Fin de año en el aeropuerto. Cristina Peri Rossi
Noche del treinta y uno de diciembre
en el solitario aeropuerto iluminado como un gran árbol de Navidad.
Se escuchan los tenues pasos
de pilotos que desembarcan
rumbo a casa
cargados de paquetes
y las rubias azafatas se deslizan por la cinta mecánica
como por la pasarela de modelos.
Los últimos viajeros
se apresuran a salir
antes de que den las doce
y un año suceda a otro
como las hojas de árboles (Homero: cual la generación de
las hojas
así la de los hombres)
Yo, sin embargo, permanezco.
He encontrado la tierra de nadie
donde el tiempo transcurre sin angustia
detenido como un cuadro
útero materno del cual no salir porque afuera hace frio
hace soledad
hace la guerra
hacen las hipócritas fiestas
de los que aparentan ser felices.
Cuando todos se hayan ido
me miraré en la gran vitrina
del aeropuerto en penumbra
como una iglesia
pasajera que no va a ninguna parte.
Los aviones reposan en la pista, ídolos caídos de una religión
sin sacerdotisas.
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