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Dos sí discuten aunque uno no quiera
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Dos sí discuten aunque uno no quiera

OPINIóN
Actualizado 09/11/2021
Francisco Delgado

Dos sí discuten aunque uno no quiera | Imagen 1

El refrán español "dos no discuten si uno no quiere" es una ingenua sentencia que parece querer repartir responsabilidades en los innumerables casos en los que un agresor maltrata a un agredido. Es similar a la frase "algo habrá hecho?", referida al inocente agredido por el culpable.

Este refrán, que como la gran mayoría de los refranes son pilares ancestrales de juicios populares ante situaciones complejas, no pertenece al pasado, sino que es de "rabiosa" (permítanme el chocante adjetivo) actualidad. Sigue ocupando gran parte de nuestra vida pública y una parte de la privada. El dibujo de Goya "Duelo a garrotazos" muestra una de las caras de nuestra sociedad; el "duelo a garrotazos" tiene una significación realista (las guerras, las peleas, los enfrentamientos físicos) y una significación metafórica: un modo de comunicarse que se caracteriza por el enfrentamiento y el rechazo al interlocutor.

El refrán "Dos no discuten?" revela por parte del que lo afirma mala fe; en una pelea siempre hay una tendencia a identificarse con el agresor, que suele ser el más poderoso. Recuerdo las palabras de un "progre", unos días antes de comenzar la guerra contra Irak, decir a los que estábamos alrededor: "¡Ya era hora de que España se aliara con un vencedor! ¡Siempre nos aliamos con los vencidos!"

Es el mismo juicio de los que se ponen sistemáticamente al lado de los maltratadores o violadores, de los que pegan a un niño, de los varones que terminan la discusión con su pareja agrediéndola o matándola. Es el mismo mecanismo mental de los que responsabilizan del eventual desorden o falta de respeto en el Congreso de los Diputados a los que toman la palabra o se quejan, después de haber sido insultados por algún diputado. "Todos los políticos son iguales", repite la gente que no es capaz de analizar una situación compleja.

El vencido, el agredido, la víctima, por muy pasivo que se muestre en su respuesta, posee una parte que siempre rechazará al agresor; y ese rechazo siempre tenderá a ser expresado. La mujer agredida física o moralmente por su pareja, siempre responderá con algún acto (una frase, una queja, una denuncia?) al agresor. Son estas numerosas parejas las que nos demuestran que "dos sí discuten, aunque uno no quiera"; seguramente la mujer maltratada percibe con claridad cómo su pareja desea y necesita que ella le responda con agresividad; y seguramente ella percibe, al mismo tiempo, que esa es la trampa decisiva que el agresor necesita para "justificarse".

La huida física del agresor será la única salvación posible para la víctima, al menos momentánea. Dos sí discuten aunque uno no quiera discutir: no querer discutir es el modo de darse cuenta de que la batalla contra el agresor está perdida, pues el objeto de la discusión no está hecho de razones o de amor al otro, sino de impulsos destructivos y autodestructivos.

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