Jueves, 27 de enero de 2022
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De Congreso a bar de barrio
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De Congreso a bar de barrio

OPINIóN
Actualizado 20/12/2021 09:03
María Jesús Sánchez Oliva

El primer coño en democracia que se oyó en el Congreso de los Diputados fue el coño de Tejero pronunciado el 23 de febrero de 1981, el último, el de Casado, pronunciado entre interrogaciones para que se oyera más alto el pasado miércoles 15 de diciembre del año en curso. El de Tejero estaba en consonancia con la tarea que aquella tarde de lunes se plantó en el Congreso, el de Casado, en estos momentos, no venía a cuento. Miremos para donde miremos, los ciudadanos solo vemos problemas: el virus, que dicen tenerlo a raya, pero que ni con vacunas deja de amenazarnos, el volcán, que todavía no sabemos si duerme la siesta, o si se ha muerto, las mujeres, que denuncien o no denuncien, siguen cayendo como moscas a manos de sus maridos, el conflicto de las lenguas en Cataluña, que lo que hizo Franco con el catalán, siguen haciendo ellos con el castellano, el cambio climático, la corrupción, la crisis económica que se nos avecina… y al Congreso de los Diputados los gobernantes solo deben ir a buscar soluciones útiles sin soltar coños y otros tacos propios del bar del barrio. ¿Qué pensaría Casado si en una misa el sacerdote explicara el Evangelio soltando un coño de vez en cuando? ¿Qué pensarían los diputados de su grupo que aplaudieron su salida de tono si en un juicio el juez ejerciera sus funciones soltando coños a diestro y siniestro? ¿Qué pensarían todos si en cualquier medio de comunicación los periodistas informaran intercalando coños…? Pues eso pensamos los ciudadanos el miércoles: que el Congreso es para ellos el bar del barrio.

Entre el coño de Tejero y el coño de Casado ha habido otros coños. También el hoy presidente nos “deleitó” con algún coño cuando estaba en la oposición. Y no es que los ciudadanos seamos tan mojigatos como para escandalizarnos de este taco tan español, unos con más frecuencia y otros con menos, todos soltamos algún coño, pero en el salón de casa, en plena calle o en el bar del barrio, nunca en una iglesia, en una sala de juicios o en un programa de radio o televisión, es que dicho en el Congreso de los Diputados, donde se gestionan asuntos y se toman decisiones que pueden cambiarnos la vida, no es otra cosa que el certificado de que ya le han perdido el respeto a la Constitución, a la democracia, a España y a los españoles.

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