Miércoles, 29 de mayo de 2024
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Diario de un expositor    
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Feria Multisectorial de Vitigudino

Diario de un expositor    

Actualizado 30/03/2024 14:19
Toño Blázquez

27 de marzo, miércoles

Mal tiempo. Eolo sopla inmisericorde, los parques están cerrados, son peligrosos, los árboles doblan sus ramas, que se acuestan en una melodía inquietante y amenazadora. Mañana abre la Feria a las once y media de la mañana; hay tiempo para recorrer los 70 kilómetros de Salamanca a Vitigudino y montar todo el lío del stand. Oigo por la radio que los vientos están soplando terrible…me asusto y, sin estar previsto, monto en el furgón y marcho a poca velocidad. La lucha con el volante en carretera es tremenda, no puedo dejarlo de empuñar con fuerza ni un segundo, las rachas de fuerte viento ladean el vehículo y en varios momentos siento que me salgo de la carretera. Los coches, menos expuestos al frente huracanado, me sobrepasan con ligereza. A pesar de breves momentos de calma, es mentira el zoooonnn no cede y si quiero meter la directa tengo que aminorar la marcha, el motor no coge fuerza en lucha con un terrible viento frontal. No paso de 70, 80 km por hora.

Por instantes tengo miedo, pero persisto en la concentración agarrando fuerte el volante y no quitando ojo de la carretera.

Canturreo un poco para entretenerme, pero un porrazo de viento de izquierda a derecha hace temblar el furgón. Me callo de inmediato.

Las curvas que evocan a Villaseco de los Gamitos, normalmente asequibles, se vuelven sospechosamente inciertas, bajo la velocidad. La recta que embrida el pueblo sosiega el panorama. No se ven cigüeñas, siempre abundantes en esta zona. Paso el reino de los Peralejos y una línea de asfalto limpia divisa la gasolinera de El Villar de los Álamos. En el pórtico, a la derecha, un indicador señala un pueblo como en una nebulosa: Espadaña. Me despisto y las bandas sonoras sorpresivas hacen rebotar en vehículo en el asfalto: ¡bonmm, bonmm!

El viento feroz continúa atravesando la tarde cerrada, llovinera a ratos, y tenebrosa.

Por fin llego a Vitigudino. Es miércoles, apenas hay gente en el Pabellón de la Feria, que se ve limpito y precioso, con las jaimas relucientes, el piso del deportivo alfombrado con moqueta y el personal de Mantenimiento del Ayuntamiento dando vueltas acicalando el escenario, atentos a cualquier detalle.

Enseguida los concejales de Cultura, Isabel Cañizal y Chago Vicente me saludan y dan la bienvenida. Apenas hay un par de expositores descargando cajas. Casi soy el primero. Afuera arrecia una ventolera del demonio, pensar salir de casa a cualquier vecino se le hace muy difícil. Malos augurios pues. Descargo el furgón y con la tranquilidad que me da andar sobrado de tiempo voy montando el estand. Me han asignado un espacio contra la pared amplio, de más de seis metros por tres, cómodo y muy accesible.

He ideado una forma de mostrar al público los cojines que vendo que consiste en sujetarlos a modo de tendero de ropa sobre cuerdas, sujetadas estas a dos largas escaleras. Pero a la hora de la verdad, las cuerdas se tensan y las escaleras se caen. Me costó Dios y ayuda afianzarlas porque se venían encima constantemente. Al final las sujeté por las patas a una mesa expositor más grande y colocando una bolsa de contrapeso.

Poco a poco fui montando el stand, sabiendo que siempre había que toquetaear aquí y allá para mejorar la visibilidad de lo expuesto.

Llegaron otros expositores desde larga distancia y por un asunto de metro para acá, metro para allá la cosa se puso un poco peliaguda verbalmente. Género textil de vistoso aspecto, montaje complicado el de estos colegas que terminaron a las tantas formando allí una especie de Corte Inglés en pequeñito. Gente apañá por veteranía y experiencia en recorrer ferias por toda España.

