Viernes, 21 de enero de 2022
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Las doce uvas

Las doce uvas

OPINIóN
Actualizado 30/12/2021 08:18
Ignacio Martín

Pues va otro reciclado... ¡Feliz 2022!

Siempre se ha dicho que uno no valora lo que tiene hasta que lo pierde. Mi mayoría de edad como mexicano –nos dieron la naturalización en 2003– la celebraremos, como todos los años por estas fechas –29 años ya por acá–, con "el día-en-que-cenamos-dos-veces".

Sí, no se extrañen, el día de Nochevieja, hace unos cuantos años ya, Pilar y yo decidimos que era un día para cenar dos veces, y así comer las uvas en estéreo, o sea, con el horario español y con el de aquí. Todo había empezado la primera nochevieja que pasamos en México y descubrimos que aquí la cena es después de las uvas; que las uvas son un racimo, no doce contadas; y que la gente las come sin campanadas, mientras se abrazan y felicitan; no hay un reloj que marque tendencia, solo una cuenta atrás… como la de la NASA... Como le gusta decir a López Obrador, citando a un clásico, aunque no sepa cuál: “México, tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”.

Ya sé que nuestras muy tradicionales doce uvas son una tradición no tan antigua, pero no sé, la sensación de desamparo que se me quedó –quizá eso del desamparo suene fuerte, está bien, lo dejo en la cara de tontos que se nos quedó a Pilar y a mí, sin saber qué hacer, cómo comer las uvas, a quién saludar y cuándo... íbamos a cenar– hizo que, al año siguiente, nos pertrechásemos en casita con nuestras uvas contadas; no hemos vuelto a encontrar las que venían en lata, que comprábamos para que quedaran de un año para otro, o sea, que comprábamos dosis de uvas para un par de años más, "por si el año que viene no las traen"; de hecho, como les digo, así pasó.

En fin, que, desde hace mucho, cuando llegan las invitaciones, tan cariñosas y amables –¿cómo vais a pasar ese día solos?– explicamos que no hay problema y, llegado el día 31, con la nevera llena de vituallas propias de por allá –hasta jamón de La Alberca hemos encontrado algún año a precio no tan prohibitivo–, a las 2 de la tarde nos ponemos guapos, a las 3 de la tarde nos sentamos a comer, a las 4 nos da tiempo a la primera copita, con un café –es la pequeña concesión que le hacemos a esa cena con trampa– y, a las 5 menos diez, nos preparamos y, gracias a TVE internacional, empezamos con la ansiedad de los cuartos y las campanadas.

Y a las 12 de aquí, por supuesto, cuando allí empezáis a llegar a casa, comemos las uvas por segunda vez, pero ya sin angustia, respetando la tradición de acá y diciendo, todos los años: teníamos que haber grabado lo de la Puerta del Sol para volverlo a poner "en diferido", porque al 10, 9, 8... no me acostumbro.

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