Jueves, 11 de agosto de 2022
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El mundo en un cajón 
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El mundo en un cajón 

OPINIóN
Actualizado 15/10/2021
Mercedes Sánchez

El ritmo de vida que llevamos nos empuja, de forma constante, a reducir y simplificar todas las tareas, por banales que estas sean. Lo que se comenzó a conocer como sociedad del ocio se convierte cada vez más en la de la prisa, por lo que urge ahorrar segundos en la alcancía de nuestro tiempo.

Las nuevas tendencias de decoración y orden están, precisamente, enfocadas a estirar nuestro día a día y a rentabilizar horas y energías. Influenciados por hábitos ancestrales de países orientales, se ponen de moda otras teorías sobre la organización del hogar para lograr en él espacios más operativos y habitables.

Así, se recoge de la cultura japonesa la tradición de realizar una reordenación especial que, habitualmente, se hacía coincidir en fechas previas al año nuevo precisamente para recibirlo absolutamente renovados. De esta forma, al hacer esa limpieza general, se tiraba todo aquello que no se había utilizado, esforzándose en dejar exclusivamente aquellas cosas que sabemos con certeza que usaremos. Esto se lleva a cabo en cada uno de los ámbitos de nuestro domicilio. Da igual si es la cocina, el salón, los dormitorios, el espacio de trabajo, trasteros, garajes, o los lugares que dedicamos a diario a nuestro aseo personal.

Este hecho contribuye a dos aspectos fundamentales: uno de ellos es el orden, otro es tener suficiente espacio. Como consecuencia, se ahorra tiempo que se puede disponer para otras cosas. Y dicen que siguiendo esta filosofía, sobre todo se permite que la energía fluya, favoreciendo que entren novedades y cambios en nuestra vida.

De esta manera se ha ido creando también la idea de minimalismo en todo. Rodearnos de pocas cosas, bien elegidas, evitando todo aquello que es superfluo. Menos es más.

Estos conceptos, cuando están bien desarrollados, nos invitan a la reflexión, porque lo usual es que realmente necesitamos pocas cosas, aunque en la sociedad actual todo invita a consumir y poseer: cuando más de todo, mejor. Y, así, se llenan los espacios de objetos excesivos. Cuando llega el momento de simplificar, es cuando somos por fin conscientes de todo lo que puede salir de nuestra casa, bien sea para tirar, reciclar, donar...

Pero? siempre hay un cajón que guarda un mundo entero dentro de sí. Ese que nos sentimos incapaces de vaciar, y que, si lo hacemos para quitar el polvo e ir revisando, descubrimos miles de objetos. Una llave olvidada de la que ya no sabemos su función. Tarjetas navideñas con deseos expresados con distinta letra según cumplía años la mano que los escribía. Postales enviadas desde distintos lugares del mundo para recordar, precisamente, que se seguía en el recuerdo. Cartas interminables colmadas de abrazos y frases de cariño. Invitaciones de boda que evidencian cómo pasan el tiempo y el amor ó cómo se consolidan. Novedades de personas cuya amistad estrechamos en un recodo de nuestro camino y que sabemos que hoy también nos siguen manteniendo en la memoria a pesar de los años transcurridos, a pesar de los cambios en los dígitos de los teléfonos que antaño nos conectaban como cordones umbilicales. Aquellos sobres que enviaban familiares que encontramos una vez, puro azar, en las escaleras mecánicas de unos grandes almacenes o en la estación de otra ciudad, que fueron a parar a buzones que se abrieron llenos de esperanza, y con los que se compartieron noticias y alegrías hasta que el tiempo amarilleó y desgastó de nuevo los teléfonos fijos guardados en las agendas y cuyos traslados de domicilio borraron las direcciones sin dejar miguitas de pan por las que seguir las pistas de su camino?

Las casas ordenadas, minimalistas, ahorran espacio, dedicación, y sobre todo tiempo para poder saborear el mundo en un cajón, para vivir toda la vida que cabe en una vida.

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