, 18 de enero de 2026
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Todo depende… ¿Y de qué depende?
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Todo depende… ¿Y de qué depende?

Mi particular apreciación de la ley de la relatividad donde nada es fijo, todo es cambiante. Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. No hay fórmulas fijas para la emoción. Ni para el pase filtrado. Todo puede depender de lo que se nos ocurra en esos momentos.

Xavi Hernández en el Barcelona siempre sacaba algún “chisme” para justificar cosas que no habían transcurrido como él había previsto: la hierba, el aire, la lluvia, el árbitro, el reglamento… La duda es el sistema, el que no duda repite. El que repite sin pensar, juega por mandato. El que juega por mandato, nunca inventa. Un dogma es un fuera de juego mental y aparece cuando uno se adelanta a pensar lo que no puede cuestionar. El fútbol vive de excepciones, cada jugada es una ruptura del guión, por eso el dogma, que vive de reglas, no sabe jugar.

En la pasada Liga 2024/25, ante ciertas carencias defensivas del Real Madrid, quizás también para establecer una crítica fácil a las capacidades tácticas de Carlo Ancelotti, se desplegó un dogma nuevo que consistía en propagar: “Los puntas tienen que defender”. Y la crítica era voraz si Mbappé o Vinicius no oponían resistencia desde sus posiciones avanzadas. El día 19 de agosto, martes, jugaban en el Bernabéu el Real Madrid contra Osasuna. Hubo una jugada en la que Vinicius, viniendo de posiciones avanzadas, robó una pelota a un jugador contrario y fue aplaudido a rabiar. El dogma se cumplió. De lo que nadie se preocupó después fue que Vinicius apenas intentó ningún ataque como es su naturaleza y misión principal. De eso nadie dogmatizó.

El pase más bello es el que no estaba escrito. La verdad futbolística no se hereda. Se construye y se derrumba. “Todo está inventado” es el dogma de los perezosos. La relatividad no es duda vacía, es lucidez en movimiento. Porque siempre he creído que el fútbol que viene necesita menos axiomas y más preguntas.

Por eso mismo deberían surgir muchos “manifiestos de la duda”, de ahí las amplias tandas de frases dogmáticas a desmontar. “Los partidos se ganan en las áreas”, dicen. ¿Y qué pasa en los 80 metros intermedios? ¿Dónde ubicamos la idea, el vínculo, el engaño? Podría ser una frase tan pragmática como las que utiliza el entrenador del Getafe “Esto es fútbol, no ciencia”. ¿Pensar está prohibido? Porque la intuición también merece método. Citaba antes al Getafe, me parece un equipo rocoso, siempre, competitivo, pero con pasajes negativos como la imitación de faltas, la disputa del balón con los brazos por delante, el retardo del fútbol con demasiadas faltas cometidas e imitadas.

Claro, es apabullante cuando la utiliza gente como Valdano o Menotti: “El fútbol es de los futbolistas”. Claro que ellos mismos admitirían “la relatividad” de dicha aseveración porque, ¿el fútbol no es del barrio que lo sueña, del entrenador que lo imagina, también del que lo escribe? Reducirlo tan solo al que juega es quitarle alma al juego.

Así que descubrimos otras “verdades como puños” del fútbol. “El fútbol no tiene memoria”, entonces, ¿Por qué lloramos por Maradona, o por Pelé, o por Di Stéfano, o por Cruyff? La memoria es la trinchera contra el olvido que domestica. Y temporada a temporada, nadie nos apea de aquella frase parecida a “Fútbol es fútbol” de Boskov, pero ésta con mayor incerteza: “Partido a partido”. Quizás debamos concluir que el cortoplacismo es el primo mediocre del miedo.

“Los buenos siempre juegan”, es una máxima indiscutible sellada a fuego. Pero descubrimos de pronto que muchos buenos jugadores se quedaron en el banco por no encajar en el molde. Porque, además, no quieren romper la otra premisa: “Los títulos son lo único que cuenta”, sin alcanzar a razonar por qué recordamos a la Hungría del 54, el Brasil del 82 o el Ajax de Michels y de Cruyff. Fácilmente concluimos “Esto es así desde siempre”, pero todo cambia incluso lo que parecía inamovible, eterno. Antes se jugaba con cinco delanteros y sin cambios, hoy se ha llegado a la excelente conclusión de que los cinco cambios actuales añaden salud a los jugadores y variaciones tácticas necesarias en muchas fases de los partidos pero, normalmente, en el partido, se ataca con un solo delantero.

Porque “el fútbol no tiene lógica”, aunque muchas veces es poética y no matemática. Hace tiempo ya escribí sobre “la ilógica” del fútbol después de leer el libro de Alejandro Scopelli “¡Hola Míster, 12 años después!”. Y también encontré muchos hechos “ilógicos” en los planteamientos técnico-tácticos de Johan Cruyff que, al fin y al cabo, era una manera de sorprender a los contrarios.

Y así sucesivamente, podemos, y debemos, relativizar las cuestiones futbolísticas.

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