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A perro flaco, todo son pulgas
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A perro flaco, todo son pulgas

OPINIóN
Actualizado 16/10/2022 10:25
Carlos Javier Salgado Fuentes

No parece que la Región Leonesa le importe demasiado al Gobierno, y menos aún La Raya, que en periodo autonómico perdió la mitad de su población y tiene apenas 5 hab/km².

Esta semana el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha anunciado una línea de ayudas y bonificaciones para luchar contra la despoblación, que implicarán una fiscalidad diferenciada para las empresas de aquellas provincias que el Gobierno considera sufren una despoblación grave, y que son Teruel, Soria y Cuenca.

Sin embargo, si nos vamos a los datos la realidad parece que camina por otra senda, y es absolutamente demencial que una provincia como Zamora, que es de largo la que peores datos arrastra en evolución demográfica, quede al margen de dichas ayudas, o que se margine en ellas a León y Salamanca, con unos datos lamentables que si bien menos graves que los zamoranos, son peores que los de Teruel, Cuenca o Soria.

En este aspecto, al tomar en consideración el Gobierno únicamente la densidad de población, le ha hecho un traje a medida para dichas ayudas a Cuenca, Soria y Teruel, dando la espalda a las provincias que más se están despoblando en las últimas décadas y que tienen una peor evolución en envejecimiento (con el problema que eso implica para el relevo generacional) o en renta, es decir, Zamora, León y Salamanca, de cara a que pudiesen acogerse a dichas ayudas y beneficios fiscales.

De hecho, si en 1998 Soria tenía una tasa de vejez (26’2%) peor que las de Zamora (26’0%), León (22’2%) y Salamanca (21’5%), la evolución está siendo mucho peor en las tres provincias leonesas, alcanzando Zamora ya el 31’2% de tasa de vejez, León el 27’6% y Salamanca el 26’9%, mientras que Soria ha mejorado dicha tasa, reduciéndola al 25’3%.

Y otro tanto podemos decir de la tasa de juventud, con Zamora (9’2%), León (10’3%) y Salamanca (11’1%) teniendo los peores datos y evolución de la comunidad, a pesar de que hace década y media Salamanca y León (con un 14’1% y un 13’9%) poseían un dato mejor que el de Soria (13’5%), que actualmente tiene una tasa de juventud que, aunque pésima (12’0%), es más esperanzadora para el relevo generacional que la que poseen las provincias de la Región Leonesa, con una evolución absolutamente catastrófica.

En todo caso, visto el criterio del Gobierno para el reparto de las ayudas para luchar contra la despoblación, no parece que la Región Leonesa le importe demasiado, y menos aún La Raya zamorano-salmantina con Portugal, la zona más envejecida de Europa, que en periodo autonómico ha perdido la mitad de su población y cuyas comarcas en conjunto tienen una densidad de población de 5 habitantes por kilómetro cuadrado.

A perro flaco, todo son pulgas | Imagen 1

En este aspecto, como guadramirense me gustaría que el Gobierno me explicase por qué una comarca como La Ramajería, con apenas 3’78 hab/km², no tiene derecho a acogerse a sus ayudas por despoblación, tras haber pasado de 6.500 habitantes a 2.800 en periodo autonómico, y que sin embargo sí puedan acogerse a esas ayudas los municipios de Soria (que tiene 143’07 hab/km² y en periodo autonómico ha ganado más de 9.000 habitantes), Cuenca (con 60’23 hab/km² y que ha ganado 12.000 habitantes en dicho periodo) o Teruel (con 80’57 hab/km² y tras haber ganado más de 7.000 habitantes en periodo autonómico).

Y que no se me malinterprete, creo que es necesario que haya una discriminación positiva para Soria, Teruel y Cuenca por su pésima densidad de población y por la grave situación que poseen sus comarcas rurales, pero creo que es de una injusticia supina que se deje al margen de la lucha institucional contra la despoblación a zonas como La Raya o el tercio occidental del Bierzo, que arrastran unos datos evolutivos en población verdaderamente trágicos.

