Miércoles, 17 de julio de 2024
Volver Salamanca RTV al Día
Nueva Monarquía
X
Al cabo de la calle

Nueva Monarquía

Actualizado 22/06/2024 09:03
Francisco Aguadero

El 19 de junio se cumplieron diez años de la Proclamación de Felipe VI como Rey de España, cuando juró cumplir y hacer cumplir la Constitución, ante las Cortes Generales (Parlamento español) reunidas en el Palacio del Congreso. Fue el inicio de una nueva etapa de la historia de España, nuestra historia. Estamos ante una nueva Monarquía, porque la Monarquía de Felipe VI representa ser la primera Monarquía del régimen constitucional de 1978.

Consecuentemente, Felipe VI es el primer monarca totalmente constitucional de la historia de España. No es preciso recordar que la Monarquía de Juan Calos I se inició en 1975, como heredera del régimen franquista y de prácticamente todos sus poderes. Si bien, hizo un uso limitado de ellos y desde el principio dejó claro su intención de evolucionar hacia una Monarquía parlamentaria, democrática, cosa que se plasmó en la Constitución de 1978, por la que lo Corona española quedó homologada con otros sistemas parlamentarios de nuestro entorno.

Cuestión esta que el propio Príncipe Felipe venía a confirmar en su discurso de juramento como monarca, pronunciado aquel 19 de junio de 2014. Felipe VI decía "Hoy puedo afirmar ante estas Cámaras que comienza el reinado de un Rey constitucional". A la vez que prometía «una monarquía renovada» en la que «la Corona debe buscar la cercanía con los ciudadanos» hasta el punto de que “los españoles se sientan orgullosos de su rey”.

A algunos, este tipo de juramento nos recuerda, salvando el tiempo, las circunstancias, el contexto y la terminología, a aquel juramento de respetar los fueros y libertades, que en 1518 hiciera Carlos I ante las Cortes, reunidas en San Pablo (Valladolid) y en el que estas le venían a decir “mercenario sois del reino, nunca lo habréis de olvidar. Si al servicio estáis del pueblo, el pueblo os lo pagará”, tal y como contempla el gran poeta Luis López Álvarez en su poemario “Los Comuneros”.

La aceptación o no de la Monarquía como forma política del Estado, por parte de la ciudadanía, viene de lejos. La controversia monarquía-república está en la raíz de nuestra historia, máxime en tiempos contemporáneos con la llegada de las democracias liberales y la república como forma política alternativa de Estado. Un debate que se mantiene vivo a lo largo de los 200 últimos años, pero en el que aquí no vamos a entrar. Cada uno tiene su propia opinión, fruto de sus creencias, experiencias, intereses y aspiraciones.

Sí queremos dejar patente que no hay verdades absolutas ni patrones históricos incontestables. A lo largo de los tiempos y también hoy día, hay monarquías que son tan democráticas, o más, que cualquier república, y repúblicas que son más dictatoriales y restrictivas que algunas monarquías. La práctica política, lo que realmente se haga en beneficio del ciudadano y de la sociedad, es lo que marca la diferencia. Se dice, no sin razón, que la Monarquía española actual es la más republicana de todas.

No sabemos a ciencia cierta hasta dónde los españoles estamos satisfechos o nos sentimos orgullosos de nuestra Monarquía, porque no se hacen encuestas públicas o estudios de opinión en torno a esta Institución del Estado que le pongan cifras de satisfacción o descontento. Cada uno la ve y evalúa según su criterio, pero todo parece indicar que hay un gran número de españoles que se sienten orgullosos de su rey. Así lo vendría a indicar el hecho de que Felipe VI es la figura pública mejor evaluada de forma consistente por los españoles.

Esta Monarquía española es una de las mejor evaluadas de Europa, junto con la sueca y la danesa. Supera sus primeros diez años de existencia con buena nota, alto grado de aprecio y admiración. Una concepción de Monarquía muy alejada de aquellas monarquías absolutas de la Época Moderna que durante los siglos XVI, XVII y XVIII se dieron en Europa y que pasaron a la historia con la llegada de la Revolución Francesa, aunque persistiera, por algún tiempo, la aplicando de fórmulas de la teoría política de la Ilustración que hicieron fuera realidad aquella frase tan popularizada que se convirtió en el lema del despotismo ilustrado: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.

