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Antonio Amorós explica en su pregón bolsinista por qué el torero está considerado un héroe popular
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CIUDAD RODRIGO | JUEVES DE CASETAS

Antonio Amorós explica en su pregón bolsinista por qué el torero está considerado un héroe popular

Actualizado 09/02/2024 00:58
David Rodriguez

Durante el acto se proyectó un vídeo grabado por Miguel Cid, y se dio lectura a unas palabras de Manuel Delgado Sánchez Arjona

Concluida la parte de proclamación del Triunfador y finalistas de la 68ª temporada del Bolsín Taurino Mirobrigense en busca de figuras del toreo, llegó la hora del pregón de la institución a cargo de Antonio Amorós Mayoral, quién se ha vuelto una cara habitual en Ciudad Rodrigo a raíz de comisariar la exposición La Memoria Taurina que se pudo ver en el Palacio de Los Águila durante el año 2023 (que tuvo un final precipitado al tener que abandonar el Ayuntamiento el lugar).

Tras ser presentado por Ángel Agudo, Antonio Amorós arrancó su intervención mostrándose “agradecido y responsabilizado” por tal “altísimo honor de ser el pregonero” del Bolsín. Respecto al primero de los calificativos, explicó que la exposición La Memoria Taurina “me ha permitido conocer y habitar Ciudad Rodrigo en todas sus estaciones”, elogiando “el carácter de su gente, que me ha transmitido el afecto de una ciudad abierta, acogedora, serena y generosa”. Así, para él Miróbriga no es una ciudad “de paso” entre Castilla y Portugal, sino que ha sido “un punto de llegada: llevo a Ciudad Rodrigo en el corazón”.

Sobre la responsabilidad, resaltó que el Bolsín mirobrigense es “el decano de los certámenes taurinos, el espejo en el que se han mirado todos los que se han alumbrado posteriormente, aunque ninguno de ellos con la continuidad y la solera”, reivindicando, “frente a la actual lacra del adanismo, el trabajo bien hecho de quienes nos han precedido”. Así, mencionó a todos los que lo han hecho posible: la familia bolsinista, la familia ganadera bolsinista, el Ayuntamiento, los antiguos pregoneros (incluido su padre, Andrés Amorós), Fernando Arrabal (por estar en el Teatro con su nombre), y los participantes en el certamen.

Antonio Amorós dijo que “casi 70 años después de su creación, los tiempos y la sociedad han cambiado”, pero “se mantienen intactos los ideales que alumbraron el nacimiento del Bolsín”, apuntando que “quizá lo que más haya cambiado haya sido la condición de los participantes”, ya que se ha pasado de los maletillas a chicos formados en escuelas taurinas, preguntándose “¿qué mueve a estos jóvenes a iniciarse en el siempre incierto y arriesgadísimo camino de la profesión taurina?” si ya no es el hambre y la necesidad como antaño.

Desde su punto de vista, se trata de “alcanzar la gloria de ser toreros”, considerando que “el torero alcanza la categoría de héroe popular”. A la hora de desarrollar esta idea, empezó por repasar los “orígenes míticos” de la fiesta de los toros, sustentada “en un animal único, el toro bravo”, que era “tótem” en las distintas civilizaciones del arco mediterráneo, donde se entendía incluso como un toro-Dios, germen de diversos ritos en los que el hombre trata de hacer suyas las virtudes del toro por el contacto con el mismo.

Tras explicar varios de esos ritos, Antonio Amorós apuntó que ese contexto simbólico “impregna el ritual taurino; su fuerza evocadora subsiste en la moderna corrida de toros”, explicando que “el torero exhibe en el ruedo una serie de cualidades que han caracterizado a los héroes de todas las épocas: el valor, la entrega, la entereza ante la adversidad, la indiferencia hacia el riesgo de perder la vida...”. Este argumento lo sustentó con citas de François Zumbiehl, Cúchares, García Lorca, Carlos Marzal y Francisco Brines, concluyendo que “el torero traslada a los espectadores la posibilidad de vencer a la muerte”.

Al mismo tiempo, el torero es un “héroe popular”, según le reconoce el pueblo español, “que mantiene con el torero una relación muy diferente de la que pueda mantener con otras figuras populares como pudieran ser deportistas, cantantes o artistas de cine”. Así, relató una anécdota en torno a Salvador Sánchez ‘Frascuelo’, antes de hablar de Juan Belmonte, con quién “el toreo deja de ser una lucha cruenta dirigida al dominio de la fiera para ser además una manifestación artística”, como le reconocieron intelectuales de la época como Valle Inclán.

Asimismo habló de la figura de Ignacio Sánchez Mejías, y de lo que él escribió Federico García Lorca, “como un paradigma de humanidad, como un ejemplo de valores humanos”; y de Manolete, “símbolo de toda una época de la historia de España”, y de lo que él dijo Orson Welles (que “tenía algo de santo y algo de Don Quijote”). Por último habló de Curro Romero, “quizá el último gran mito del toreo”, con quién el “fervor popular hacia el torero ha llegado a ser reconocido por los Tribunales de Justicia”, a raíz de una sentencia que explicó.

Como cierre del pregón, habló del inminente Carnaval, en el cual “Ciudad Rodrigo volverá a ser el centro del ‘ruedo ibérico’, orgulloso valedor de una manifestación social y cultural que está al margen de ideologías, que pertenece sólo al pueblo, que somos todos”. Al hilo de ello, dijo que “la fiesta de los toros parece estar en la sangre de los españoles”, sosteniéndolo con palabras de Tierno Galván, Ortega y Gasset, y Charles Chaplin. Por último, dijo que “somos muchos los que amamos, nos identificamos y por tanto, defendemos la fiesta de los toros”, animando a ser “felices, disfrutándola en libertad”.

José Ramón Cid Cebrián le impuso a Antonio Amorós la insignia del Bolsín, antes de darse paso a un vídeo grabado por el patriarca bolsinista, Miguel Cid (que no se pudo desplazar por los cortes en las carreteras), quién tuvo unas palabras de recuerdo para el recientemente fallecido Eleuterio Martín Tello, y para el 40º aniversario de la recuperación del encierro a caballo (quiso ensalzar el “mérito” de la Corporación de aquel momento, que él presidía). Además, Miguel Cid volvió a transmitir su deseo de que se cree un Museo de la Tauromaquia en Ciudad Rodrigo y de que se reactive la Plaza de Santa Cruz.

El acto se cerró dando lectura a unas palabras del patriarca de los ganaderos bolsinistas, Manuel Delgado Sánchez Arjona, en las que exponía que su salud física se ha deteriorado “enormemente” (tiene ya 94 años), hasta ir ya en silla de ruedas, transmitiendo su enhorabuena a los triunfadores y aspirantes, al pregonero, a Sito Sevillano y al resto de bolsinistas, al páter Don Antonio Risueño, y al patriarca, Miguel Cid Cebrián, deseándoles a todos “una feliz velada”. El acto en el Teatro Nuevo se cerró con las habituales fotos de familia sobre el escenario.