Por otro lado, si tomamos los datos de las provincias en conjunto, resulta llamativo que sí se puedan acoger a esas ayudas contra la despoblación Teruel, que perdió un 1% de su población desde el año 2000, Soria, que perdió un 2%, y Cuenca, que perdió un 3%, pero que paralelamente se margine de dichas ayudas a Zamora, que perdió el 17%, León que perdió un 10%, o Salamanca que perdió más del 6%.

Es más, si comparamos Zamora con Cuenca, que partían de un número de habitantes similar, el resultado es más que curioso. Y es que, si en el año 2000 la provincia de Zamora tenía 203.469 habitantes y Cuenca tenía 201.053, dos décadas después Zamora ha bajado hasta los 168.725 habitantes, mientras Cuenca se sitúa en 195.516, tras haberse dejado la provincia zamorana casi 35.000 habitantes por el camino en dos décadas, frente a los 5.500 que se dejó Cuenca. Pero sin embargo, Zamora se quedará al margen de dichas bonificaciones contra la despoblación, como se quedarán también fuera León y Salamanca, que han perdido 50.449 y 22.395 habitantes en lo que va de siglo respectivamente, frente a los 1.928 perdidos por Teruel y los 2.164 perdidos por Soria en el mismo periodo.

Ciertamente, creo que el planteamiento para dichas ayudas no es el más adecuado a tenor de los datos que ofrece el Instituto Nacional de Estadística para cada provincia y para cada zona, y creo que no deberían darse de forma general para el conjunto de las provincias. En este aspecto, creo que las ayudas y bonificaciones deben tener una gradualidad para amoldarse mejor al caso de cada comarca. Y es que, en el caso hipotético de que la provincia de Salamanca recibiese fondos de este tipo, parece obvio que las bonificaciones deberían ser mayores en El Abadengo o en La Ramajería que en el área metropolitana de Salamanca o en Guijuelo, como resulta evidente que necesitan más ayudas contra la despoblación las Tierras Altas de Soria que el municipio de Soria.

Por otro lado, si bien en este caso me refiero a las bonificaciones anti-despoblación anunciadas por el Gobierno, en el caso concreto de La Raya también sería aplicable a los fondos transfronterizos que da la UE y gestiona la Junta, que se invierten mayoritariamente fuera de La Raya, habiendo recibido en el último periodo las provincias de Salamanca y Zamora apenas la mitad de esos fondos que recibió la comunidad de Castilla y León. Es más, la Junta invirtió más parte de dichos fondos en Valladolid que en Zamora, aun y cuando teóricamente son para invertirlos en el desarrollo de la zona fronteriza con Portugal.

Y es que parece evidente que a la hora de abordar la problemática de la despoblación el Gobierno no ha analizado a fondo la situación en que se hallan Salamanca, Zamora y León y, especialmente, nuestras zonas rurales.

A perro flaco, todo son pulgas | Imagen 2Claro que visto lo mal que nos va dentro de la comunidad de Castilla y León, sigue sin entenderse que no se permita a la Región Leonesa acceder a ser comunidad autónoma, un derecho amparado por los artículos 2 y 143 de la Constitución (como región oficialmente reconocida cuando fue aprobada), siendo un derecho que seguimos teniendo secuestrado en virtud de las “razones de Estado” alegadas por Rodolfo Martín Villa en la Transición para impedirnos tener lo que sí se le permitió al resto de España.

En este aspecto, los partidos mayoritarios siguen empeñados en mantener el engendro autonómico que supone Castilla y León, donde las instituciones que pagamos todos se sitúan en Castilla, pero más del 80% de la despoblación de la comunidad y la peor evolución en envejecimiento, inversión o renta las protagoniza la Región Leonesa. Si ese es un buen negocio para Salamanca, Zamora y León, que venga Dios y lo vea. Cosas veredes, renunciar a un derecho constitucional que tenemos como región para estar encadenados a una comunidad que nos lleva al precipicio.

En todo caso, es triste y doloroso ver cómo la Región Leonesa, y especialmente dentro de ella La Raya, se queda al margen de las ayudas contra la despoblación, esto es, de aquello a lo debería tener derecho si se gobernase con algo más de sentido común y voluntad de dar futuro a todo el territorio. Entretanto, y desgraciadamente, seguiremos haciendo bueno el refrán de que “a perro flaco, todo son pulgas”. O nos levantamos de este letargo, o desaparecemos.

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