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La enfermedad y sus metáforas
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La enfermedad y sus metáforas

OPINIóN
Actualizado 30/09/2022 09:57
Ángel González Quesada

No se fíe usted demasiado de mis enternecimientos ni de mis delirios. Son dirigidos.” ALBERT CAMUS, La caída (1956).

Sumergidos en una época en la que, por la profusión de redes sociales y el acceso universal a medios electrónicos, el más pueril narcisismo y el exhibicionismo más descarado inundan y abaratan la convivencia, quizás la asunción de esa realidad sea insuficiente para siquiera explicar una particular forma de exposición pública cual es la de la propia enfermedad.

Consciente de que al hablar de la enfermedad ajena se asumen riesgos ciertos de intromisión o sospecha de prejuicios, solo referiré en las líneas que siguen algunos casos concretos de exhibición de los padecimientos personales, a juicio de quien esto escribe amorales, que son en ocasiones utilizados como reclamo comercial, gancho publicitario o elemento propagandístico tanto para fines espurios como cual reclamo de popularización hacia el enfermo que así se exhibe.

Hace solo unos días, se publicaba en la prensa otra entrevista con el actor Javier Martín, famoso otrora por su participación en el programa televisivo Caiga Quien Caiga, y que hace meses fue diagnosticado de una grave enfermedad mental e internado en un centro psiquiátrico, y que hoy, afortunadamente, parece totalmente recuperado. La entrevista forma parte de una campaña publicitaria de difusión de un libro que Martín ha escrito sobre su experiencia hospitalaria y ya está a la venta en librerías. Hace meses, tuvimos noticia de que el también actor Antonio Resines había superado una infección de Covid de carácter grave, que le había llevado a un largo ingreso hospitalario por el que pudo recuperarse totalmente. Tanto la noticia como la atención de que el famoso actor español había sufrido tal penalidad, provocaron un aluvión de entrevistas periodísticas con él y, enseguida, profusión de anuncios y campañas publicitarias protagonizadas por el mismo, que tuvieron, seguramente solidarizándose con los padecimientos del actor, notable aceptación pública y aumento de las ventas de lo que anunciaba. Hace años, y este caso es especialmente doloroso por los rasgos de sufrimiento explícito que el evento alberga, aunque no por ello se aparte de esta reflexión general, el cantante Pau Donés, del grupo 'Jarabe de Palo', falleció a causa de un rápido y devastador cáncer, lo que significó un gran golpe para el mundo de la música y artístico en general. En sus últimos momentos, ya agonizante, un programa de televisión le sometió a una entrevista, de enorme carga emocional y humana, que fue emitida más de una vez en prime time, concitando unos índices de audiencia mucho más altos para la cadena exhibidora, lo que sin duda, tal como el mercado dicta, aumentó los precios a los anunciantes.

Hay más casos, muchos más casos, sobre todo protagonizados por personajillos de inane significación y menor importancia, pero a los que la llamada prensa del corazón endiosa, manosea (y paga), y que encuentran en sus dolencias, enfermedades, sufrimientos, duelos y muertes, carnaza propicia para aumentar las tiradas y ventas de revistas, audiencias de programas televisivos o radiofónicos y, consecuentemente, el gancho publicitario del cachet de esos mismos sujetos y de los productos que se prestan a anunciar, o sus herederos, en su memoria, a rentabilizar.

Ha habido, también, otros casos en que la enfermedad sufrida por famosos ha sido utilizada por ellos y ellas, no para vender libros, aumentar audiencias o conseguir mejores contratos, sino para una desinteresada labor de concienciación, difusión y estudio sobre su misma enfermedad (caso del tenor Josep Carreras que también, utilizando sus propios medios económicos, ha puesto en funcionamiento y mantiene una fundación para el estudio de su enfermedad, investigación científica de avance en su curación, información médica, prevención o conocimiento por toda la sociedad, sin coste de ningún tipo para quienes de todo ello se benefician –todos nosotros-). Hay otros casos muy conocidos (fundaciones, centros, hospitales, laboratorios, escuelas, ayuda humanitaria, medicinas..., realizados de modo altruista y generoso por famosos y famosas en todo el mundo, que utilizan su nombre y sus ganancias en pro de los demás), y en la historia, el altruismo de quienes ofrecieron desinteresadamente la experiencia de su propia enfermedad, está llena de honorables nombres, pero baste recordar como ejemplo el del tenor catalán para la comparación en cuanto a la trascendencia, o las trascendencias, del por qué de hacer públicos, cómo y para qué, los propios padecimientos y enfermedades.

Susan Sontag, una genial escritora que nos ha dejado brillantísimas y profundas reflexiones sobre la enfermedad (y a la que este artículo ha robado el título de uno de sus libros), ha dejado escrito: “La enfermedad puede ser no solo una épica de sufrimiento sino la oportunidad de lograr algún tipo de trascendencia propia”. La utilización de la humana compasión solidaria por el enfermo o el cuidado y la atención que quienes sufren merecen de la entera sociedad, no casa bien con el usufructo personal de esa misma compasión. No se vean en estas líneas desprecio ni animadversión alguna por las personas citadas aquí (algunas de las cuales siguen siendo admiradas en su faceta artística por quien esto firma), sino solo ejemplos para una somera reflexión sobre los límites, si es que existen, de la exhibición personal, especialmente cuando a ese afán de notoriedad e incomprensible desnudamiento del dolor, le acompaña un mucho más entendible afán de rentabilidad.

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