Lunes, 17 de enero de 2022
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La interminable batalla de Nebrija

La interminable batalla de Nebrija

OPINIóN
Actualizado 18/12/2021
Ángel González Quesada

Si hay personajes en la historia de la cultura española que merecen más que un recuerdo puntual la permanente memoria, el interminable homenaje y el total reconocimiento por la sociedad y en todo tiempo, y no solo en los ámbitos académicos, uno de ellos es el gramático lebrijano Antonio de Nebrija, figura puntera de la historia de este país, tanto por sus estudios lingüísticos, gramáticos, científicos y literarios como, sobre todo, por su imbricación, implicación, participación y desarrollo en los principios fundamentales y fundacionales del humanismo, y por su indesmayable creatividad en pro de la claridad del conocimiento y la limpieza de la comunicación, y su lucha interminable contra el oscurantismo clerical paralizante y la inquisitorial y atrofiante censura del pensamiento.

(Quien esto firma opina que "celebrar" la fecha de la muerte es equivocado homenaje, pues con facilidad se confunden las honras fúnebres con la auto celebración y los homenajes con jubileos y exordios de la ausencia (la fecha de su nacimiento u otros hitos de su periplo vital serían más adecuados a la hora del tributo). Este artículo, sin embargo, también contribuirá, y en su escasa importancia quiere hacerlo, al recuerdo del gran Elio Antonio de Nebrija, cuyo quinto centenario de fallecimiento se cumple el 2 de julio de 2022).

Como sucede (y sigue sucediendo) desde tiempo inmemorial en este país, el talento, la inteligencia, la libertad de pensamiento, la creatividad, la independencia y la actitud generosa y abierta, y todas atesoró Nebrija, concitaron las envidias de muchos de sus contemporáneo, especialmente colegas académicos y autoridades eclesiásticas, propiciando trabas, obstáculos y dificultades a la difusión y cabal comprensión de su obra y pensamiento, y la inquina, la mezquindad y el oscurantismo fueron capaces en su tiempo, y mucho después también, de silenciar, destruir y tergiversar parte de su obra. Ello no impidió que sus preclaros juicio y capacidad, su talento además de su continuado esfuerzo y voluntad pudiesen, con dificultades, desarrollarse y plasmarse no solo en su obra más conocida, la Gramática de la Lengua Castellana (Salamanca, 1492), sino en otras muchas obras de investigación, indagación y desarrollo literario, social, lingüístico, filológico y científico, que hicieron de él el más brillante faro cultural en las últimas décadas del XV y primeras del XVI.

Apropiado, absorbido y casi abducido durante siglos, y todavía, por las rigideces doctorales y las servidumbres docentes de las aulas universitarias, su obra, objeto de cientos de miles de estudios, exégesis, trabajos, tesis, congresos y ediciones en todo el mundo, no ha llegado nítidamente, sin embargo, a muchas de las capas de la sociedad a las que también estaba dirigida, debido a que la inmensa mayoría de las interpretaciones, difusiones y homenajes han estado circunscritos a los ámbitos académicos, algunos contra los que él, precisamente, libró sus más encarnizadas batallas legales y dialécticas. Procesado por la Inquisición en 1506, empobrecido en algunas épocas por su indesmayable convicción contra la manipulación clerical de los textos sagrados (nunca, empero, se apartó de la ortodoxia cristiana), refractario al conformismo y las liturgias, Antonio de Nebrija levantó con su obra todo un edificio de múltiples caras dedicado en esencia y fundamentalmente a la educación y la formación, principios en los que creyó radicalmente, convicciones de su gran proyecto de vida y sobre las que volcó todo su saber.

Obras suyas menos conocidas, como La educación de los hijos, Libri Minores, Sobre la fuerza y el poder de las letras, La enseñanza de escribir una historia o Elegía de la arquitectura del país, merecen ser conocidas, difundidas y popularizadas, además de las más famosas Gramática sobre la lengua castellana, sus exhaustivos diccionarios de enseñanza del latín y el castellano y detalladas y comentadas reglas de ortografía, traducción, exégesis y amplias reflexiones humanistas, sin olvidar sus cartas, sus argumentaciones frente a adversarios (enemigos) intelectuales y, sobre todo, sus "repetitio", lecciones magistrales de enorme altura intelectual y erudita. Hay muchas creaciones de Antonio de Nebrija, y rasgos de su personalidad, detalles e hitos de su historia y significado de su periplo vital, que merecen ser conocidos popularmente, difundidos y comprendidos por esa gran parte de la sociedad extramuros de las aulas universitarias. Corresponde, precisamente, a esas aulas el abrirse, compartir y explicar la importancia y la trascendencia de la obra de Nebrija. Ojalá en el año 2022, los actos por el centenario quinto de su muerte no se limiten a cerrados cónclaves de eruditos y especialistas, ni a las repetidas apropiaciones académicas y saraos de especialistas, sino que traspasen los muros de la rigidez, salgan a la calle sus propuestas, hablen con la gente sus libros y se tornen las celebraciones de su obra ventanas abiertas a su pensamiento, voces que lo reclamen y lo repitan, mil lugares que lo ensalcen y lo abracen, superando los tópicos, anulando las apropiaciones y entregando a todos el conocimiento de una personalidad, una obra y un nombre: Antonio de Nebrija.

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