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Tras las últimas perdices de Las Arribes
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TEMPORADA DE CAZA MENOR

Tras las últimas perdices de Las Arribes

LAS ARRIBES
Actualizado 04/12/2022 20:38
Miguel Corral

La dificultad de la caza de la reina de la menor en este terreno garantiza su supervivencia, por lo que cada vez el reto aumenta y las oportunidades se reducen para perro y cazador

Lamento decir lo mismo, pero es que cada año que pasa el actual es el peor en cuanto a especies de caza en el campo. En las jornadas que he salido esta temporada, que no son muchas pero sí las suficientes, puedo decir que este año es el peor que he vivido en 40 años como cazador, una afirmación en la que coinciden todos los cazadores a los que he preguntado. La situación actual del campo me ha llevado incluso a pensar en la posibilidad de colgar la escopeta, decisión que he descartado por un motivo para mi principal, y es que le debo a mi perro darle la oportunidad que se merece cualquier perro de caza. Satisfacer el instinto de caza de nuestros perros es una obligación para todo aquel que se precie de ser cazador.

Con esta son tres las temporadas que llevo disfrutado en el campo de Conan, un extraordinario epagneul bretón que a pesar de su corta edad y las escasas oportunidades que ha tenido para morder caza, tanto por las contadas jornadas que hemos salido como por la escasez de piezas, me ha sorprendido la rapidez con la que ha aprendido su cometido a mi lado. Prácticamente de cachorro, antes de cumplir el año, en su primera temporada comenzó a mostrar con firmeza las perdices, incluso realizó cobros no exentos de dificultad. El año pasado la temporada para los dos fue demasiado corta debido a que otras obligaciones me quitaron el poco tiempo de que dispongo para cazar, y esta temporada nos hemos encontrado el hándicap de que no hay cuatro perdices, y las pocas que hay son viejas y ‘saben latín’.

Perdices solitarias, alguna pareja y algún bando de no más de seis en sitios relativamente accesibles, eso es lo que ha quedado en Villarino, además de algún bando un poco mayor en zonas donde es imposible dispararlas por lo quebrado del terreno, pequeños fayones a las orillas del Tormes que nada más que te sientes están del otro lado del río. Así es que las pocas que habitan zonas accesibles del término, al menor ruido se levantan a 100 metros sin darte la mínima oportunidad. Incluso he observado desde hace dos años que levantan el vuelo a varias decenas de metros de que las alcances con el coche en los caminos, lo que me lleva a pensar que deambulan escopeteros que ante la falta de piernas recurren al coche para poder decir que han matado dos perdices, eso sí, a traición.

Así las cosas, tener un perro como Conan te anima a salir al campo, es más, yo no sería capaz de salir de caza sin un perro. Sin su ayuda encontrar una perdiz y, especialmente, cobrarla en un terreno lleno de monte y con incontables obstáculos que la mayoría de las veces te ocultan o confunden sobre el lugar donde cayó la perdiz, es una tarea prácticamente imposible.

La jornada de caza

Resulta realmente sorprendente ver cómo a mediados de noviembre, después de cuatro días de caza, se levantan las perdices a más de un centenar de metros sin darle la oportunidad ni siquiera al perro de acercarse a 50 metros para que haga una muestra, así que la mayoría de las veces Conan y un servidor se tienen que conformar con el ‘caliente’. En muchas ocasiones ni siquiera las ves volar, incluso ni sientes el aleteo, así que te quedas con un palmo de narices cuando ves al perro de muestra y pasados unos segundos no escuchas el ¡brbrbrbr!

Después de unas primeras jornadas sin apenas ver más que un par de perdices, intratables, en la zona de Ambasaguas, la campaña de aceituna me obligaba a cambiar de escenario y elegir la Jara como cuartel de caza, entre las Espundias y la viña de Las Bozas, una franja de terreno en la que hasta no hace muchos años escondía cuatro bandos de 10 o 12 perdices cada uno, lo que se ha quedado en la actualidad en no más de 10. De ellas cuatro o cinco se mantienen juntas, el resto en parejas o solitarias, un comportamiento que nunca había conocido.

