Después de haber conseguido un auge apabullante, la ideología woke no vive precisamente sus mejores horas. Me refiero no solamente a ese despertar que propone frente a todo tipo de injusticias, sino a sus excesos de la teoría de la cancelación, es decir, la silenciación de sus oponentes y otros desmanes que se producen en la política de género, la reescritura de la historia, la presunción de culpabilidad y demás.
Lo woke, digo, surgido en las universidades de Estados Unidos, impuso lo políticamente correcto, la adulteración del lenguaje y el monopolio de las ideas progres. Y encontró un terreno más que abonado entre nosotros. Pero han sido sus desmanes en apabullar a todo lo que no comulgue con esa filosofía los que han propiciado una, de momento, tímida reacción.
Tres ejemplos distintos y muy desiguales entre sí. De un lado el aumento del voto joven de Vox, partido radicalmente opuesto a esas teorías. Otro ejemplo, la vuelta en los regalos de Navidad de juguetes que responden a los parámetros y roles tradicionales de los niños. Un tercero, la reacción molesta con la broma sobre el Sagrado Corazón de Lalachus cuando las doce campanadas en TVE.
Hace poco tiempo, estos fenómenos no se habrían producido y demuestran cierto hastío, incipiente si se quiere, ante los excesos de lo que por englobarlo en cierto modo hemos dado en llamar filosofía woke.
Claro que a otro nivel estas expresiones de fastidio adquieren caracteres más preocupantes. Me refiero al auge de partidos de la derecha más radical, capaces en muchos casos de dar la vuelta a esa política de cancelación y ser ellos los que la practiquen con sus oponentes. Ejemplos no nos faltan. En estados Unidos, la victoria de Trump, con sus postulados reaccionarios, y en Europa el triunfo electoral de esa derecha extrema en países como Italia y Austria y el auge que están cogiendo sus homólogos en Alemania.
Está visto, pues, la posible declinación de la cultura woke provoque una reacción pendular en sentido contrario, cuando lo ideal es la moderación y la aceptación de que el contrario tiene ideas y cosas importantes que aportar aunque no coincidan con las nuestras.
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