El 22 de noviembre de 1975 comenzaba la Segunda Restauración de la Monarquía española, cuando D. Juan Carlos I, tras la muerte de Franco, juró como su sucesor en la Jefatura del Estado y a título de Rey, un caso singular en la historia. La salida de la larga dictadura, la transición y los grandes cambios habidos en la sociedad, sugerían una profunda renovación de la Corona, una modernización que la lleve hacia una Monarquía nueva para el mundo nuevo que se está configurando. Se va avanzando en ese sentido, pero aún quedan muchas cosas por hacer.

En junio de 2014 se apreciaba el inicio de un cambio de ciclo político con incertidumbre para la futura gobernabilidad del país. El bipartidismo histórico presentaba síntomas de crisis y una nueva formación política, Podemos, entraba con fuerza en la Eurocámara. Por otra parte, la cuestión territorial que había determinado la política nacional en la democracia, daba una vuelta de tuerca y comenzaba a ser un problema. El entonces presidente de la Generalitat, Artur Mas, planteaba convocar el 9 de noviembre de ese año una consulta por la independencia de Cataluña. La crisis económica de 2008 daba sus últimos coletazos, generando una convulsión social. En esta negra coyuntura, salieron a la luz pública graves irregularidades de Juan Carlos I, impropias de un jefe de Estado y rey, que le llevaron a la abdicación. El prestigio de la Corona estaba por los suelos, la Monarquía había tocado fondo. Protestas y miles de manifestantes pedían un referéndum por la Tercera República.

El nuevo rey, Felipe VI, tenía muchos retos por delante. Quizás, el más importante, el de limpiar la propia casa Real y lavar la imagen de la Corona, manchada por los asuntos oscuros de Juan Carlos I en su última etapa y por la imputación de la infanta Cristina y de su marido, Iñaki Urdangarin, por el caso Nóos de corrupción. Además, en los diez años de reinado, Felipe VI ha tenido que hacer frente a otras tantas rondas de consultas con los partidos políticos, derivadas de procesos electorales; a la declaración unilateral de independencia de Cataluña, a las fuertes desavenencias con Juan Carlos I por sus problemas con la Justicia y por su salida de España. Así como reorganizar la Casa Real, su gestión y la instauración de un sistema de transparencia de la Corona.

Todos ellos retos aparentemente superados, aunque es preciso seguir avanzando en transparencia y comunicación. Eliminar o regular el concepto de inviolabilidad, porque en una democracia plena nadie puede estar por encima de la ley, tampoco el Rey. Es preciso eliminar de la Constitución la prevalencia del varón. Estos y otros asuntos pendientes no puede hacerlos solo Felipe VI, requieren de la participación y anuencia de las instituciones del Estado, que son las responsables de poner los oportunos controles para que las cosas vayan por donde tienen que ir.

En las monarquías constitucionales, es fundamental el cómo se desempeña el cargo y en eso Felipe VI ha dado muestras del bien hacer: con honestidad, respeto, coherencia, integridad, compromiso, deber y voluntad de servicio, tomando siempre la Constitución como guía, con entrega y renunciando a una vida cómoda. La mayor amenaza para la Monarquía viene de aquellos que pretenden patrimonializarla, apropiársela, hacerla solo de ellos, sin darse cuenta que la Monarquía lo es, porque es de todos. Que está por encima, debe estar por encima, de la polarización y de las contiendas diarias.

No podemos terminar este capítulo sin hacer una referencia a la reina Letizia, pilar fundamental de la nueva Monarquía y a la futura reina Leonor, hoy Princesa de Asturias.

Adjunto enlace al emblema creado para la conmemoración del décimo aniversario de la proclamación de Felipe VI:

https://imagenes.elpais.com/resizer/v2/QTTRIL4X25DCXBCLFDB3H2XAXI.jpg?auth=2d983c595efd36fd13e0249339f5ffb7a2aa9bb79e98224fd0771c455013c607&width=1960

[email protected]

© Francisco Aguadero Fernández, 21 de junio de 2024

La empresa Diario de Salamanca S.L, No nos hacemos responsables de ninguna de las informaciones, opiniones y conceptos que se emitan o publiquen, por los columnistas que en su sección de opinión realizan su intervención, así como de la imagen que los mismos envían.

Serán única y exclusivamente responsable el columnista que haga uso de nuestros servicios y enlaces.

La publicación por SALAMANCARTVALDIA de los artículos de opinión no implica la existencia de relación alguna entre nuestra empresa y columnista, como tampoco la aceptación y aprobación por nuestra parte de los contenidos, siendo su el interviniente el único responsable de los mismos.

En este sentido, si tiene conocimiento efectivo de la ilicitud de las opiniones o imágenes utilizadas por alguno de ellos, agradeceremos que nos lo comunique inmediatamente para que procedamos a deshabilitar el enlace de acceso a la misma.