Llegaba sobre las diez al cazadero, buena temperatura y con alguna nube, con el sol abriéndose paso de vez en cuando, aunque llegado el mediodía el cielo aparecía totalmente cubierto. Armé la Franchi con tres cartuchos de 34 g., dos de 7ª para el primero y segundo, y uno de 6ª para el tercero, pues aunque no siempre, especialmente cuando te precipitas, suele suceder que cuando disparas el tercer tiro la pieza en cuestión se encuentra más alejada, por lo que un perdigón un poco más grueso es más efectivo.

Conan salió disparado del transportín y nos dirigimos hacia las Espundias. Llegado al teso, Conan comenzó a acelerar la búsqueda, sin duda las perdices andaban por allí, pero tras ampliar la búsqueda en círculos llegué a la conclusión que se habían levantado, pero ¿a dónde habían tirado? Busqué en el sentido natural, ladera abajo, asomándome a Los Rosales, pero Conan no daba signos de oler nada. Por cierto, por ocasiones habái pequeñas ráfagas de aire que podían confundir a mi ayudante. Tras ese primer caliente giré 180 grados dirección Sur, y no había caminado 200 metros cuando se levantaron dos perdices solas a más de 100 metros de donde me encontraba y sin hacer apenas ruido con las alas, o al menos yo no oí el clásico aleteo.

Decidí dar la vuelta y dirigirme en dirección hacia la zona de la rivera, que era el sentido que habían tomado. Conan se encontraba a unos 50 metros a mi derecha y parecía que había vuelto a sentir algo, lo vi meterse entre las escobas y piornos en lo que el terreno me lo permitió. Había un carril estrecho entre piedras gordas y con alguna piedra en el medio que me hizo perder el equilibrio cuando fui a subir la escopeta a la cara. Brbrbrbrbrb. El primer tiro se me fue sin llegar a meter la cara en el lomo de la culata por ese motivo, y en el segundo no me dio tiempo a cubrir la más cercana antes de que se ocultara tras una enorme piedra. Me habían sorprendido porque perdí de vista a Conan por unos segundos, incluso tras bajar la escopeta vi que dos más se habían quedado rezagadas, pero su vuelo rasante y un poco más alejadas evitó que las viese con claridad. La velocidad del vuelo me sorprendió, también el desconsuelo por haber perdido el equilibrio cuando fui a encarar la Franchi. Realmente no me dio tiempo a soltar el tercer disparo, pues todo esto sucedió en tres segundos hasta que se taparon con el terreno. Pero no eran las dos primeras que había visto.anteriormente.

Había cuatro perdices juntas, con lo cual decidí intentar buscarlas siguiendo la trayectoria del vuelo, pero fue imposible, así que tras realizar una amplia búsqueda y no encontrarlas, cogí dirección hacia Las Bozas. Nada más atravesar el camino de Los Rosales, Conan percibió algún efluvio, pero 50 metros antes de que llegara a ella, se levantó sola una perdiz, sin dar oportunidad a mi ayudante de ‘mostrarla’ ni a mí siquiera de encarar el arma. Estaba a más de 130 metros del lugar del que se había levantado.

A partir de ese momento no fue hasta llegar a ver la viña experimental, casi una hora después de subir y bajar quebradas, cuando Conan comenzó a avivar el ritmo de búsqueda. Anteriormente, a unos 200 metros, me había hecho la muestra de un caliente, lo que ya me había advertido de que por allí andaba alguna patirroja. Conan había sentido las perdices, sin duda, así que me puso en alerta. Me había sobrepasado por debajo y buscaba por mi lado derecho, pero realmente el monte me impedía ver dónde se encontraba. De pronto sentí un aleteo a mi derecha y a unos 50 metros por encima, encaré y disparé el primero y se descolgó una, pero el instinto me hizo levantar la cara para ver bien dónde caía ante la distancia a la que me encontraba, si bien inmediatamente volví a encarar en busca de la segunda, pero sin fortuna, aunque visto el vídeo y la dirección del taco, parece que 'esquivó' los perdigones. ¡Tráela Conan, tráela bonito! Conan atendió rápido al disparo y tras llegar al punto en el que se levantaron, enseguida captó los efluvios de la perdiz en el suelo. ¡Traéla bonito, muy bien! ¡Muy bien!

Buena Caza y feliz Navidad.

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