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Niños misioneros
LUZ DEL AMANECER

Niños misioneros

OPINIóN
Actualizado 14/01/2022 07:50
Juan Robles

El domingo 16 celebramos la fiesta de la Infancia Misionera o, como antes se decía, de la Santa Infancia. La Santa Infancia de Jesús, se pensaba, y la fiesta se celebraba el día seis de enero, el día en que unos reyes o sabios paganos se encontraron con María y José, y con el niño salvador que venía a traer luz a todos los hombres.

El niño de Belén nació en un pueblo pequeño y pobre, en Belén de Judá. Después se crió con sus padres, José y María, en Nazaret. Vivió la experiencia de exiliado en Egipto, a causa de la persecución de Herodes, que mandó matar a todos los niños de Belén y sus alrededores, lo que llamamos la matanza de los inocentes.

La obra de la Santa Infancia en España ha querido ayudar a los niños a seguir los pasos de Jesús: de Nazaret a Belén, de Belén a Egipto, de Egipto a Nazaret y, por fin, de Nazaret a Jerusalén. Son las cuatro etapas recorridas a lo largo de los últimos cuatro años. Jerusalén, donde Jesús acudió al cumplir los doce años, finalizaría estas cuatro etapas de su infancia, pero también dejó señalado el final de su vida, que entregaría en la cruz y que cumpliría la salvación para la que le había destinado su Padre.

Unidos a Jesús, del que ellos son amigos, y del que confían recibir ayuda para poder también ellos ofrecerla a los demás niños del mundo, se convierten también ellos en misioneros, dando a conocer la alegría que nos ha dado Jesús y que creen que merece la pena darla a conocer y ofrecerla a los demás niños.

Ésta es la mística actual del movimiento infantil misionero. La Obra Pontificia de la Santa Infancia nació en 1843 en Francia, cuando el obispo Mons. Forbin-Janson recurrió a los niños de su diócesis, en lugar de acudir a grandes benefactores, para ayudar a otros niños, y sobre todo niñas, abandonados y necesitados de ayuda en China. Los niños, reunidos en pequeños grupos, se comprometían a hacer una oración diaria por las misiones, y entregaban un pequeño donativo cada mes.

En 1922, el papa Pío XI tomó como suya esta iniciativa y le dio el carácter de Obra “Pontificia”, junto con las otras tres Obras Misionales Pontificias: la Propagación de la Fe o DOMUND, la Obra del Clero Nativo y la Pontificia Unión Misional.

En España se había implantado la Obra de la Infancia Misionera en 1852, con el apoyo de la Reina Isabel II. La primera niña registrada fue precisamente su hija mayor, Isabel, la Princesa de Asturias.

La Obra Pontificia de la Infancia Misionera ha cumplido ya más de 175 años. Es la gran apuesta de la Iglesia para dar protagonismo a los niños, invitándolos a que descubran la riqueza de la fe en Jesucristo, recibida en su bautismo, y la compartan con los otros niños.

No sólo la oración y la animación misionera comparten todos los niños, de cualquier país, con los demás niños. Es muy notable también la aportación económica. Salamanca aportó el año pasado, como fruto de la colaboración económica, 22.041,86 euros.

El conjunto de los proyectos pagados desde España en el último ejercicio tiene un importe de 2.162.193,92 euros. Con ese fondo procedente de las aportaciones de la Infancia Misionera de nuestro país se han atendido un total 384 proyectos, que han beneficiado a más de 400.000 niños en 134 diócesis de 39 países.

De 318 proyectos especiales que se han beneficiado del apoyo de la Santa Infancia desde España:

  • 127 son de protección de la vida
  • 53 de enseñanza
  • 43 de salud
  • 42 de construcción
  • 33 de formación cristiana
  • 20 de equipamiento.

Los niños de la Santa Infancia de España este año quieren, desde Jerusalén, ser con Jesús una esperanzadora “Luz para el mundo”. Y están contentos de serlo.

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