El primer toro tuvo que ser devuelto a los toriles mientras que el segundo no dio excesivo juego
Las capeas nocturnas se han convertido en uno de los pocos lunares del Carnaval del Toro 2025: si el Viernes, los astados de Toros de Brazuelas no dieron demasiado juego pese a su imponente cornamenta, el público que tuvo la valentía en la noche del Lunes de encaminarse a la Plaza Mayor tras el fuerte chaparrón que había caído en Ciudad Rodrigo sobre las 22.30 horas se marchó con cierta cara de ‘incredulidad’ por lo vivido.
Como decimos, tras unas horas con el cielo calmado (de 18.00 a 22.00 horas, aproximadamente), Ciudad Rodrigo volvió a recibir la visita de la lluvia, y con cierta fuerza, lo que posiblemente desanimó a muchas personas a subir hasta la Plaza, pese a que ‘no hacía frío’, dándose la circunstancia de que a la postre, durante el tiempo de la capea, no llegó a caer ninguna gota.
Si habitualmente la Plaza se llena con bastante antelación para presenciar desde los tablaos estas capeas nocturnas, en la noche del Lunes no se llegaron a llenar, aunque al menos acabaron por presentar un aspecto aceptable, después de que unos 20 minutos antes estuviesen inusualmente vacíos.
La capea, protagonizada por dos astados de Montalvo (la misma ganadería a la que pertenecían los tres del encierro del Sábado), fue ‘efímera’ para lo que suele ser habitual, por culpa de los propios astados. En lo que respecta al primero, fue devuelto a los toriles al poco de salir, al presentar un defecto, mientras que el segundo todavía permitió algunas interacciones a recortadores y maletillas (éstos fueron muy silbados cuando se dispusieron a entrar en acción), pero con poco juego en general, por lo que no se tardó demasiado en ordenar su retorno a toriles.
En ese momento, el toro se hizo por completo el remolón, tardando un poco más de 15 minutos en regresar a los toriles. Aunque obviamente no se podía repetir el 1º toro y el 2º acababa de entrar y con dificultades, el público pensaba que habría algún ‘Plan B’, pero en los toriles no se disponía de ningún otro toro (los espectadores reclamaron ¡Que salga el Victorino!), siendo José Manuel Jerez el encargado de ‘comunicarlo’ con sus manos desde la balconada de la Casa Consistorial, lo que suponía dar por concluida la capea, para incredulidad del público por la ‘brevedad’, llegando a pitar la situación.