La charla con Manuel Lovato en 'La Cofradía' me había dejado preocupado. Percibí a un presidente metido en su castillo de cristal, absolutamente de espaldas a su afición. Nada bueno puede resultar de la ruptura entre un club y sus hinchas; nada positivo se extrae de tan grave desafección de doble vía.
En el cóctel de Lovato se agitan la decepción, la desconfianza, la impotencia, el orgullo y el rencor. Consciente de su poder, canalizó el despecho en un duro castigo a su afición: de ahí proceden el límite de la campaña de abonados y los precios prohibitivos para ver al equipo en el Helmántico.
Al día siguiente, en pleno Sporting-Almería, cuando en Salamanca parecía no haber retorno, me llega una notificación al móvil: "el Salamanca regala un abono a cada uno de sus abonados". Y regresa la esperanza.
Una campaña que abre un horizonte distinto. Una mano tendida, un nuevo comienzo, un 'volvamos a intentarlo'.
Es la manera que tiene el mexicano de volver a acercarse a los suyos, de plantear un nuevo proyecto común, de hacer renacer ese espíritu de San Lázaro que reconocía haber perdido en 'La Cofradía'.
Vuelve a enamorarte del Salamanca, Manuel Lovato. Una ronda más.