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La pianista María Guerras revive a Martín Sánchez Allú
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PALACIO DE LA SALINA

La pianista María Guerras revive a Martín Sánchez Allú

CULTURA
Actualizado 22/09/2022 22:55
Charo Alonso

La muestra cultural “Mar de encinas” se clausura con un concierto de la música recuperada de Martín Sánchez Allú

El patio del palacio plateresco de La Salina es uno de los lugares más hermosos de esta Salamanca de lugares hechos para la cultura, y son sus ménsulas de piedra de Villamayor, sus exquisitos arcos y sus escaleras y medidas a la escala de lo íntimo, un hermoso lugar de encuentro.

Y es a la sombra de “La Encina de los Arévalos” el políptico del artista Florencio Maíllo que nos da la raíz de la tierra en la que ha sido sede de la Diputación de Salamanca desde el siglo XIX, donde se clausura el segundo acto de la muestra “Poéticas de Salamanca” que esta vez tiene flores de candela y calor de lumbre de tocones de encina. Un proyecto que ha contado, como reconoce el profesor Román Álvarez, con el trabajo de muchos, un trabajo que se clausura de la mejor manera posible: con la música del intérprete y compositor salmantino Martín Sánchez Allú, con la danza de Luca Vetere y Marta R. Coca, con la poesía del poeta romántico José Selgás que le sirvió de inspiración a Allú y que leyó con voz sentida la rapsoda Mª Ángeles Gutiérrez Tábara.

Un trabajo que se clausura con un hermoso volumen donde escriben Isabel Bernardo, Román Álvarez, José Manuel Regalado, Florencio Maíllo, Félix Torre González, Juan Miguel Valero Moreno y donde se incluye una cuidada selección de poetas de todas las épocas para finalizar con el trabajo musicológico sobre Allú de Alberto Hernández Mateos, José Máximo Leza y María Guerras. Y es María Guerras a quien cabe el protagonismo de ofrecer un concierto de la música del olvidado compositor salmantino, que ella ha trabajado hasta hacerse uno con la música que ella define como: “sentimental, delicada, apasionada...”.

Música que la Diputación de Salamanca, fiel custodio de nuestro legado, ha convertido en disco titulado “Appasionato”, para que todos disfrutemos de la obra de este salmantino del Romanticismo, interpretado y recobrado por María Guerras, cuya breve vida estuvo jalonada de éxitos que el paso del tiempo condenó, pese a su calidad, al olvido de los tiempos.

Reivindica el artista de Mogarraz, Florencio Maíllo, al pianista y compositor Allú dedicándole un cuadro que recrea el grabado de la época con un fondo de dehesa salmantina. Una reivindicación que tiene que pasar por el disfrute de esa obra que ha sido poco grabada e interpretada y que María Guerras ha trabajado sin apenas referencias, con tesón, rigor y sobre todo, admiración. Una admiración por la obra que se desprende de su trabajo en la grabación del disco, pero que es más notable para el público en el concierto en el que toca la desconocida música de Allú. Intérprete prodigiosa, María Guerras, exquisita presencia casi leve como una nota apenas percutida en el inmenso, bellísimo piano, juega con las complejas notas de Allú haciendo brotar la primavera del teclado. Las piezas, polkas rápidas, hermosas invocaciones religiosas, nocturnos que nos llevan a Chopin, romanzas llenas de sentimentalismo, piezas que caen sobre el público como lluvia bienhechora, son interpretadas por María Guerras con ese estilo que ya reconocemos en su forma de tocar. Es una auténtica bailarina sobre las teclas y sus dedos, manos y antebrazos interpretan cada nota con una expresividad delicada y al mismo tiempo contundente. Concentrada y precisa, dueña de los silencios y de las notas que se derraman, la intérprete llena el patio plateresco y hasta las palomas se detienen en los arcos a escucharla, mientras el sol de un atardecer de otoño dora la piedra en el silencio del público y de las figuras que se retuercen en las ménsulas.

Qué hermoso escenario es el de este patio plateresco de La Salina devenido cauce de ramas de encina y música de un salmantino ilustre a quien no le sonrió la suerte de la provincia en el Madrid romántico. Sin embargo el destino de la belleza le ha sido propicio, y los aplausos despiertan el vuelo de las aves, mientras la danza de Marta R. Coca y Luca Vetere se hace uno con la poesía, la música y el empeño de reivindicar la cultura. Enmudece tras el nocturno, eco que resuena, el piano que toca como una caricia plena de conocimiento María Guerras, y es la encina de Maíllo, la encina nuestra, la que se alza sobre las ramas, cielo que llena el patio, arco poético de un legado cultural que se acrecienta.

FOTOS: Carmen Borrego

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