Día 28, Jueves Santo

Pego la hebra con los expositores del entorno: uno vende vino de una bodega muy especial, cepas renacidas de épocas abandonadas y lejanísimas. El dueño me contó la historia de aquella viña. Romántica y apasionada historia de amor por la uva y el vino que sería texto del mejor bolero. Y de esa guisa había varios stands.

De Lumbrales, navajas con tu nombre si querías en la propia hoja. Ingeniosa. Una talentosa chica te la caligrafiaba allí mismo. Y carteras de piel. No me resistí, les compré una.

A la hora nona de la Feria, Javier Muñiz, el Pilatos-Regidor de la Villa, cortó la cinta y levantando su regio semblante micro en mano dixit: “Ahí tenéis la Feria, nuevita, a estrenar, cuidarla con mimo y que el futuro la conserve con salud”. Y luego, precedido de lujosa charrería se dispuso en lento paso, con amabilidad y esmero trato, a visitar la tropa de ilusionados comerciantes y visitantes que poblaban inquietos el ágora resplandeciente de hinchables, quesos y viandas varias de la tierra que en la memoria histórica llamóse Alvito Godino.

Día 29, Viernes Santo

Por estas tierras de la simpar Gudina, donde habita lo más bello y feroz de la naturaleza léase El Pozo de los Humos o pueblos de lumbre antañona y recodos históricos en la memoria del tiempo aún por descubrir, como Masueco de la Rivera o Pereña, hay comunidades poblacionales de inquietante nombre cuyo gentilicio no es sencillo de imaginar: Villarmuerto, Brincones, Espadaña, Barceíno, Peralejos…

Hoy es viernes. Ayer se suspendieron casi todas las procesiones en España. El tiempo, malévolo e irrespetuoso no quiso. Pero la Feria sigue, y va a más. Los vecinos quieren salir pero la lluvia insistente y la grisura destemplada del ambiente lo impide. Pero al final se echan a la calle llorona y gélida porque sólo hay buen rollo en el Polideportivo. Allí hay buena temperatura, una señora que viene del cielo para hacer unos abanicos de gloria. Alucinas con las cosas que hace un chavalín con una maquinita 3D. Y de Villavieja expone un artista que si ves sus cuadros en la Feria de Arte Contemporáneo se te agrandan los ojos. ¡Pues está en Virtigudino!

Otro presenta drones de fábula. Los pájaros alucinan.

Daría para dos o tres libros, pero la Feria acaba hoy. Quisiera hacer varias reflexiones. Primero que rescatarla del medio olvido ha sido el primer éxito de la Feria, por lo tanto, a quienes lo han hecho posible, felicidades.

Me gustaría que el arduo trabajo e implicación personal en este proyecto que supone la promoción de los productos de la zona y de la visibilidad de otros diversos artículos y servicios, tanta generosidad y laboriosidad de sus organizadores tuviera la respuesta debida en el pueblo de Vitigudino, cosa que no sucede ahora porque prácticamente la totalidad de expositores era de fuera.

Porque si estamos de acuerdo en que hay que luchar contra la despoblación de nuestros pueblos y ver cómo se solucionan asuntos lamentables como los derivados de la llamada España vaciada (pueblos en agónico declive), y después despreciamos el trabajo de las personas que desde los ayuntamientos tratan de arreglarlo con el esfuerzo que está en sus manos…La pregunta es: ¿en qué quedamos? Ayudamos todos a que esto se arregle o ponemos oídos sordos y “que inventen otros”. El movimiento se demuestra andando, pero para adelante no para atrás.

En los escaparates de los comercios de Vitigudino no vi ningún cartel anunciador de la Feria, y había muchos de otros pueblos y eventos.

¿Quién va a echar el pueblo para adelante? ¿Los vecinos de Utrera?

Seguía lloviendo cuando comenzamos a recoger. Pero era bonito asomarse al frío y echar un vistazo a las zonas verdes que rodean el Polideportivo. Son las primeras señales de la primavera, una estación de sonidos alegres, de luz, de gestaciones y nacimientos.

Y esta Feria merece mecer en su regazo muchas más primaveras.