Cada español ingiere una media 2,5 kilos al año de este plato de origen francés que llegó en la Guerra de la Independencia, evolucionando desde una receta de aprovechamiento hasta una propuesta gourmet
El calendario gastronómico tiene marcado en rojo este viernes 16 de enero con la celebración del Día Internacional de la Croqueta. Esta efeméride, que surgió en 2015 a raíz de una campaña de marketing de un restaurante especializado en Madrid, se ha consolidado en la última década como una fecha clave para reivindicar un plato que, aunque nació de la necesidad de aprovechar alimentos, ha alcanzado la categoría de delicatessen en las barras y restaurantes de toda España.
Aunque su integración en nuestra cultura es total, siendo la tercera tapa más consumida del país (solo por detrás del pincho de tortilla y las patatas bravas), las cifras de su impacto son rotundas: se estima que cada español consume de media unos 2,5 kilos de croquetas al año, lo que eleva el cómputo nacional a más de 3.700 millones de unidades anuales.
A pesar de ser un estandarte de la cocina nacional, las raíces de la croqueta son francesas. El término proviene de la onomatopeya croquer (crujir), en alusión al sonido que debe producir el rebozado al morderlo. Los historiadores sitúan su primera aparición escrita en 1691, en el recetario del cocinero francés François Massialot.
No obstante, la versión moderna ligada a la salsa bechamel se atribuye al célebre chef Antonin Carême. El 18 de enero de 1817, Carême sirvió las llamadas 'croquettes à la royale' en un banquete para el príncipe regente de Inglaterra y el Gran Duque Nicolás de Rusia, maravillando a la nobleza de la época.
A España llegaría durante la Guerra de la Independencia (1808), popularizándose inicialmente entre las clases populares como una solución ingeniosa para reciclar las sobras de los guisos y el cocido. Un dato revelador de su integración en nuestra cultura es que la Real Academia Española (RAE) incluyó el término en su diccionario oficial en 1869.
En una ciudad con la tradición hostelera de Salamanca, la croqueta ocupa un lugar privilegiado en las barras. Tanto si se trata de las recetas clásicas 'de la abuela' como de propuestas de autor más innovadoras, este plato es un elemento indispensable en la cultura del tapeo local.
Los establecimientos salmantinos ofrecen desde las versiones más tradicionales hasta creaciones gourmet que incorporan ingredientes como trufa, marisco o incluso opciones dulces. La versatilidad de este plato permite que cada restaurante aporte su toque personal, convirtiendo la croqueta en una experiencia gastronómica diversa.
La versatilidad es la gran virtud de este plato. Aunque el ranking de consumo lo lidera la croqueta de jamón ibérico, seguida por las de setas (boletus), pescado (especialmente bacalao) y pollo, la nueva cocina ha ampliado el abanico de posibilidades.
En la actualidad, es frecuente encontrar en la hostelería propuestas gourmet que incluyen ingredientes como:
Aunque la receta parece sencilla, la ejecución requiere técnica para evitar errores comunes como que queden aceitosas o se rompan. Los expertos coinciden en varios puntos clave para lograr el éxito en casa:
La historia de este plato esconde datos que a menudo pasan desapercibidos y que desmontan algunos mitos: