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Daniel Martín Anaya: ?Lucy es más que una compañera, le tengo mucho cariño?

Daniel Martín Anaya: ?Lucy es más que una compañera, le tengo mucho cariño?

LOCAL
Actualizado 24/10/2021
Vanesa Martins

Daniel y Lucy, su perra guía, llevan dos años juntos y comparten el día a día desde que fue a buscarla a EE.UU.

Daniel Martín Anaya y Lucy llevan juntos dos años, desde octubre de 2019, cuando él cogió un avión hacia EE.UU. y fue a buscarla. Daniel es invidente y conocido ya a nivel mundial, entre otros títulos, por ser Campeón Europeo de Tiro con Arco Adaptado el pasado mes de julio. Hace unos años solicitó un perro guía a la Fundación ONCE para que le acompañara, y como su propio nombre indica, le sirviera de guía en el día a día. El proceso fue "muy muy difícil", explica. "Pasaron casi dos años desde que lo solicité hasta que me lo concedieron, es un proceso complejo, tuve que enviar diferentes formularios, vídeos para mostrar cómo era mi nivel de movilidad por el barrio, sobre cómo era mi casa, el parque donde paseo, informes psicológicos de que voy a tratar bien al perro y que le voy a cuidar, un proceso muy largo", cuenta mientras paseamos por su barrio.

Después de todos los trámites y de la aprobación por parte de la Fundación, viajó a EE.UU. La Fundación ONCE del Perro Guía tiene un convenio de colaboración con una Escuela del estado de Míchigan. "Decidí ir allí porque en Madrid tardaban más". Antes de viajar a EE.UU. pasó unos días en Boadilla del Monte, con la ONCE para conocer al resto de personas que viajaban, como Daniel, en busca de un perro guía. "Ir a por él fue una experiencia muy chula, fuimos cuatro personas y una traductora. Fue una experiencia casi tan buena como los campeonatos", añade.

El perro guía antes de ser entregado a una persona también pasa un periodo de aprendizaje. "Un perro guía desde que nace hasta que se lo entregan a un usuario vive con una familia que lo tiene adopción y lo lleva a todas partes, unos 7 o 8 meses, para que se acostumbre a los ruidos y a la vida de las personas". Cuando termina ese periodo, vuelve a la asociación y allí le enseñan más intensivamente, por ejemplo, a cómo identificar escaleras o a esquivar obstáculos.

"Cuando llegas a la escuela en EE.UU. pasas unos días haciendo diferentes recorridos y pruebas en solitario. La movilidad es muy importante. Unos días después te entregan el perro que mejor se adapte a la persona, que en mi caso fue Lucy, y ahí comienza la relación entre una persona invidente y su perro guía", cuenta Daniel. Un perro guía normalmente está con una persona hasta que tiene 10 años, a partir de entonces el perro comienza a perder la destreza que necesita para guiar a la persona. En ese momento, el usuario decide si devuelve al perro a la Fundación o si se lo queda como mascota. "Es un compañero y le acabas cogiendo cariño, me acompaña hasta a las competiciones", señala Daniel.

Lucy llegó a casa de Daniel y ahora es una más en la familia. "En mi casa se ha adaptado muy bien y estamos encantados todos, a mi familia le gustan mucho los perros y tenemos otro como mascota también.

Como no podía ser de otro modo, Lucy acompaña a Daniel en su día a día, y eso incluye las competiciones deportivas. "En las competiciones nacionales está en el campo, y no hace ningún ruido". El problema lo tienen en las competiciones internacionales, porque no dejan que los perros de asistencia entren en los campos de tiro con arco. "Estamos luchando porque, por ejemplo, en el pasado mes de julio en la Copa de Europa en República Checa he tenido que buscar una persona voluntaria que se quedara con Lucy fuera del campo de tiro, porque no le dejaban entrar. Es algo que no tiene sentido", concluye.

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