a la ribera para contemplar el volumen del caudal.
Por este motivo, la Policía Local ha decidido mantener cortado el acceso a dicha zona como medida preventiva, atendiendo tanto al aumento del nivel del agua como a la fuerza del viento.
Esta relativa calma del Águeda se explica, en buena medida, por la función reguladora que desempeñan las presas situadas aguas arriba. La de Irueña, pieza clave del sistema, registra en la actualidad una entrada de 36,4 metros cúbicos por segundo y una salida de 28,7 m³/s, lo que permite embalsar 78,2 hectómetros cúbicos de agua sobre una capacidad total de 110. El pantano se encuentra así al 71 % de su volumen máximo, según los datos publicados por la Confederación Hidrográfica del Duero en su página oficial.
Por su parte, la presa del Águeda —de mayor antigüedad, aunque de menor capacidad— presenta un nivel de llenado aún más elevado. Con 12,2 hectómetros cúbicos almacenados de un total de 15,4, alcanza el 79 % de su capacidad. En este caso, la entrada de agua se sitúa en 43,5 m³/s, con una salida ligeramente superior, de 45,2 m³/s, contribuyendo también a la regulación del caudal aguas abajo.
Gracias a la coordinación de ambas infraestructuras, el río mantiene un comportamiento estable a su paso por la ciudad, recordando, una vez más, el papel silencioso pero decisivo que cumplen las presas en episodios de meteorología adversa.